Ceguera

Ceguera

El pasado 3 de junio de 2019 Eligio Meza Padilla, en su columna de “El sol de Zacatecas”, abordó una cuestión clave: ¿existe el autoritarismo en el SPAUAZ? No le dio una respuesta explicita, pero lo que sí se puede afirmar es que la pretensión existe. El secretario general del SPAUAZ, en abierta violación a los Estatutos sindicales, acuerda con la rectoría una convocatoria que es, a su vez, lesiva contra el Contrato colectivo de trabajo (CCT) en su cláusula 60porque, contra lo establecido en ella, condiciona el pago de una prestación a la asistencia a un foro. Esta acción por parte del representante legal del SPAUAZ equivale a dos claras violaciones: por un lado, los Estatutos, que lo obligan a consultar cuando los acuerdos afecten a todos los agremiados, por otro al CCT, ya que la cláusula 60 es clara en su redacción: el pago por días adicionales se gana no ejerciéndolos, basta presentarse a trabajar. Por supuesto, sin una base consciente, decidida a tomar acciones en defensa de la democracia sindical, las aviesas intenciones del secretario general hubieran prosperado. No fue así, pero resulta claro que los “límites democráticos” que menciona Meza no son abstracciones, sino formas reales que resultan de la organización de las personas. La rectoría, por su parte, parece creer que la mejor manera de motivar la participación de los universitarios en asuntos de la UAZ es infligirles un castigo, sin embargo, un logro adicional de la toma del SPAUAZ es el hecho que se dejó de lado el garrote y se propone, ahora, asignar puntos en el programa de estímulos a quienes asistan al evento organizado por la administración central. Como bien dice Meza, los temas del desfile de ponencias que se quiere llamar “Escuela de Verano 2019” son imposiciones, con lo que se cancela cualquier simulacro de reforma universitaria que ese evento pudiera querer vindicar. Se reduce a un evento organizado por la administración central al que puede asistir quien quiera, pero que de ninguna manera funciona como reforma universitaria, aunque quizá después se quiera decir que lo fue. Aún así es interesante, y los temas que plantea dignos de atención, pero llevan a una pregunta: ¿por qué no se ha hecho la reforma prometida?, se anunció desde febrero de 2018 (e.g. NTR, 14/01/2018) y su avance hasta el momento se puede computar en cero. Para responderla nos gustaría discutir uno de los tópicos propuestos, el de transdisciplinariedad. Sostenemos que, en las condiciones presentes de la universidad, semejante ideal es irrealizable y cualquier propuesta en ese sentido quedará en el papel. No existe un estudio de fondo en el que se analicen las causas que llevaron a la imposibilidad de construir el modelo UAZ siglo XXI, así que no hay manera de aprender de los errores del pasado, por lo que muy pronto serán reiterados por los aprendices de reformistas. Arrojamos una hipótesis: construir la transdisciplina exige concebir la universidad como un sistema interrelacionado, no a la manera de fragmentos dispersos. Hoy día la universidad es un conjunto de unidades independientes entre sí, cuyas comunidades carecen de interés en relacionarse sistemáticamente con cualquier otra. Véase el vacío que representan las áreas, en las que los coordinadores no coordinan a los directores y tienden a seguir caminos diversos de aquellos de las unidades, independizándose. Para explicar la reproducción del sistema de fragmentos tenemos otra hipótesis: mantener la independencia de las unidades académicas, en particular de las más grandes, es cosa que se negocia en los procesos de cambio de rector, lo que significa que los candidatos a rector son representantes del más rancio conservadurismo universitario. Entonces, no pude haber transdisciplina en la UAZ porque ella misma tiene condiciones que la imposibilitan, más aún: reproduce esas condiciones mediante el actual sistema de negociación de las candidaturas entre las unidades mayoritarias. Lo que está detrás de las unidades académicas para mantener su independencia no es un ideal del saber, sino el negocio de los cursos de titulación, los cursos de nivelación, y todos los servicios que venden a los alumnos, a las agencias gubernamentales o a empresas privadas, en el entendido que todos los recursos obtenidos por estos conceptos serán gastados sin supervisión de nadie. Si tenemos la convicción que el conocimiento se puede parcelar, si nuestro ideal del saber es la especialización, entonces la fragmentación del sistema universitario es irrelevante. Pero si no es así, si creemos que el desarrollo de la red global, los autos híbridos, las computadoras cuánticas, la crítica literaria científica o la solución de problemas como la violencia, el calentamiento global, la desigualdad social dependen de la convergencias y síntesis de varios saberes disciplinares, porque de fondo son situaciones que remiten a un contexto global, por ende transdisciplinario, entonces la UAZ, por su misma organización política, está imposibilitada de construir saberes de esa índole. Esfuerzos aislados los hay, pero por su mismo aislamiento se descalifican a sí mismos: la empresa transdisciplinaria es global o no es. Por las mismas razones la universidad sólo puede contribuir de manera mínima a la transformación del Estado de Zacatecas. Todos los autoritarismos en la universidad y el SPAUAZ son manifestación de esa ceguera insuperable. ■

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