La prioridad de los pobres: de la teología a la ética pública

La prioridad de los pobres: de la teología a la ética pública

El llamado de uno de los líderes religiosos más influyentes del mundo en torno a dar prioridad a los pobres, tiene varias consecuencias y significados muy relevantes. Uno de ellos: la incidencia sobre la ética pública, critica dos valores que regulan las acciones de los ciudadanos y del propio Estado: el individualismo posesivo y la meritocracia. El primero afirma una actitud donde el inicio y el final de los comportamientos es la maximización del propio placer o ventaja, a costa de otros si es preciso; a eso le han llamado “acción racional”, y es la base del utilitarismo que regula toda la economía liberal clásica y la neoliberal. Por el contrario, el mensaje del papa Francisco llama a caer en la cuenta, que los hombres somos una comunidad donde todos dependemos de todos y el otro es una responsabilidad mía. La traducción de las verdades teológicas en ética púbica es de lo más relevante. Cuando Dios le pregunta a Caín “¿dónde está tu hermano?” lo está haciendo responsable por él; en ética pública es la conciencia de que la sociedad es una colectividad donde nos pertenecemos mutuamente, y por ello, el otro es parte de lo que yo mismo soy.

La meritocracia es creer que alguien tiene derecho a algo sólo por algún mérito personal. Remite a la idea de justicia como retribución: se le debe dar parte del fruto de la riqueza colectiva sólo a aquellos que lo merecen según su ‘mérito’. En cambio, el mensaje de Francisco afirma que la prioridad del pobre es valiosa por sí y justa, no porque lo pobres sean buenos, o sabios, o trabajadores, o por algún mérito, sino porque son pobres y lo necesitan. La ética originaria del cristianismo rompe de raíz la lógica de la retribución: hay que priorizar al pobre porque lo necesita, no porque lo merezca. Así las cosas, en Hechos de los Apóstoles (del texto bíblico) aparece el criterio para la distribución de los bienes en las comunidades cristianas originarias: “a cada quien según sus necesidades, de cada quien según sus capacidades”. Esto es: ‘das según tus capacidades y recibes de acuerdo a tus necesidades’. El criterio de justica rompe aquello que el cristianismo original cree es el origen del mal: la lógica de la retribución. Si se incide en la idea de la justicia, se genera influencia en la raíz misma de aquello que funda al propio Estado: los criterios de distribución de los recursos públicos. De ese tamaño es la importancia de saber traducir formas teológicas en ética pública.

Por lo demás, significa la desmarcación de la iglesia de la cristiandad conservadora. Esta última centra o reduce la vida religiosa a creencias, dogmas, doctrinas, ritos, y vida alrededor del templo. Por eso su preocupación esencial es la ‘ortodoxia’ (creencias correctas). En cambio, la iglesia que implica el mensaje de Francisco es que no es tan importante la ortodoxia, sino la ‘ortopráxis’: lo que hagas, independientemente de lo que creas. Recordando aquel pasaje donde Jesús dijo que eran bienaventurados ‘los que dieron de comer al hambriento, vestir al desnudo…”. Nunca dijo, ‘los que creyeran tales cosas o siguieran tales ritos’. En suma, la significación de un tuit puede ser mayor de lo que creemos y más amplia que nuestros pequeños criterios que piden laicidad donde no está ese problema. En una palabra: volver a los orígenes nos lleva a buen destino.

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