En un principio no pensé que el Coronavirus fuera a afectar tanto en Nueva York: migrante zacatecano

En un principio no pensé que el Coronavirus fuera a afectar tanto en Nueva York: migrante zacatecano
Erick Ramírez Sandoval, un zacatecano nacido en Apozol hace 34 años, trabaja y vive desde hace casi dos décadas en Nueva York ■ foto: cortesía

■ Narra desde la Gran Manzana cómo enfrenta la pandemia

■ “Hay veces que nosotros como mexicanos tomamos las cosas muy a la ligera o pensamos que nunca nos va a pasar hasta que nos llega la desgracia a la casa”: Erick Ramírez

■ Es empleado de la compañía de electricidad y gas y no ha suspendido labores, por ser actividad esencial

 

“No sé cómo estará esto del Coronavirus en México, pero lo único que yo le puedo decir, que en un principio yo pensé que era, no un juego, pero no lo tomé como que nos fuera a afectar tanto. Yo les decía a mis compañeros del trabajo, les decía de las noticias de que en España, Italia y China pasaba y cuando apareció el primer caso aquí, dije: hay un caso entre 8 millones de personas, no pasa nada. Y de un caso a dos, a 100, a 2 mil, 5 mil, 10 mil y ahora va arriba de 100 mil y la ciudad está paralizada por esto”.

“Hay veces que nosotros como mexicanos tomamos las cosas muy a la ligera o pensamos que nunca nos va a pasar hasta que nos llega la desgracia a la casa, pero nosotros que lo estamos viviendo aquí más de cerca, le puedo decir que sí es una situación muy grave y hay que cuidarnos porque, pues está canijo”.

Quien habla es Erick Ramírez Sandoval, un zacatecano nacido en el municipio de Apozol hace 34 años, que trabaja y vive desde hace casi dos décadas en Nueva York, el estado más afectado de la Unión Americana por la contingencia, que se ha convertido incluso en el epicentro mundial de la pandemia del Coronavirus Covid-19 con más de 200 mil casos confirmados y más de 10 mil defunciones a causa del SARS COV2, que ha paralizado la gran ciudad regalando postales como las acostumbradas por la industria cinematográfica del vecino país.

“Gracias a Dios yo sigo trabajando, pero sí está un poco crítica la cosa por aquí”, me responde Erick en una llamada telefónica que une a dos zacatecanos desconocidos que enfrentan la pandemia de manera distinta, y es que él no puede parar de trabajar porque su labor es esencial, pues es empleado de la compañía de electricidad y gas en Nueva York y una gran parte del día la dedica a hacer excavaciones por varios puntos de la ciudad para conectar tuberías.

“Está un poco complicada la cosa. Andamos trabajando con máscaras y pues el distanciamiento social que uno debe de guardar para no enfermarnos y poder seguir trabajando, pues lamentablemente los gringos no esperan aquí. Uno tiene que seguir echándole ganas”. Y es que la compañía para la que trabaja el migrante zacatecano es también esencial, porque ante la concentración de gente en casa y la temporada, es necesario continuar con la conexión de nuevas líneas de electricidad porque puede haber apagones.

Erick llegó a Nueva York hace 19 años. Antes de pertenecer a la compañía de electricidad y gas, como muchos mexicanos en Estados Unidos comenzó por la jardinería, cortando pasto y plantando árboles, trabajo al que le dedicó sus primeros seis años allá. Sin embargo, desde 2007 labora en la empresa actual, tiene sus documentos migratorios en orden y la fortuna de contar con un seguro médico que le cubriría todos los gastos en caso de un posible contagio, pues algunos de sus compañeros sí han enfermado, pero no de gravedad.

Nació en un rancho perteneciente al municipio de Apozol, en Zacatecas, y desde la adolescencia el mapa de Estados Unidos estuvo en su cabeza. Su padre, me cuenta, viajaba por temporadas a la Unión Americana desde 1981 y regresaba al sur zacatecano para atender sus tierras, su ganado y su huerto de guayabos, donde se dedicaban a la pizca de la fruta para venderla a compradores de Guadalajara. Sin embargo, una helada en 1995 provocó que se murieran todos los árboles del fruto, terminando así con la ayuda y el modo de subsistencia más importante de la familia, por lo que se tomó la decisión de migrar hacia el norte.

“Yo miraba que la gente de mi rancho se venía para Estados Unidos. Es como una curiosidad, una tentación, que uno quiere irse. Y cuando uno está acá dice que nomás será un tiempo, pero ya estando aquí uno empieza a echar raíces, a hacer amigos. Empiezas a sentirte, no como de aquí, pero con el tiempo el mismo lugar y la gente hacen que se vaya quedando uno”.

Erick vive actualmente a 18 millas, es decir a casi 30 kilómetros, de la ciudad de Nueva York. Reside en la casa de sus padres, que es propia, y la comparte además con sus dos hermanas, dos hermanos y uno de sus tíos. Llevan 19 años allá y a excepción de su núcleo, no conoce a más zacatecanos en el lugar. “Es raro mirar gente de Zacatecas por aquí. Hay más de Michoacán, Jalisco y Puebla”, dice.

La realidad por la pandemia del Covid-19 vino a vulnerar aún más la situación de los migrantes mexicanos residentes en Estados Unidos, ya que si no cuentan con documentos y un trabajo formal, significa que no tienen acceso a seguridad médica, siendo solamente el sistema de emergencias quien los pudiera atender, pero en estos momentos se encuentra saturado. Y es que pagar por un servicio de atención, de acuerdo con el periodista Benjamin Norton, es muy difícil, pues si es por Covid-19 el costo oscila entre los 42 mil y 74 mil dólares.

Afortunadamente Erick tiene seguro médico por parte de su trabajo, pero sí conoce de casos de mexicanos que han muerto ya por la enfermedad. “Cuando yo llegué a este país, el primer trabajo que yo tuve fue de lavaplatos en un restaurante, pero solamente fue un día, al segundo ya no fui porque no me gustó. El señor era de Atlixco, Puebla y el sábado me acaba de decir mi tío que murió a causa del Coronavirus, y dicen que su hijo está muy grave en el hospital, pues lo tenían intubado. Pero de lo que sí estoy seguro es que mi primer patrón se murió a causa del Coronavirus. Ya era un señor mayor, como entre 70 y 75 años”.

Erick trabaja de 7 de la mañana a las 3:30 de la tarde. Terminando su jornada regresa a casa puesto que no se puede andar en la calle donde, además, está todo cerrado. Siempre toma las precauciones necesarias para no enfermarse, dice. Al llegar a su casa, se quita los zapatos en la entrada, la ropa la coloca en una bolsa y directamente la lleva a la lavadora porque es como le han recomendado, ya que si se toca un lugar infectado puede llevar el virus a casa y es altamente contagioso.

¿Te ha dado miedo? le pregunto, finalmente. “Me ha dado poquito miedo. Para ser sincero no tanto. Más bien por mis padres porque, no están tan mayores, pero como dicen que afecta más a la gente mayor. Más bien el temor de uno es ir a trabajar y cuando se regresa a la casa, no es por mí, sino por el de contagiarlos a ellos. Pero en lo personal, sí he visto las cosas un poco difíciles tanto en salud como en situación económica, porque si no se arregla pronto, afectará a mucha gente que tiene que pagar renta, carro, teléfono, tarjetas y que si dura un mes o dos meses sin trabajar, la cosa se puede poner difícil”.

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