Nací Maestro

Nací Maestro

Nací maestro, es lo único que tengo en la vida, es la única herencia que he recibido y el solitario patrimonio que me asiste. Soy inmensamente afortunado, me siento totalmente pleno cuando estoy en el aula, cuando mis alumnos siguen el vaivén de mis pasos, cuando el silencio prevalece y fluye el conocimiento, la reflexión, el intercambio de ideas, las dudas y las preguntas. Siento que influyo en mis alumnos y que despierto su interés en el saber jurídico, en el apasionante mundo del Derecho; estoy consciente de la gran responsabilidad que tengo frente al Universo, frente a mi institución y ante los padres de familia que anhelan hijos de bien y profesionistas prósperos.

Cada día de clases me levanto, aun con sueño, cansado y, entonces, pienso en esas ilusiones que madrugan, que viajan en camión o que caminan todavía a oscuras por calles solitarias en ocasiones arriesgando su vida por asistir a clases; me levanto y me pongo el disfraz de maestro aunque tal vez, quisiera vestirme de rockstar. Generalmente le gano al abuelo fuego cada día, inicia la jornada con muchos saludos, buena vibra, un ambiente adecuado para trabajar, si es que a esto se le puede llamar trabajo, más bien, es una oportunidad de vida por la que uno obtiene más cosas que un simple salario: reconocimientos, estima, palmadas en la espalda, chocolates, tazas y muchos saludos en las calles.

El camino de un docente no es sencillo, menos ahora cuando las estrategias gubernamentales dejan a la educación en planos inferiores sin reconocer que nuestra sociedad está cambiando más negativamente por las armas de fuego que positivamente por las del conocimiento. Soy el resultado de la inspiración que dejaron en mí, excelentes maestros que desde la primaria inculcaron en el que escribe los principios básicos de la docencia. Recuerdo con mucho cariño a mi Profe Chava de Tercero de Primaria que entraba bailando y cantando al salón de clases, lo esperábamos con gusto, nos trasmitía el amor por el conocimiento, disfrutaba cada clase.

Ya en Zacatecas, incontables son los maestros y maestras que han dejado una profunda huella en mi preparación académica, así, he llegado a mis primeros 25 años como docente, gracias los que impregnaron ese amor por la cátedra, el sentido de la responsabilidad y la gran tarea que tenemos en la formación de ciudadanos libres, críticos, íntegros y solidarios. Esos maestros, nacieron también para enseñar como el Maestro Edmundo Ramírez mi profe de Seguridad Social, el Dr. Guillermo Huitrado Trejo con sus saberes en Garantías Constitucionales y con quien tengo el honor de participar en la Reserva Nacional de Talentos, el Maese Enrique Romo que en gloria esté con su Teoría del Estado, en Derecho Penal el Maestro Manuel Ortega, en Laboral el Maestro Virgilio Rivera Delgadillo con quien tuve la oportunidad de conocer las grandes ligas de la democracia en México, el Lic. Felipe Borrego Estrada con el que aprendí la Historia del Derecho Mexicano, mi querida Maestra y amiga Irma Gloria García González con el Seminario de Investigación, mi Brother Rubén Sataray, mi hermano Iván Martínez Ponce, mi carnal Felipe Andrade y, quién me dio la primera oportunidad para integrarme a la UAZ, mi estimado compadre el Dr. José Antonio Valenzuela Ríos con el que compartí proyectos de vida y profesionales, al igual que con el Gran Félix Basurto mi maestro del Alma, de igual forma, cómo olvidar aquellas jornadas nocturnas de trabajo para integrar el Sistema Automatizado de Legislación Vigente en el Estado de Zacatecas (SALVEZ) con el Maestro Jorge Alberto Pérez Pinto, mi entrañable amiga la Maestra Sonia Martínez y mi querido amigo el Lic. Enrique Víctor Rodríguez del que me nació también el gusto por el buen vestir y la música de Antonio Aguilar, ya en estos recientes años, valoro con mucho cariño el respaldo solidario de mi amigo el Lic. Cuauhtémoc Rodríguez Aguirre con quien he estado participando en encomiendas muy satisfactorias desde el ámbito profesional y lo que nos falta.

Sin duda, en mi formación como docente ha sido fundamental el papel que han jugado mis alumnos, aquellos que han sido impulsores de mis proyectos y cómplices de varias causas, algunas de ellas perdidas. Son mis alumnos la inspiración de mis quehaceres como maestro, su inteligencia, su entusiasmo han generado renovados bríos cuando la energía y mi ánimo decae y, en este Día del Maestro, reconozco y felicito a todos mis compañeros y amigos docentes, a mis alumnos y sobre todo, a mi muy querida Universidad Autónoma de Zacatecas, la Benemérita educadora del Estado.

*Integrante del Consejo Mundial para la Defensa de los Derechos Humanos
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