A la protesta social no se le reprime o criminaliza: se le conduce

A la protesta social no se le reprime o criminaliza: se le conduce

¿Qué diferencia hay entre la existencia de organizaciones y la de movimientos sociales? Pues la acción de las organizaciones se convierte en ‘movimiento’ cuando tienen dos rasgos: es una acción antagonista y persigue cambiar estructuras sociales. En otras palabras, cuando las organizaciones se mueven para modificar formas de relación social, siempre (y remarcamos) siempre conforman conflictos. Así, todo movimiento social nace y crece en medio de escenarios conflictivos. Y estos últimos son de diverso vigor. Cuando están a punto de institucionalizarse son de baja intensidad; pero cuando crece su poder instituyente, de cambio o potencia creadora de otro orden, suelen ser agresivos, y hasta abiertamente violentos. No todos los movimientos son propositivos, los hay también reactivos e inesperados.

El feminismo ahora mismo se está convirtiendo en movimiento social con alto grado de antagonismo dado que se articula contra una situación social que vulnera la seguridad elemental de un género por motivos de género. Colectivos muy combativos, muchos de ellos se reúnen alrededor de ideologías anarquistas y, por su definición ideológica programan la famosa ‘acción directa’ en las movilizaciones. En ocasiones las acciones anarquistas provocan reacciones de alarma en parte de la población porque choca al sentido de equilibrio que ‘prefiere el diálogo’ a las pintas o lanzadas contra ‘representaciones del Estado’. Pero el movimiento feminista es plural internamente: colectivos académicos o de organizaciones de la sociedad civil dedicados a temas de cuidado de la mujer, la tercera edad, derechos de la infancia o derechos civiles que no tienen nada de anarquista: en muchas ocasiones generan proyectos con el Estado, contribuyen a atender temas de cohesión social o hasta pueden ser de corte religioso.

Con la conciencia de la legitimidad de los reclamos del movimiento feminista, su naturaleza necesariamente conflictiva y su pluralidad, se evita la ceguera o pobreza de mirada que pide la represión de esos movimientos. La petición de represión es en nombre ‘del orden social’. Y como podemos observar, es absurdo pedir orden social a movimientos que por definición son antagonistas. Una verdadera tontería. Mejor es lograr canales de estructurar el conflicto, porque en esa medida se logrará manejarlo y disminuir su potencial violento. Una torpe represión inició el movimiento del 68 y un brutal asesinato colectivo fue su desenlace. Por el presidente más obsesionado en el control y el orden. El gorilato siempre es torpe y contraproducente porque cambia centavos por pesos. Limpiar una barda lleva un día o una semana de trabajo, en cambio las consecuencias de la represión pueden tener costos impredecibles. Las capacidades de mediación y negociación son vitales. Los gobiernos deben estar armados con estructura institucional y personal capacitado para esas tareas. En una sociedad cada vez más diferenciada internamente (compleja) los conflictos son el pan nuestro de cada día, no sólo con movimientos sociales, también con grupos de presión hasta con reivindicaciones ordinarias. Así, a la protesta no se le criminaliza, sino se le conduce.

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