Entre el honor de la ética periodista y el vendedor de voyerismo perturbado

Entre el honor de la ética periodista y el vendedor de voyerismo perturbado

Existen pequeños detalles que resultan muy reveladores: cuando alguien cae al piso, se levanta rápido con el dolor encima e intenta simular dicho dolor con tal de evitar la mirada ajena o una risa sarcástica. ¿Por qué se hace eso? Porque la mirada tiene un poder: conforma el acontecimiento. Lo que la persona que cae quiere evitar es convertirse en objeto de burla. Una mano señalando la caída convierte ese hecho doloroso en un circo para los otros. La mirada constituye el reconocimiento. Es tal el poder de la mirada que le da forma a nuestra personalidad. Y las prisiones se edifican como un panóptico: la vigilancia inaugura un poder sobre cada uno de los presos; y la sociedad panóptica crea un poder que logra internalizar al vigilante.

Los medios de comunicación son ventanas para mirar al mundo: controlan y dan intención a la forma de ver la realidad. La forma es contenido: una marcha puede exhibirse como un desfile delirante o como una acción épica, todo depende de la manera de presentarlo o el tipo de mirada que induce. La intención construye reacciones primarias: aversión, asco, odio, filia, simpatía o atracción. Los contenidos pueden ser muy elaborados, pero la forma siempre llama a sentimientos primarios.

Hace tiempo circulaban revistas del morbo perverso (¿recuerdan la Alarma?): en cada página, el color de la sangre atraía las perturbaciones oscuras que hacían de las (supuestas) víctimas objeto de mórbidos sentidos internos. El objeto tenía un objetivo: cierto placer regordete por el dolor ajeno. Voyerismo del dolor. Cuando los monarcas medievales condenaban al suplicio a algún condenado, las masas se arremolinaban para ver al torturado emitir alaridos y ver caer sus carnes y, al final, sus cabezas. ¿Les empujaba un sentido de justicia ir a presenciar el dolor ejemplar de la víctima del cadalso? Obvia y claramente No. ¿Por qué hay placer al contemplar el dolor de otros? Es una de las facetas oscuras del alma humana.

Así las cosas, ¿es justo exponer a las víctimas de alguna desventura a la mirada mórbida de las masas voyeristas? En lo absoluto. Eso es una doble victimización. Y la segunda de éstas, la realizan los medios de comunicación carentes de ética profesional mínima, que convocan a las masas babeantes. Son actos de comunicación que disfrazan a las masas de público o audiencia. Una nota del tipo siempre tendrá amontonadas visitas, pero nunca podrán ser audiencias. Oscuros impulsos primarios dirigen la mirada de la gente a esas notas. Como la ‘Alarma’, revista recordada arriba: vendía miles de ejemplares de basura periodística. Lo mismo que ‘periodistas’ digitales locales y algunos medios impresos del color de la sangre. En sentido literal son hijos de la “Alarma”. El periodismo ético, cuida a las víctimas y evita revictimizarlas. El compromiso con la dignidad de las personas a veces no vende, pero es lo correcto. Es la navaja que discierne al periodista verdadero del vulgar vendedor de notas: el honor de la ética.

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