73º Festival de Teatro de Aviñón: ‘Desarmar las soledades’

73º Festival de Teatro de Aviñón: ‘Desarmar las soledades’
Arquitectura, de Pascal Rambert, en el Festival de Aviñón

La Gualdra 393 / Festivales Internacionales / Teatro

 

El 73º Festival de Aviñón fue inaugurado el 4 de julio, bajo el signo de la soledad, más exactamente, como lo especifica su título, para Desarmar las soledades. En todo caso, es la profesión de fe de su director, Olivier Py, quien asumió, por quinto año consecutivo, la programación. Según éste, nuestra desesperación por el aislamiento y nuestra sed de «colectivo» pueden paliarse con la celebración, la comunión que implica la representación teatral. Esto permite el sentimiento salvador de pertenecer a la historia, de hacer la historia, lejos de las miserias consoladoras y solitarias de un consumismo que se ha apoderado del individualismo como única forma de ser. A partir de ahí, durante los últimos 5 años, la programación de obras y puestas en escena comprometidas y la esperanza de este 73º Festival de Aviñón de contribuir a un mundo más justo; para ello, es necesario «desarmar las soledades».

 

  1. Arquitectura la obra para comenzar

Arquitectura, la obra que inició este festival, en el marco monumental del Patio de Honor del Palacio de los Papas, responde perfectamente a las esperanzas del director del festival. La responsabilidad de la inauguración recayó sobre Pascal Rambert, autor y director que está presente en Aviñón desde hace 30 años y que, con el tiempo, se ha convertido en una de sus figuras sobresalientes (y ha resistido a todos los cambios de dirección). Consiguió verdaderos triunfos como con el díptico Principio del A (2005) y Clausura del Amor (2011), este último espectáculo, un éxito mundial que todavía está de gira en muchos países.

En una reactualización de La caída de los dioses, de Visconti, Pascal Rambert presenta en Arquitectura una brillante familia de artistas e intelectuales vieneses entre 1911 y los años 30. Todos brillantes, todos creativos, en múltiples dominios y todos impotentes ante los horrores de las dos guerras mundiales y frente a su propia destrucción violencia. Y Rambert pregunta: «Si los más brillantes no pudieron prevenir la sangre, ¿cómo haremos nosotros, en un tiempo como el nuestro, poco armado colectivamente, si la sangre vuelve a aparecer?».

Una obra por y para los actores. Arquitectura nació del deseo de escribir para un grupo de amigos actores y Rambert le compuso a cada uno un papel personalizado (todos sus personajes llevan su nombre). Entre ellos destacan el extraordinario Jacques Weber, un arquitecto; el padre descomunal, Zeus despiadado que sofoca a sus hijos; y Marie-Sophie Ferdane, su compañera, una poetisa, con una potencia que el Patio de Honor parece no poder contener. Y todos los demás están a su imagen. Denys Podalides, de la Comedie Française, Stanislas Nordey, Emmanuelle Béart…. Ellos son los que llevan el espectáculo (y a veces lo salvan).
Por cierto, el propósito se pierde un poco en el marco uniformemente blanco que el director ha elegido y los actores tienen cada vez más dificultades para hacer que el texto exista en el espacio; un texto que sale a borbotones, en ondas, sin moderación ni, aparentemente, orden. El espectador termina cansándose de esa acumulación interminable (a veces esas repeticiones) que ilustra muy bien la impotencia del lenguaje pero que hace que el texto se vuelva inaudible. Olivier Py escribió: «el teatro es indispensable (porque) es el camino más corto de la estética a la ética (y) el camino más corto de la ética a la estética”. Puede que Pascal Rambert se haya extraviado en camino.

A pesar de todo, Arquitectura no deja de ser una obra potente, necesaria. Aunque lo niega Rambert, se trata de una obra histórica en el sentido en que todo en ella contribuye a marcar el paso del tiempo (vestuario, objetos, muebles, música, destinos individuales…) y tiene sentido, obviamente, sólo porque la fragilidad y el desamparo de aquella época resuenan en la nuestra. Como una advertencia.

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  1. Oskara

Los espectáculos de origen español o latinoamericano son raros en la programación de este 73º Festival de Aviñón. El espectáculo Granma; los trombones de La Habana; y Oskara, un espectáculo de danza, son sus únicos representantes. Por lo tanto, nos complace mucho afirmar que una de las experiencias más interesantes del Festival de Aviñón 2019 ha sido la de Oskara.

Este espectáculo es fruto de la colaboración de la compañía vasca Kukai Dantza con Marcos Morau de La Veronal (Valencia/Barcelona). Kukai Dantza es una compañía que nace y reside en Errenteria (Guipúzcoa), creada a iniciativa del bailarín y coreógrafo Jon Maya Sein, en el año 2001. Kukai realiza una creación contemporánea a partir de la danza tradicional vasca; el año 2008 comenzó una nueva senda creativa invitando coreógrafos internacionales a la compañía. Para crear su último espectáculo, Kukai Dantza invitó al coreógrafo Marcos Morau.

Nacido en Valencia en 1982, Marcos Morau (Premio Nacional de Danza de España 2013) se formó en Barcelona, ​​donde creó el colectivo multidisciplinario La Veronal. Desde entonces, ha viajado por el mundo realizando colaboraciones desde Japón a Italia, desde Alemania a España. Cada estancia dio lugar a un espectáculo basado en la cultura del país y la mirada que el coreógrafo le aplicaba. Sus pasos se detuvieron por un tiempo en el País Vasco.

Para crear Oskara, ambas compañías partieron de las tradiciones, los mitos y los símbolos vascos y, en particular, el lenguaje de la danza vasca para combinarlos con el lenguaje coreográfico contemporáneo. Esto da un conjunto sorprendente, enigmático, donde se mezclan los gestos precisos y rigurosos (millones de veces repetidos) de la danza tradicional y los gestos más radicales de la danza contemporánea. De esta ósmosis entre los gestos, los elementos del folclore, el canto vasco sublime (que linda con lo místico) nace una nueva mirada sobre la identidad vasca; pero el espectáculo no se detiene allí.

Oskara comienza en una sala de hospital con la visión de un hombre desnudo y termina con la misma visión de despojo total. Cuando nacemos, llegamos desnudos, al igual que cuando nos vamos, en el momento de nuestra muerte. Mientras tanto, lo que nos viste es la cultura y nuestra historia; y aquí nos embarcamos en un viaje a través de toda la historia de la humanidad; por eso Oskara es una verdadera reflexión sobre los elementos culturales y cómo éstos afectan nuestra vida más cotidiana, desde el nacimiento hasta la muerte y más allá.

El País Vasco puede representar un pequeño territorio, pero puede referirse a toda la experiencia humana. Esto es lo que Jon Maya y Marcos Morau han sacado a la luz al combinar tradición y modernidad, dos elementos prescindibles para construir un futuro. Esta manera de ofrecerse a la mirada de los demás, sin ostentación, sin miedo y sin radicalismo, es sin duda otra forma de «desarmar las soledades», la profesión de fe del director Olivier Py para este 73º Festival de Aviñón.

 

III. £¥€$. Una pieza interactiva y el mundo financiero a tus pies

¿Quién no ha soñado nunca, aunque sea un instante, con poseer una inmensidad de dinero y poder disponer de él a voluntad? La compañía belga flamenca Ontroerend Goed te lo permitirá durante poco más de una hora delirante, el tiempo del espectáculo £¥€$ dirigido por Alexander Devriendt; el título es evocador: £¥€$ se puede entender como Lies (mentiras) o Eyes (ojos) o descifrarse como la yuxtaposición del símbolo de la libra, el yen, el euro y el dólar; en cualquier caso, se tratará de dinero.

De pronto, te encuentras inmerso en la sala de un casino, en la penumbra, en una mesa con crupier y dados. A tu alrededor, una docena de mesas que se supone representan cada una a un país, al cual se le da el nombre de un espectador: ¿Un país? El crupier que se ocupa de tu mesa nunca más hablará de país, sólo evocará un mercado. Contigo, media docena de espectadores que encarnan, como tú, un banco. Las apuestas representan las inversiones, cuyos resultados dependen de los dados y de nada más, el crédito es fácil.

Las traiciones siempre son posibles, pero te animan a jugar en equipo, a permanecer siempre solvente frente a las otras mesas / mercados; y gradualmente te desconectan de la realidad de las inversiones, de la economía, de la vida, hacia la desmaterialización de la finanza (mira tú) hasta la explosión final, esperada, por supuesto, de la burbuja (2008, ¿te suena?).

A su servidor le gustaría poder decir que se empeñó en humanizar ese mundo despiadado, que se negó a apostar por las pérdidas del otro, que se apresuró a salvar los mercados afectados (y sus miles de desempleados). ¡Ay, no! Se metió en el juego hasta el punto de pedirle, sin éxito, al crupier una desgravación fiscal que le devolviera sus ganancias, (pero, en la realidad, ¡funciona!). Había que jugar el juego hasta el final, ¿no?

También se esperaba. Según el director, el objetivo de esta experiencia teatral interactiva es hacer que el espectador sienta «el núcleo emocional de la codicia, la adrenalina y el proceso personal que impulsa a los banqueros a operar en el sistema».

Y aquí es donde entra la duda; £¥€$ es evidentemente una alegre condena de las finanzas locas, del olvido de la realidad económica; es seguramente una carga despiadada contra todo el sistema financiero globalizado. Y también es, hasta cierto punto, una lección aplicada y lúdica de economía (¿quién sabe qué significa exactamente un short?).

Esta inmersión crea necesariamente cierta empatía, especialmente cuando el crupier insiste en la necesidad de confianza como un elemento esencial de los mercados: «Si la confianza es real, el dinero es real». Si hay desconfianza, todo el sistema se va al traste, ¿entonces, se trata de mantener la confianza y todo saldrá bien? ¿En 2008, todo fue una cuestión de confianza y todo hubiera podido continuar como antes?

Y después, todo volvió a empezar.

Alexander Devriendt confiesa, con cierta ironía: «Para ser honesto, yo era más anticapitalista antes de comenzar el proyecto que después”. No me digas…

 

 

[El 73º Festival de Aviñón, la siguiente semana más información]

*Corresponsal gualdreño, enviado especial.

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_393

 

 

 

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