Los números de la Providencia

Los números de la Providencia
Juan Carlos Basabe. 8.

La Gualdra 387 / Aniversario 8 Gualdreño

Huelga decir que celebro el aniversario octavo de La Gualdra, suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, a cuya cabeza está una persona siempre imaginativa, creativa y crítica: Jánea Estrada. Va a contarse el octavo año [en octubre, el octavo mes] de que aporté un texto para el número 20 del suplemento. El texto giraba en torno a la obra poética y a la vida de don Roberto Cabral del Hoyo, en el marco del décimo segundo aniversario de su muerte, es decir, hace ocho años, en 2011. Justo en estos días se le recuerda al poeta Cabral en el vigésimo aniversario de su muerte. También en este año de 2019 estamos conmemorando el centenario de la primera edición de un libro fundamental para la moderna poesía de México: de Zozobra, del jerezano universal, Ramón López Velarde. El poeta tenía 31 años cuando vio impreso su libro, el que, como su anterior, de 1916, La sangre devota, daría de que hablar. “Es el poeta del futuro”, dijo alguien. Dicen que la numerología del vate se basa en la cifra 3. Más de alguno ha hecho su carta astral. Su signo es el número 3 del Zodíaco: nació bajo los Dióscuros, símbolos de la dualidad. Nació en el año de los 3 ochos, 1888; murió en 1921, guarismo cuyos números finales suman 3; nació en Jerez, en una casa marcada con el número 33, y murió a los 33 años. “La suave Patria” está formada por 183 endecasílabos dispuestos “en 33 combinaciones estróficas”.

El ocho es en el pitagorismo el símbolo de la armonía. Ramón parece ignorarlo y no, cuando escribe en su inquietante “Obra maestra” que un tigre traza ochos en el piso de la soledad, que su movimiento es tan maquinal como repetitivo, es decir, infinito: “traza ochos en el piso de la soledad” y que para prolongarse necesita procrear o anularse. ¿Enigma de la armonía o enigma de la fatalidad? Opta por lo segundo, la anulación. Cosa rara, él, el poeta que amó al Rabí poeta: el número del Cristo es el 888 que significa Resurrección y Vida. Sin embargo, el poeta encontró su emblema: “me revelas la síntesis de mi propio Zodíaco: el León y la Virgen”, [la potencia y la quietud], y una imagen aérea, volátil, fiel a su signo de aire: “el viudo oscilar del trapecio” y una mística: “judío errante sobre sí mismo, que describe el signo del infinito, con tan maquinal fatalidad”. La zozobra, siempre la zozobra, fue su estigma, no su cifra cabalística, el 3, del Equilibrio.

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