El fanatismo conservador: embestida contra la fraternidad

El fanatismo conservador: embestida contra la fraternidad

La revolución francesa abanderó tres principios que dieron identidad a la república: libertad, igualdad y fraternidad. Las derechas conservadoras reaccionaron violentamente, sobre todo contra los dos últimos. La Igualdad infringía la jerarquía natural de la sociedad humana: ¿acaso los plebeyos eran iguales a los nobles? Esa pregunta puso agresivos a los sectores que pretendían conservar las antiguas creencias en la desigualdad natural entre los hombres. Con la fraternidad también ocurrió algo así. En latín “fraternitas” refiere a una idea radical de origen cristiano: los seres humanos son hermanos entre sí, porque tienen a un padre común de todos, el Dios de los judíos. La idea del Dios único (el monoteísmo) implicó la hermandad de todas las personas, independientemente de su nación, raza, color de piel o cultura. Por eso, se le llamo ‘Dios Universal’. La fraternidad implicaba necesariamente la igualdad.

Por eso, es curioso que grupos de origen cristiano se opongan a la libertad de las personas y a la fraternidad. Los grupos supremacistas y racistas blancos en Estados Unidos se dicen cristianos, lo mismo que los grupos que pretenden levantar muros contra los migrantes o los que persiguen como perros de presa a la diversidad sexual. El Dios al que dicen adorar era un migrante perseguido y pobre en busca de un lugar donde vivir; pero atacan a las personas de carne y hueso que vienen de otro país en busca de oportunidades de vida. Y en ocasiones no migran para mejorar su nivel económico, sino para conservar la vida. Nada. Aporofobia: atacan con odio a los pobres del sur. Odian a todos: migrantes, pobres y diferentes. Su discurso es de una espantosa ideologización fanática. Es lo que explica que jóvenes idiotizados por ese odio fanático tomen un arma y disparen contra personas que no conocen, de las que sólo tienen el dato de su origen étnico o nacional.

Conservadores del norte que atacan con rabia a personas del sur. Lo observamos en España respecto al Magreb, en Estados Unidos respecto de México, y también de México frente a los centroamericanos. Así, ‘el sur’ no es una posición geográfica, sino una condición sociopolítica.

En suma, los grupos conservadores no se oponen con furia solamente a la igualdad, sino a la fraternidad. El conservadurismo actual es anti-fraterno. El Otro es una categoría genérica o es el enemigo. Cuando se ve al otro como ‘el sureño’ o ‘el gay’ o ‘el hispano’, se deshumaniza. Ya no son personas sino categorías genéricas. Y si además se les culpa de los males que padecen los países del norte, como el caso de responsabilizar a los migrantes de la seguridad o del desempleo, o a los homosexuales de las enfermedades de siglo, entonces se les pasa a considerar enemigos. Luego entonces, el odio deja de ser un mero sentimiento y comienza a ser acción: ataques verbales, políticos o armados. Así las cosas, el fanatismo conservador (siempre) termina convertido en alguna manera del odio.

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