La peligrosa austeridad en el sector salud

La peligrosa austeridad en el sector salud

Hemos repetido hasta la cacofonía, que la austeridad entendida como eliminación de abusos es algo en lo cual nadie bien nacido se puede oponer. Sin embargo, hemos observado que se han hecho recortes en temas esenciales del desarrollo y el bienestar social. En esta ocasión nos preocupa el caso de la salud.

En el 2018, poco después del triunfo electoral del actual gobierno, se afirmaba que un efecto de la política de austeridad sería un mayor monto de recursos en educación y salud. Recordamos una entrevista de Jorge Alcocer que, ante una pregunta sobre el tema de la austeridad dijo: “habrá más dinero para llevar a cabo los programas planteados, se requieren de 16 mil a 20 mil millones de pesos para poder otorgar medicamentos gratuitos a todos los mexicanos y podemos ahorrar al menos 13 mil millones de pesos con la austeridad republicana”. En forma inmediata al planeamiento del presupuesto se verificó un recorte de un poco más de 4 mil millones al IMSS. Empezó el debate, pero el propio (nuevo) director afirmó que eso no iba a afectar el suministro de medicamentos ni la atención médica especializada.

Ahora vemos que el rezago en inversión en salud seguimos a la cola de la OCDE: casi el último lugar en gasto en salud por cada habitante y en porcentaje del PIB dedicado a este tema. Pero no sólo estamos a la cola de la OCDE, con los pares de América Latina también lo estamos, por ejemplo, Costa Rica dedica el 9 por ciento de su PIB a salud, y México está en el 5.9 por ciento de esa proporción. Por todos lados estamos en extrema marginación en la atención de la salud. Recordemos que somos un país con los primeros lugares en los factores que detonan enfermedades crónicas, como diabetes e hipertensión, por sus niveles de obesidad y malos hábitos. Enfermedades que por otro lado no se previenen. Hay (casi) cero pesos en las estrategias serias de prevención de dichas enfermedades. Y los procesos de atención de las mismas son impagables. En suma, estamos en un callejón sin salida.

Recientemente supimos de los 800 millones que Hacienda congeló a salud y la renuncia del director general del IMSS por motivo de una austeridad que afecta los servicios básicos del instituto. La eliminación de programas como el Seguro Popular implica que la expectativa es mejorar sensiblemente. Pensamos que esas eliminaciones no eran mutilaciones, sino formas de podado para recibir servicios de mejor calidad y cantidad. Pero hasta ahora vemos caer los servicios de salud: no hay medicamentos, becas de internos y de residentes, contratación de médicos, disminución de los institutos de lata especialidad y compra de infraestructura. Es interés de todos los mexicanos que un tema tan sensible, que es literalmente de vida o muerte, se atienda, apoye y financie. Ojalá y en los próximos días se anuncie que los presupuestos a salud se fortalecen como dice el Plan Nacional de Desarrollo.

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