La Reforma Laboral de 2019, incompleta

La Reforma Laboral de 2019, incompleta

La reforma laboral del 1 de mayo de 2019 tiene aspectos positivos que representan un avance, logra el voto secreto obligatorio en todos los sindicatos a favor de los trabajadores, para elegir dirigentes, para aprobar revisiones salariales o contractuales, demandar la titularidad del contrato colectivo de trabajo (CCT) y otros casos; da participación a los trabajadores en decisiones importantes, que el charrismo y los sindicatos blancos negaban. Lo hacían a espaldas de los trabajadores.

Otro aspecto positivo de la reforma es reconocer la libertad sindical de los trabajadores del Apartado B, al organizar libremente su sindicato.

Lo insuficiente está en el procedimiento individual, por ejemplo, se deja solo al trabajador en la conciliación con la autoridad y el representante del patrón. Deja en manos del poder ejecutivo el centro de conciliación y registro de CCT y sindicatos, la parte central del derecho colectivo. Sigue la comisión tripartita de salarios mínimos que sirvió para bajar los salariaros por décadas y fijar los topes salariales, que niegan la libre negociación colectiva del Convenio 98 de la OIT.

Lo grave: dejó sin cambios la reforma laboral de 2012 del PAN y PRI, regresiva y patronal, que creó el outsourcing con una cauda de daños en empleos eventuales y bajos salarios; abarató el despido al bajar los salarios caídos, premia al patrón que despida ilegalmente; destroza el artículo 39 de la ley laboral, que protegían la estabilidad en el empleo o planta y la sustituye por el eventual, “sin responsabilidad patronal”.

Con el empleo eventual y el outsourcing se destrozan los derechos individuales y colectivos, al debilitar los sindicatos, los CCT y la huelga. De nada sirve el voto secreto, si la mayoría de los miembros de un sindicato son eventuales.

Lo peor: la reforma deja intacto el personal de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCA), por 4 o más años, seguirá la JFCA con el mismo personal que sirvió a gobiernos neoliberales, pro patronales que ayudaron a incumplir las normas laborales e impidieron la justicia. Por lo tanto, la JFCA no garantiza la justa aplicación de la Reforma de 2019, ni de la Constitución ni los tratados internacionales.

Basten 4 casos de mineros en que la JFCA actual siguió como en los viejos tiempos, neoliberales y corruptos: el recuento de PKC, en el que la Presidenta impidió a más de 1000 obreros votaran; el recuento de Taksid que ganó el sindicato Minero a la CTM hace un año y aún no se cumple; el Laudo de la mina Hércules a favor del Sindicato Minero, que impidió por la fuerza su cumplimiento Alonso Ancira. En la mina el Boleo gana el sindicato Minero hace 9 meses y aún no se dicta el laudo. Esos casos arrastran cientos de despidos, en particular de los líderes. Impidiendo así la JFCA, el ejercicio de libertad sindical.

Por suerte se prepara ya la segunda Reforma Laboral y un parlamento abierto en el Senado, para modificar o desaparecer los retrocesos de la reforma de 2012, como el outcourcing, que es una demanda popular su desaparición; fortalecer el derecho de huelga y evitar que autoridades y patrones intervengan en los conflictos sindicales.

La Suprema Corte de justicia de la Nación debe apegarse a la norma para evitar que retroceda el derecho y la justicia, en 1996 aprobó la jurisprudencia de Góngora a favor de reducir salarios y prestaciones en los CCT, siempre y cuando no bajen más que la ley laboral. Para que sean iguales, a la baja, la ley y los CCT, ¿entonces para qué sirven, para que ganen lo mismo los trabajadores de las microempresas y las trasnacionales? Abrió las puertas a la mutilación de los CCT y a los de protección patronal.

Con la jurisprudencia de 2013 de la Corte y Medina Mora a favor de reducir los salarios caídos por despidos injustificados, afirmó que no era regresiva la resolución que protege al patrón, por ser quien crea empleos, como si el patrón fuera hermana de la caridad para ayudar, no para obtener máximas ganancias con mínimos salarios, la Corte perdió el piso, la primacía de la realidad.

Lo que deja ver que la segunda reforma no será fácil, requerirá de la fuerza y participación de los trabajadores. El cambio de gobierno y las reformas laborales son importantes: un tránsito de los neoliberales a democráticos, pero vamos cuesta arriba al querer cambiar al menos 36 años de retroceso, no es fácil.

El cambio de gobierno y la reforma laboral abren una coyuntura real, si se sabe aprovechar por los trabajadores para lograr cambios, como crear los sindicatos que hacen falta, los que hay que recuperar, democratizar y hacer independientes, para que sean realmente de y para los trabajadores, lo cual no puede ser más que obra de ellos, como lo señalan la Constitución y los tratados internacionales.

La presente coyuntura es inédita porque exige que el cambio sea obra de la participación colectiva de los trabajadores, de su organización y unidad. Para avanzar al futuro internacional de los sindicatos, los CCT y las luchas sociales. Como las empresas y las leyes globalizadas: ¿cuándo lo harán las organizaciones de los trabajadores?

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