The dead don’t die, de Jarmusch, por la Palma de Oro en Cannes 2019

The dead don’t die, de Jarmusch, por la Palma de Oro en Cannes 2019
Fotograma de la película The dead don’t die, de Jim Jarmusch ■ FOTO: CORTESÍA DEL FESTIVAL DE CANNES

■ En el elenco, Bill Murray, Steve Buscemi, Adam Driver, Selena Gomez, Iggy Pop, Chloë Sevigny, Tilda Swinton, Tom Waits, entre otros

 

Los zombis de la normalidad. En un pueblo, Centerville, de una población de 738 habitantes, un puesto de policía de tan solo 3 policías, una estación de gasolina con una tienda atendida por un friki vendedor de historietas y especializado en cine de horror tipo “nosferatu”, un solo hotel atendido por hombre lleno de gatos y amante de la salsa valentina, un granjero nacionalista y racista, un ermitaño en el bosque, un orfanato con niños y niñas separadas, una cafetería que hace el mejor café del pueblo, un grupo de hípsters de ciudad perdidos y una morgue cuidada un por una escocesa samurái y maquillista: algo raro está pasando, la noche llega muy tarde o muy pronto, las hormigas se alteran, los champiñones nacen donde no deberían, los relojes y celulares se han detenido; los muertos vivientes van regresar, un ataque de zombis se prepara.

Todos estos ingredientes están en la nueva película de Jim Jarmusch, The dead don’t die, presentada en la Competencia de la Selección Oficial del 72 Festival de Cannes; Jarmusch consiguió traer un gigantesco grupo de actores estelares: Bill Murray, Steve Buscemi, Adam Driver, Selena Gomez, Iggy Pop, Chloë Sevigny, Tilda Swinton, Tom Waits, entre otro más.

Jarmusch hace una comedia gore citando a los padres del horror (Romero, Carpenter) y a la cultura pop cinematográfica (de Psicosis a Star Wars). Como es común en las obras de Jarmusch (Only lovers left alive, Coffee and Cigarettes y Down by Law) la música es esencial para construir el ambiente lúgubre y perfecto, como dice RZA en su réplica al fan de cine de zombies y dueño de la estación de gas: “El mundo es perfecto, hay que apreciar los detalles”.

Esta vez Sturgill Simpson es el compositor de la canción, The dead don’t die, mencionada en los múltiples momentos de juego de espejo o mise en abyme de la película: Driver a Murray, “qué buena es esa canción. Claro es la canción del título de la película”.

Iggy Pop es el sensual zombi aficionado al café. Tilda Swinton, la samurái. Selena Gómez, la hípster. Waits, el ermitaño. Sevigny, Driver, Murray, los policías. Bsucemi, el racista. Y todos son los zombis.

The dead don’t die está armada desde el recurso narrativo y retórico de la anáfora, justo como hiciera en su Paterson (en Competición Oficial en Cannes 2016), y los personajes se tratan de explicar qué o quiénes están comiendo la carne de los pobladores: “debe ser una bestia, o un grupo de bestias”. O bien la réplica fatalista, “todo va acabar mal” de Driver, en una muestra de fatalismo inexorable porque “yo he leído el script hasta el final, el director me lo dio completo” insistía el personaje. Situaciones que eliminan el suspenso y el terror; desde la apertura de la película se abre en los bosques tan queridos de las películas de horror de los 80’s en Hollywood.

Las réplicas repetidas de los personajes y los guiños a la actualidad hacen que los zombis sean los zombis modernos jorobados sobre nuestros celulares y IPad. Los zombis son consumidores de lo material, de querer siempre más, de ser caníbales de los superfluo y artificial. Son zombis secos, desérticos para no caer en un “baño de sangre por la carnosidad” sentenció Jarmusch en la conferencia de prensa cuando le preguntaron porqué hacer una película e zombis dentro de la comedia. Pero todo es normal, todo se pasa con naturalidad, sin sobresaltos. En el mundo ya todo puede pasar y la explicación más anormal suena normal. Las autoridades son ellos y ellos, por tanto, dictan los diagnósticos de las catástrofes humanas y de la tierra, al cabo siempre hay un lado a explotar para el capitalismo.

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