Las tareas de Morena en la democratización plena de México

Las tareas de Morena en la democratización plena de México

Partimos de un hecho muy lamentable: el sistema de partidos sufre de una profunda crisis que es a la vez causa y efecto de una muy limitada capacidad de la sociedad para construir ciudadanía. Por ello, los integrantes y dirigentes de Morena deben asumir con mucha responsabilidad el reto de educar a sus integrantes en la democrácia, promoviendo sus valores, el respeto de los derechos humanos, la práctica de la tolerancia y el derecho al disenso, así como también la de capacitarlos en los principios ideológicos del partido y difundir éstos entre los ciudadanos. Los procesos de elección de dirigentes y candidatos deben ser los mejores instrumentos para enfrentar ese reto. En consecuencia, ningun metodo de imposición debe tener lugar en el partido.

Morena debe comprometerse con el respeto a la libertad de los mexicanos para ejercer sus derechos políticos en el partido político de su preferencia y, por ello, debe promover las reformas legales necesarias para que la autoridad electoral lo garantice, de manera que sea la voluntad libre e individual de los electores la materia prima de los padrones de integrantes de cada partido político. La integración de tales padrones no debe estár en manos de ninguna cúpula partidaria ni, mucho menos, de alguna facción. La definición de todas las candidaturas a puestos de elección popular, de todos los partidos, debe ocurrir en un mismo día, mediante elecciones primarias organizadas por la autoridad electoral.

El debate interno de Morena debe resolver lo más pronto posible uno de los elementos que hoy causan mayor confusión: la indefinición sobre los intereses que se propone representar. Aunque esa indefinición afecta a todo el sistema de partidos, Morena no puede permanecer mucho más tiempo en la indefinición sobre ese elemento clave para consolidar su identidad como partido político. Debe alejarse concientemente de la fuerte tendencia a configurarse básicamente como un partido centrista. Y, por último, Morena debe tener siempre presente que tanto su vida interna como sus posiciones en el debáte nacional pueden ser un poderoso factor para legitimar el nuevo régimen político de la cuarta transformación que impusa AMLO. Por ello es muy grande la responsabilidad de quienes están al frente de las instancias de dirección, de encontrar una salida al actual empantanamiento en la vida partidaria e iniciar de inmediato el proceso que desemboque en la elección democrática de sus dirigentes a todos los niveles.

Quienes aspiren a ser dirigentes de Morena no pueden soslayar que AMLO y cientos de sus integrantes ya encabezan el Gobierno Federal, varios gobiernos estatales y un número importante de municipios, y por ello deben atender con urgencia a la formación de miles de personas para que sean capaces de atender con solvencia las funciones institucionales de todo partido: el reclutamiento y selección de élites, la organización de las elecciones y la formación y composición de los principales órganos del Estado. Son funciones indispensables para la integración de los órganos del Estado y, por tanto, para la existencia de la organización estatal y del Estado de Derecho. El reclutamiento y la selección de gobernantes, obedece a la necesidad que tiene cualquier sociedad de contar con un grupo dirigente que se encargue de la administración de los asuntos comunes, y en el México de hoy los partidos constituyen las principales vías para reclutar al personal gobernante; son ellos quienes hoy escogen a los miembros de ese personal e impulsan sus carreras políticas sin criterios analizados y compartidos, por lo que una de las consecuencias más nefastas es la fuerte tendencia al funcionamiento faccioso.

Los dirigentes de Morena no deben soslayar el hecho de que aunque exista una pluralidad de voces políticas en el sistema de medios de comunicación, no significa que este sea racional y que la información sea de calidad. La participación del ciudadano es fundamental en la consolidación de la democracia. Si los partidos políticos no influyen positivamente en la agenda mediática cotidiana y en los procesos electorales, difícilmente los ciudadanos percibirán un adecuado uso de la libertad de expresión y se verán desmotivados para discutir sobre la racionalidad de su voto. La generación de una empatía pública debe ser motor primordial de la comunicación política en México.

Promover la discusión racional de las ideas, expresadas primordialmente en los tiempos electorales, es una estrategia que puede desembocar en un verdadero debate deliberativo, el cual confronta ideas a través de la evaluación que se hace de las plataformas electorales de los partidos políticos. En este sentido, la propaganda electoral debe incentivar el interés ciudadano por la participación, no inhibirla mediante mensajes negativos y de calumnia que poco aportan al interés público. Sin embargo, tampoco se trata de prohibir —política o jurídicamente— la descalificación al adversario. De entrada, una sociedad democrática requiere la crítica y el disenso para elegir la mejor opción. Se trata de que los mensajes propagandísticos se constituyan como fuentes de educación cívica, que capaciten a los ciudadanos para la toma de decisiones correctas, razonadas, bien fundamentadas y, sobre todo, lejos de intereses privados o de factores reales de poder. La discusión como medio de expresión ciudadana sólo podrá motivarse con el trabajo integral de partidos políticos y medios de comunicación. Lograrlo es una responsabilidad de todos, especialmente de Morena.

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