Las ventajas de una nueva economía mixta

Las ventajas de una nueva economía mixta

Apartir del gobierno del General Lázaro Cárdenas, México construyó una economía mixta (pública-privada) que creció al 6% del PIB por cuatro décadas. Posteriormente, después de 6 sexenios de gobiernos neoliberales (1982-2018) la economía nacional produce pobreza, informalidad y desigualdad. Son muy pocos los beneficiarios del trabajo de la mayoría. A partir de1982, la política económica desempeñó un papel crucial: justo en el momento en que las fuerzas de la globalización y el cambio tecnológico se conjuntaron para hacer más marcadas las desigualdades, el gobierno aplicó políticas que las agravaron. Con todo y que surgieron teorías económicas para explicar por qué los mercados por sí mismos generalmente no son eficientes, justos, estables ni racionales, los gobernantes decidieron depender más de los mercados y eliminar algunas protecciones sociales. El resultado fue que los mercados se concentraron más y se hicieron menos competitivos.

Ahora ya se sabe que los mercados no existen en un vacío; deben estructurarse mediante normas y reglamentos, cuyo cumplimiento debe exigirse. La desregulación del sector financiero abrió espacios para que los banqueros emprendieran actividades demasiado riesgosas y/o abusivas. El libre comercio llegó acompañado de pérdidas sistemáticas del poder adquisitivo, de la informalidad y el desempleo. La privatización del patrimonio público detonó la corrupción y la impunidad y estas trajeron la violencia y la inseguridad. Si no cambiamos de rumbo, lo más probable es que los problemas empeoren, pues las máquinas (inteligencia artificial y robots) remplazan cada vez más a personas que realizan trabajos rutinarios.

En estas circunstancias, la historia de México permite saber qué medidas tomar: para empezar, es necesario reconocer el papel crucial que desempeña el Estado para lograr que los mercados estén al servicio de la sociedad y para llenar los vacíos dejados por el sector privado, como con el internet, los energéticos, los fertilizantes y los medicamentos. Necesitamos normas que impidan los monopolios y la competencia abusiva, que con la nueva ley se reajusten las relaciones entre las empresas y sus empleados, y también con los consumidores a quienes deberían servir. Debemos ser tan exigentes para moderar el poder del mercado como los neoliberales lo han sido para favorecerlo.

También se requieren de acciones del gobierno en muchas otras áreas. Los mercados por sí mismos no nos protegen de algunos de los riesgos más importantes que enfrentamos, como el desempleo y la discapacidad. No pueden proporcionar de manera eficaz pensiones a costos administrativos bajos ni protegernos contra la inflación. Tampoco proporcionarán una infraestructura adecuada ni educación decente para todos ni realizarán suficientes investigaciones básicas.

Una nueva economía mixta debe partir de un nuevo contrato social entre los votantes y las autoridades electas, entre trabajadores y empresas, entre ricos y pobres, y entre quienes tienen trabajo y quienes están desempleados o viven en la informalidad o peor, en actividades ilícitas.

Debemos olvidar la fantasía neoliberal de que los mercados dejados a la libre, sin restricciones, traerán prosperidad para todos. Todavía más importante es aceptar que la economía de la muerte (Papa Francisco dixit) nos ha moldeado como individuos y como sociedad. La corrupción desenfrenada que observamos por todas partes era de esperarse en una sociedad que ha entronizado al dinero como nuevo dios y el consumo para desechar, para volver a consumir… como forma principal de vida.

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