Alba de Papel Días largos y noches cortas…

Alba de Papel Días largos y noches cortas…

El verano boreal definido por el hemisferio norte es la estación más cálida del año, el periodo más largo para las vacaciones, el espacio más asequible para la creatividad productiva y el turismo, así como un referente obligado para la cultura y la convivencia familiar.

No siempre es así, para muchos junio es un mes triste, por encima de la cabalística del 21, fecha en que inicia “formalmente” el verano: sus días están cargados de pólvora y atardeceres cenizos, secos de lluvia para celebrar las fiestas de San Juan y el nacimiento y muerte del “mendigo cósmico” de Jerez, Ramón López Velarde.

El verano es un lapso de tiempo compuesto de alegría y esperanza- finitas-, que guarda excepciones, difíciles de asimilar, como son la muerte de un ser querido, la enfermedad punzante y olor a muerte que destilan los hospitales y anfiteatros, la inseguridad de las calles, y la incertidumbre de una política nacional y global perdida en el horizonte de la mezquindad.

Pero siempre como promesa, queda el recinto del hogar para descansar, amar, leer, cocinar y convivir en la intimidad, en un intento por recuperar la palabra, como herramienta primordial del diálogo, la curación espiritual y la resolución del conflicto que hoy rompe con dramatismo, el esquema familiar.

El consumo cultural a domicilio a través de internet y de grandes trasnacionales ahondan las grietas de la comunicación en familia, desmembrando peligrosamente una identidad como sistema, desagregando muchos problemas más en sus integrantes, ante un precipicio sin fondo, si se suman lastres temibles como alcoholismo, desempleo y violencia doméstica.

El verano da tiempo para pensar y tocar fondo en aquello que mortifica y duele, pero también sugiere la necesidad de cambio para una vida mejor, con temple en su condición humana para superar el dolor de la miseria en su múltiple interpretación.

Frente a la experiencia de vivir en mundo líquido, lo profundo debe ser soterrado y por ninguna razón, es sano ni humano, mostrar debilidad o exponerse como un ser carenciado, necesitado de apoyo y de sincero acompañamiento para estar conectado con los demás. Lo falso brilla y lo verdadero palidece escondido en un subterfugio que no tiene escapatoria.

La cultura en este sentido, tiene un amplio margen de maniobra para fomentar desde la práctica institucional y vecinal, la convivencia en familia a través de encuentros entre barrios y colonias para mostrar su gastronomía, sus juegos, sus fiestas y sus danzas. Podrían activarse talleres artesanales y de sensibilización artística, visitas organizadas en familia a los museos estatales y ampliar por el tiempo de vacaciones, sus horarios de apertura, incluyendo visitas nocturnas.

Se puede implementar en calles específicas, venta de pan tradicional, antojitos, nieve y raspados locales, mesas para jugar lotería, torneos rápidos de futbol y rebote de pelota dura.

En la ardua tarea de fortalecer al sistema familiar, hay mucho más que se puede llevar a cabo, por ejemplo la creación de un plan piloto de teatro comunitario que es urgente, no sólo para dar viabilidad y certeza a sus derechos culturas y sociales, sino también para reconocer los invaluables esfuerzos de los grupos de teatro que hay en la Entidad y que para muchos, son ignorados permanentemente.

Aquí, los municipios tienen una responsabilidad histórica en la recuperación de los espacios públicos y en la incentivación de los valores familiares, no sólo de sus cabeceras municipales, sino de sus barrios y comunidades.

En mayor o menor intensidad, siempre han estado en crisis, por lo que muy conveniente sería que a pesar de sus dificultades financieras y con menos ambición de capital político para autopromoverse, costearan realmente actividades útiles para sus comunidades de origen y desarrollaran las bases de un trabajo de acercamiento y motivación por el ocio productivo en familia.

En una dinámica social y política distinta, con responsabilidad y sentido crítico, autoridades y sociedad civil podrán reconocer que hay una plataforma de acciones culturales que pueden favorecer el desarrollo comunitario y con ello, promover la unidad familiar.

El verano, es el periodo vacacional más largo del año, no hay suficiente dinero para viajar y las penas – una vez sí y otra no-, siguen en sus cortas noches, que se pugne porque la creatividad resurja en cada familia y las autoridades se pongan a tono para alejarnos del tedio y de la infelicidad social.

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