Las hipótesis sobre la muerte histórica de Jesús

Las hipótesis sobre la muerte histórica de Jesús

Hemos repetido la versión tradicional sobre la muerte de Jesús que nos dan algunos pasajes construidos en la época del inicio de separación de los seguidores de Jesús del conjunto del judaísmo. Hay dos eventos históricos muy relevantes que deben servirnos de guías de discernimiento: (1) la guerra judía del 70 dC y la aplastante masare del 135 dC, donde Roma expulsa a los judíos de la palestina. Muchos de los textos del evangelio están escritos en ese periodo. Y (2) el hecho de que las comunidades paulinas adscritas al judaísmo por vía de las ‘sinagogas cristianas’ vivían fuera de palestina: el origen griego de la mayoría de ellos les generaba una voluntad de separación del pueblo original de Jesús. Así las cosas, aparecen pasajes que culpan a los judíos y exculpan a Roma de la muerte de Jesús. Pues bien, el asunto que debemos tener claro es que lo que se narra entre el 90 y 110 dC, no es lo que históricamente ocurrió en el 35-40 dC. Por ejemplo, la controversia contra los fariseos en el propio Jesús simplemente no tiene sentido: sus ideas centrales son de origen fariseo. Pero en el momento que redactan aquello de los ‘sepulcros blanqueados’ estaba en auge la contradicción entre ambos grupos porque las comunidades nazarenas ya divinizaban cada vez más a Jesús.

Culpar a los judíos de la muerte de Jesús, históricamente, no tiene sentido. Narra el evangelio que Pilato, ‘atendiendo a una tradición’, les dio a escoger a la masa congregada en la plaza entre Jesús y Barrabás. Ni dicha tradición existe ni existió nunca, y es impensable que un procurador romano base su decisión judicial en la voluntad del pueblo conquistado. Y ante las noticias de las formas políticas propias de Pilato, más sorprende la versión: era conocido por su crueldad y por matar a los rebeldes a la mínima provocación. Es decir, ningún procurador romano lo haría, pero menos aun Pilato. Pero lo más importante es la base del relato, la tradición a que apela no tiene existencia histórica alguna. La otra base narrativa es la reunión nocturna del Sanedrín, en plenas pascuas, para juzgar a un miembro del pueblo judío y condenarlo a muerte. Esto tampoco es verosímil. En las fiestas de pascuas no se mata a nadie ni se juzga tampoco a nadie. Y menos se reúnen en la madrugada como ladrones para establecer un juicio. En todo caso, si hay algunos hombres cometiendo faltas graves, los toman presos y los dejan ahí para arreglar cuentas pasando las pascuas. Si a Jesús ya lo tenían preso, ¿para qué apresurar su juicio y violar todos sus preceptos jurídico-religiosos y matarlo en pascua, y no esperar unos pocos días para hacerlo? Por último, la acusación tampoco tiene verosimilitud histórica: lo acusan de blasfemia ‘por proclamarse hijo de dios’. Entre los judíos del siglo primero decirse ‘hijo de dios’ no es ninguna blasfemia porque no es equivalente a ‘ser dios’. Hijos de dios son sacerdotes, reyes, profetas, etcétera. Para muchos judíos Jesús era un profeta, lo cual era normal que le dijeran ‘hijo de dios’. Entre cristianos que entran al siglo segundo, que identifican ‘hijo de dios’ a ‘ser dios’, les parecía un motivo de blasfemia.

¿Qué explica entonces la muerte cruel y despiadada que sufrió Jesús? Una cosa que está muy clara y con fundamento histórico es que murió en manos de Roma y lo hizo por la acusación de sedición. Pero la cosa es explicar cómo ocurrió tal cosa.

Pues bien, Jesús pertenece a (conforma) un grupo apocalíptico que predica la teología de la restauración: el fin de los tiempos es precedido por la restauración de todo el pueblo de Israel, es decir, por el regreso de las 12 tribus originarias, que se perdieron luego de la invasión Asiria hacia unos siete siglos atrás. La liberación de Israel del yugo extranjero, en este caso romano, es una labor que haría Dios mismo. Cuando Jesús dijo “dar al Cesar (…) y a Dios lo que es de Dios”, estaba diciendo que Israel pertenece a Dios y no a Roma. La Liberación de Roma es un acto no meramente político, sino religioso: Israel regresa a las manos de Yahvé. Pero la liberación estará a cargo del propio Yahvé en el llamado ‘día del señor’. Hay un conjunto de textos proféticos y apocalípticos que hablan del día del señor. Uno de ellos es el de Ezequiel. Existía la idea que el día del señor iniciaba fuera de la ciudad y entraba a ella arrasando y conquistando su ciudad y templo. Los muertos enterrados en las afueras de Jerusalén saldrían de sus tumbas resucitados.

Pues bien, lo que probablemente ocurrió es que Jesús tuvo una cena de despedida con sus amigos una noche antes al día del señor (no así cena pascual), luego se fue a las afueras de la ciudad, a Getsemaní, a esperar la venida de Yahvé. Se congregaba gente con él esperando el evento definitivo, que para Roma (evidentemente) se trataba de una acción de rebelión contra la ocupación. Esto es, un acto de sedición. Fueron avisados del evento que se esperaba y llegaron a apresar a los cabecillas del grupo. En ese momento es cuando fue apresado Jesús, junto con algunos otros. Fueron llevados ante el procurador y sentenciados a muerte por la sedición promovida. Y en la Cruz, Jesús pronunció aquellas terribles palabras (que aparecen en arameo en el texto): “Padre, ¿por qué me has abandonado?”; porque Yahvé no apareció.

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