Reconstruir o innovar la práctica docente (tercera y última parte)

Reconstruir o innovar la práctica docente (tercera y última parte)

La función de la educación es
enseñar a pensar intensa y
críticamente, formar inteligencia
y carácter –esa es la meta de la
verdadera educación-.
Martin Luther King.

 

Históricamente, el docente de siempre se ha visto en situaciones conflictivas, esto hace que se vea entorpecida su actitud innovadora dado que el propio sistema educativo, en sus planteamientos, lo conduce a que ejerza su función desde una perspectiva meramente empírica y, a lo más que puede aspirar es a reproducir su práctica profesional –ni siquiera a reconstruirla-, difícilmente a innovarla. Tal parece que Comenio (1592-1670), con su obra didáctica magna, sigue presente y latente en el sistema educativo; éste, en su postulado teórico coloca al maestro –instructor- como un sol que ilumina a todos los alumnos, y, lo concibe como el rector de la instrucción de los alumnos. Este tipo de postulados tuvieron aceptación en la época de quien lo escribió y sirven de legado para aquellos maestros que hoy día no desean salir de su zona de confort.

Cada alumno cuenta con su propio esquema conceptual, la estructura de pensamiento en el individuo es única e irrepetible, en consecuencia, la forma de pensar también lo es; cuando el docente ejerce prácticas pedagógicas iguales a desiguales, propicia desigualdades. Con esta lógica, lo que se necesita tanto de docentes como de alumnos sería un pensamiento creativo, algo que no es enseñable pero sí requiere de condiciones adecuadas para que dicho pensamiento se desarrolle; la exigencia para el docente de hoy, es que desarrolle la habilidad para trabajar con los alumnos en ambientes virtuales para que, ambos adopten posturas de discriminación y elección no tan salo para que se adquieran aprendizajes sino para que se construyan conocimientos.

Hasta aquí, puedo deducir que en educación existen dos procesos que deben darse de manera simultánea; el de educar –de formación para la vida- y el de promover aprendizajes disciplinarios –matemáticas, física, química, etc.-, pero jamás el de instruir. Es así como podríamos concebir a un docente promotor de la formación del educando, para que este se ilustre y pueda encontrar la forma de cómo construir conocimiento y educarse a la vez. Podríamos entender que una cosa es educar y otra instruir, y, que los dos procesos deben darse de manera simultánea en la formación del individuo. En el entendido de que, en educación, promover la formación no es sinónimo de formatear, formar es promover un pensamiento crítico, analítico y reflexivo y formatear es imponer e imponerse acciones de sometimiento.

Lo cierto es que el trabajo virtual ha servido para acortar distancias físicas entre el centro educativo y la comunidad donde radican los educandos, con este tipo de tecnología, ¿cuál será hoy día el rol del docente?; ¿de experto?, ¿facilitador?, ¿orientador del aprendizaje? o ¿de educador?; sea cual fuere el rol, la finalidad es que tanto el docente como el alumno hagan investigación y, que ambos diseñen investigaciones prácticas con la intención de que se vinculen con el mundo real. Ser docente implica articular un saber pedagógico con un saber disciplinario, esto significa que, el docente requiere contar con conocimientos auxiliares de la docencia –psicología, antropología, sociología, filosofía, etc.-. Esto se requiere tanto de quien promueve aprendizajes así como de quien aprende, si esto no sucede así, hablaríamos de procesos pedagógicos hostiles e infecundos.

A la fecha, las problemáticas educativas no se han resuelto de raíz, solo ha habido acciones paliativas, ello obedece al desarrollo de prácticas docentes utilitaristas, y, resultado de ello es que, tanto docentes como alumnos no tanto se formen para la vida sino para darle vida –material- a otros. Esto se da puesto que el maestro solo utiliza paquetes didácticos que le diseñan, mismos que lo abruman; de lo que se trata es que al maestro –docente- se le oriente acerca de cómo él puede desarrollar una práctica profesional innovadora; así, la responsabilidad del docente es la de crear condiciones adecuadas a los alumnos para que estos no tan solo se formen, sino que se eduquen.

En conclusión, de siempre, el docente ha jugado un rol de suma importancia no tan solo en el sistema educativo, sino también en el contexto social, de siempre también se le ha endilgado la responsabilidad para que sea el que resuelva los males que la sociedad padece y que, por lo general los provoca el sistema de gobierno; la función sustancial del docente es la de educar, los centros educativos son su contexto, sin embargo, estos no cumplen cabalmente su cometido dado que son más vistos como centros de instrucción. Por lo general, el saber pedagógico del docente no es del todo satisfactorio, este problema lo vemos marcadamente en los niveles medio superior y superior; tal vez, uno de los problemas centrales es que el docente actúa desde una perspectiva reproductora de su práctica, no existe innovación de su parte y, el conocimiento que legitiman es aquel que adquieren a través de sus experiencias, lo que hacen es lo que se les pide….. impartir su clase. Tal vez lo que actualmente se requiere es que el docente se convierta en investigador de su propia práctica, que sea esta la que le indique qué es lo que requiere para que los educandos le encuentren sentido a lo que viven en los centros educativos. ■

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