Redes sociales: libertad y manipulación

Redes sociales: libertad y manipulación

La internet, inventada como efecto de las estrategias preventivas de la guerra fría, crea una forma de comunicación horizontal y sin posibilidades de controles centralizados. A la postre se le tipificó como una forma libertaria de comunicación y acción social. Y ya hemos experimentado usos libertarios de la red: la posibilidad de acceder a contenidos que nos liberan de las dos televisoras monopólicas en México. Contenidos de los más diverso y algunos de ellos de muy alta calidad. Otro ejemplo grato es la movilización de jóvenes a iniciativas políticas de liberación, como el caso del mensaje zapatista, 15 M en España, los indignados y la primavera árabe. Ejemplos, que en grande, demuestran cómo se usan las redes para el progreso y la libertad, y que se reproduce en cientos de ejemplos pequeños a lo largo del mundo.

Sin embargo, la mente perversa no tiene límites: la posibilidad de comunicación horizontal y sin restricciones por un poder centralizado, no significa que no sea susceptible del uso siniestro del poder. El ejemplo más dramático es la actuación de Cambridge Analytica en la elección de Donald Trump. El uso de la información a través de las redes para buscar y conseguir el voto presidencial y, claro está, la manipulación de las masas ‘ciudadanas’ de los Estados Unidos por medio de falsas noticias colocadas estratégicamente. Una empresa de inteligencia digital para hacer triunfal al mal. Algunos de sus miembros, al pasar algunos años, se arrepintieron de sus acciones, sobre todo al ver el efecto real del triunfo de este personaje que los horrorizó. Nunca dimensionaron el efecto real de ese juego que les dejaba cuantioso dinero. La colocación estratégica y creación metódica de noticias falsas, de formas de temor, medias verdades que confundían a los votantes y mensajes que provocaban el manejo de los sentimientos y emociones en ciertas franjas de la población para acrecentar el odio hacia ciertos grupos étnicos y, con eso, llevarlos al fin último: el voto a Trump. Ejemplos como estos se reproducen en otras escalas. El mal también actúa en las redes: ocurrió en Brasil con Bolsonaro, por poner un caso más.

Así las cosas, cuando observamos notas falsas o llamados al odio en la red, preguntamos, ¿es un evento aislado o parte de alguna estrategia de una mente maligna? Conocemos acciones terroristas por parte de personas que fueron inducidas desde la internet. Es un medio excepcional para provocar emociones. Los medios son tan ‘libres’ que es muy difícil manejarlos para prevenir a la población de los usos perversos. No está demás la generación de organismos con acreditada respetabilidad que se dedique a cazar fake news y a informar sobre los mismos a la población. Cada vez son más creativos y convincentes los generadores de este tipo de notas. Es más difícil el caso de los promotores del odio, porque en estos casos no se desmienten noticias, sino se enfrentan sentimientos. El manejo emocional de las redes es un tema que apenas masticamos, para pensar en formas de disminuir los efectos y estrategias perversas de actores moralmente poco potables.

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