El contexto del presupuesto a las universidades

El contexto del presupuesto a las universidades

En el paquete económico se expone una propuesta de gasto basado en un proyecto de ingresos que el Estado piensa obtener de impuestos y aprovechamientos. Y por todos lados está claro que se requiere una profunda reforma hacendaria en México. La disminución en el costo del barril del petróleo, puesto en 47 dólares y la baja producción del mismo; además de la disminución de los recursos que se le pedirán a Pemex para dar oportunidad a la inversión en la misma empresa, pone ante nuestros ojos la imperiosa necesidad de reformar la hacienda pública mexicana. Los legisladores tienen la obligación de señalarle al Ejecutivo que su plan de captación es insuficiente y con ello pone más en riesgo el incremento tanto de la riqueza en general, como del desarrollo. Un bajo crecimiento augura una baja captación impositiva y un pobre desarrollo estanca todas las condiciones para el progreso del país.

Ahora bien, si observamos las nuevas lógicas de la producción y crecimiento económico, tendremos claridad en señalar a la ciencia y la innovación social como el motor económico de cualquier país. Si examinamos a un país extremo como Israel, vemos que es un Estado muy joven (desde 1948 a la fecha), en medio de conflictos bélicos extremos y sin recursos naturales importantes. Con excepción de la zona del lago de galilea, el resto del país es desértico. Así las cosas, debemos preguntarnos, ¿cómo es que no sólo han logrado sobrevivir, sino que se ha colocado como un país de renta media y alta productividad en ciertas áreas de la economía? Y la respuesta está en la planeación e inversión en innovación: dedican 3.2 por ciento de su PIB anual a la investigación, educación superior e innovación social. Este aspecto del manejo del presupuesto ha sido exitoso porque han logrado acuerdos de Estado o estables a través de consensos en las diversas fuerzas políticas que dominan el parlamento. En México estamos lejos de eso: ¿cómo dar prioridad a políticas estables (de Estado), estratégicas y de largo aliento para el desarrollo nacional; y que estas políticas estén basadas en la unificación de conocimiento e innovación social?

Una clase política fragmentada que busca cotos de poder de pequeños grupos o cacicazgos nunca logrará políticas estables. Al interior del partido hegemónico, a estas alturas, las rupturas son evidentes. Y la lógica de acción de los grupos y cacicazgos políticos está centrada en el corto plazo, nunca en proyectos estratégicos. Y la ciencia, con las instituciones que la producen y administran, se cultiva con resultados sí y sólo sí hay planeación estratégica. Como podemos observar, con este panorama no hay buen augurio para las universidades. A menos que en este periodo que va de septiembre a noviembre cambiara el contexto político. Un actor clave para promover la visión estratégica del desarrollo son las propias universidades. Lo cual supone que se articulen y se activen políticamente para lograr sus objetivos. Sin embargo, vemos a las universidades arratonadas y sin liderazgo nacional. Las universidades necesitan contar con mucho más recurso para reformarse, crecer y servir al país. La cuestión es, ¿quién puede liderar una iniciativa de este tipo?

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