Se fue Rafael Coronel: el espíritu de la máscara

Se fue Rafael Coronel: el espíritu de la máscara

Un artista es su obra: su poética. Las imágenes son lenguajes que expresan una metáfora del mundo y los colores dejan ver lo no visto. Coronel vive alrededor de un acceso a las realidades profundas del vivir humano: la máscara. Colecciona y pinta (obsesivamente) máscaras. En reacción del mundo donde inicia su carrera artística, el muralismo, que partía de la idea de comprometerse con un proyecto social y expresar en imágenes realistas ‘retratos’ de las situaciones de injusticia y de las luchas sociales. El retrato mural piensa que la mente es un espejo que refleja la realidad, y la pintura pone ante todos, ese reflejo. Coronel rompe con esa idea. La pintura no es un reflejo de lo que se ve, sino de lo que no se ve, pero es. Por ello concibe la máscara como acceso: cubre un rostro para expresar lo que se lleva dentro. Sin cubrir no se puede expresar. El rostro es uno solo y la vida expresiva del hombre es múltiple. A un hombre le corresponden decenas de máscaras, su vida es justo esa diversidad de motivos que provocan las expresiones que la máscara revela. Por eso, la máscara al cubrir el rostro, puede revelar su espíritu. Al ser humano se le predica como persona, y ‘persona’ se dice en griego ‘prosophon’, que es la máscara del actor que da vida a un personaje. Resonamos lo que somos en las diversas máscaras con las que actuamos a lo largo de la vida. Coronel pintó y coleccionó justo esto.

Con sus colecciones nos muestra la diversísima humanidad del hombre. Hace un itinerario por todos los misterios que somos: el mal, la burla, la angustia, el grito, el aburrimiento, la fiesta, el dolor, la mugre, el asco, la eternidad y la mirada sublime al cielo. Todo lo que somos. Y en su pintura se ven los personajes de mirada profunda sobre fondos de colores profundos: azules, rojos, naranja y negros. No hay retratos de lo que se ve: sus cuadros son una máscara donde aparecen personajes enmascarados. En ‘concierto al pichón’ aparece un personaje viejo con un gorro rojo en un sambenito que mira su máscara y está enfundado en un vestido inverosímil. El teatro del mundo siempre es inverosímil y lo vivimos mientras vemos un rostro artificial que está frente a nosotros. Somos un teatro con profundos sentimientos. Emociones propias de un peregrino del mundo: melancolía o nostalgia, extrañeza o soledad. Personajes que al final del día están solos, aunque se abracen.

Se fue Rafael Coronel: su espíritu se ha diluido entre sus máscaras y ahí vivirá de hoy en adelante. La profunda sabiduría del color de un zacatecano que supo ser poeta a través de la pintura. Se fue Rafael Coronel: un zacatecano mundial.

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