El descrédito de las instituciones: la inmovilidad social ante los cambios

El descrédito de las instituciones: la inmovilidad social ante los cambios

Todas las instituciones de la Administración Pública Federal han sufrido sacudidas importantes, unas más y otras menos, pero al parecer en todas las secretarías e institutos ha vibrado alguna zarandeada. El común denominador en todos los casos ha sido el tema de la disminución de sus bolsas presupuestales; y por ello, algunos programas han desaparecido, funciones disminuidas y despidos. En un gobierno que se plantea el cambio de modelo no es extraño que desaparezca programas o modifique programas y cambie funciones de espacios de la administración. Lo que sí extraña es la manera de cómo ha ocurrido: no se ha publicado un diagnóstico previo que fundamente (públicamente) las decisiones; ni otro documento que justifique la nueva orientación tomada. Sólo nos hemos enterado de los recortes cuando ya fueron ejecutados, sin fundamento, diagnóstico ni justificación pronóstica. En todos los casos ha dominado un estribillo: la corrupción y la frugalidad económica. Recordemos que ‘rendición de cuentas’ no es informar, sino justificar las acciones. Por ello, podemos afirmar que se han ejercido acciones con problemas en su rendición de cuentas.

Sin embargo, la reacción social ha sido casi nula. Sólo las barras de opinión de algunos diarios y espacios editoriales de algunos programas de radio o televisión han puesto el tema en el tapete de la discusión pública. Pero aun después de la andanada de columnas, no se genera ningún movimiento social. Los recortes en el Conacyt no han movilizado a las universidades, en el campo no han movilizado a las organizaciones campesinas, o las que ocurren en el sector de la cultura a los artistas. Pero, además, el respaldo social a las manifestaciones de inconformidad que se han visto no ha sido relevante. Las preguntas son dos: ¿por qué no hay movilización de los sujetos afectados en muchos de los casos? Y, ¿por qué hay tan poco apoyo popular a las inconformidades manifiestas? Las respuestas tienen, seguramente, consideraciones complejas, sin duda. Pero independientemente de dicha respuesta, es notoria la falta de apoyo social a los inconformes. Eso no significa que los inconformes tengan o no razón. La falta de apoyo social puede tener muchas causas y no tiene que ver con la veracidad de los motivos de las autoridades o los inconformes; pero lo que sí es seguro, es que una causa de esa falta de apoyo es el descredito social de dichas instituciones.

El caso más evidente es la reciente inconformidad de los policías federales. Lo primero que vino al imaginario popular fueron las hipótesis de que la corrupción y podredumbre al interior de la Policía Federal era la causa que movía a los manifestantes en contra de la medida de incorporarlos a la Guardia Nacional. Nadie creyó que las demandas de los policías federales congregados en agresiva muchedumbre tuvieran un gramo de verdad. Así están las instituciones: en abierto descrédito. La pregunta final es, ¿con el nuevo gobierno va a cambiar esta percepción social?

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