La Utopía en el Hogar (4)

La Utopía en el Hogar (4)

La entrega anterior hizo un llamado casi de angustia para los agoreros de la catástrofe, los falsarios de los acontecimientos y en especial a los depedadores (sic); -para aquellos que aún no se familiarizan con este último término inventado por el escritero que humildemente se dirige a los lectores que tengan a bien escrutar estas líneas, se refiere a aquella multitud oculta en el anonimato o en la comodidad de sus hogares a estar en desacuerdo con todo, en especial contra lo que aporte algún sentido o fórmulas eficientes que permitan sacar al buey de la barranca en que la sociedad se encuentra perdida. En palabras vulgares, se refiere a todos aquellos que se la pasan reprobando cualquier propuesta que dignifique a nuestra sociedad y por regla general sin fundamentos. La tirada es hacerla de jamón sin huevos (o de pedo, para usar esta alegoría descriptiva propia de la picardía mexicana), sobre todo a lo que opinen los que saben o al menos le hacen la lucha para arrojar luz al caos que hoy día arrastra a todos.

El más reciente sofocón es el que se aventó un conocido conductor de un noticiero de cierta televisora, antes paraestatal, que se volvió privada en aquellos años en que esa aberración llamada neoliberalismo saltó a la escena y en forma por demás inexplicable cayó en manos de cierto personaje de cuyo nombre no hay ni que acordarse, gracias a los malos oficios y manejo faccioso de otro nefasto personaje que en aquellos tiempos usurpaba la presidencia de la nación y de los bienes del país, ganados a sangre y fuego por un movimiento autodestructivo que en su momento se dio por llamar la Revolución Mexicana. Ahora, desde un sistema televisivo privado, se avienta la puntada de tratar de contradecir, sin fundamento alguno, todos los esfuerzos que realiza el equipo de gentes de conocimiento que está bien enterado, o en su defecto, al menos han estudiado los fenómenos que ahora azotan a la humanidad.

Esta circunstancia arroja luz a una situación que desde hace poco más de cuatro décadas se viene presentando en la vida cotidiana de la nación. Los argumentos constructivos se fueron perdiendo en la ignominia de la ignorancia y aquellos que se encargaron de ser los verdugos del conocimiento se autoerigieron en la voz de la supuesta sabiduría a partir de su supina y galopante ignorancia. Para no ir más lejos, en los últimos tres sexenios, se perdió totalmente la discusión civilizada entre los sectores que hacían política a partir de perogrulladas que por regla general terminaban en la descalificación fulminante de sus adversarios. Se olvidó la búsqueda del conocimiento y las instituciones erigidas para tal efecto se transformaron en botín político.

Entonces, todos los argumentos que tenían que ver con la búsqueda del discernimiento se transformaron en retahílas de dimes y diretes que cosechan lo que hoy padecemos: la descalificación permanente y las cascadas de información falsa que encuentran terreno fértil en una población que hace de la ignorancia el pan de cada día. Si se le da un poco de credibilidad a lo que aquí se expresa, se puede entender por qué el país está al garete. Los que detentaron el poder por más de ochenta años, reclutaban sus cuadros entre lo más perverso e ignorante de la sociedad y sus opositores nunca se preocuparon por prepararse para la eventualidad de que algún día la historia les daría la oportunidad de ejercer el poder. Si bien es cierto que el presidente cuenta con un selecto equipo de colaboradores, los que fueron forjados en la escena de la lucha política, se quedaron en la simple categoría de grillos. El país necesita reinventarse y el presidente pronto estará rodeado de “fuego amigo” de aquellos que solo quieren seguir cercanos al presupuesto, que son muchos, y que por desgracia, como el dinosauro de Monterroso, aún están ahí.

La ventaja es que hay buenos ejemplos que vale la pena imitar y se espera que sean el parteaguas para, entonces sí, aspirar a una Primavera Mexicana que en algún momento se llegó a creer que nunca llegaría. Es el momento de darle fundamento a los diversos discursos que hoy día, por regla general, enlodan la vida pública o, como en el caso de aquellos que no quieren perder sus privilegios derraman excremento en el fanal. Esto sólo se podrá contrarrestar recuperando el modelo educativo nacional y a hacerse de una buena vez a la idea de que solo con armonía se puede sacar adelante esta nave encallada llamada México.

Por lo demás, habrá que practicar esta tendencia con el amor a la familia y al cultivo de políticas que tengan que ver con el respeto al prójimo. La pandemia, a fin de cuentas, comienza, dentro de su virulencia, a arrojar frutos positivos, al menos, para la Madre Naturaleza. ■

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