La migración es un derecho humano: ¿qué hacen los senadores?

La migración es un derecho humano: ¿qué hacen los senadores?

¿Son el desarrollo humano, la paz o una vida libre de violencia, la alimentación, la salud, la seguridad y la propia vida derechos humanos? Si lo son, luego entonces la migración es necesariamente un derecho humano. ¿Las personas deben estar condenadas a sufrir los males de los lugares donde habitan, o deben tener la posibilidad de viajar a otro lado del planeta a buscar mejores expectativas de vida? Los derechos humanos arriba mencionados, sobre todo en ciertos países, implican necesariamente a la migración porque sólo mediante ella pueden cumplirse o, al menos, no estar negados. En otras palabras, sin la migración estos derechos humanos de millones de personas en el mundo resultarían nugatorios.

En los últimos años, hemos observado un aumento de las migraciones y los desplazamientos provocados por conflictos, persecuciones, situaciones de degradación y cambio ambiental, y una acusada falta de oportunidades y seguridad humana. Y en el mundo los migrantes internacionales ascienden a 244 millones de personas, cuando en el 2003 se proyectó esa cifra… ¡pero para el 2050! Es decir, la realidad se aceleró considerablemente. Los conflictos, los efectos negativos del cambio climático y los problemas de seguridad elemental para conservar la vida, han crecido a ritmos no previstos hace unos pocos años (el 2003). El deterioro de las condiciones de vida de masas enormes de personas, unos 740 millones que son además migrantes internos en sus países, es demasiado rápido. Vivimos una jungla desertificada y bajo fuego para las personas de menores oportunidades. Hay que entender las causas de los desplazamientos de población para no hacer afirmaciones estultas como algunos zacatecanos opinando como Trump. Y saber que son fenómenos mundiales, que los vemos en Siria, el norte de África, el este de Europa y, claro está, de sur a norte en América.

Las asimetrías salariales de los países expulsores y los que reciben los flujos migratorios son para sorprenderse: el promedio es 4 a 1, pero en México respecto a EEUU es 8 a 1, y puede llegar a 15 a 1. Con esas asimetrías en la estructura de la globalización es natural observar el desplazamiento de la población. Las remesas han crecido en forma exponencial: en 1990 los migrantes en Norteamérica (de todos los países) enviaron 29 mil millones de dólares, en el año 2 mil ascendió la cifra a 74 mil millones, y en el 2016 la cantidad ya se calcula en 429 mil millones de dólares. En esas cifras van contados los mexicanos y, aun más, los zacatecanos: el 13 por ciento de los hogares locales dependen de las remesas de los migrantes. Con ellas se compara la comida, se mantiene la educación y salud de miles de hogares nuestros.

Como podemos observar, hay razones contundentes para formar un criterio cierto respecto al proceso migratorio y defender el derecho humano que tienen las familias de centroamericanos de llegar al país que han elegido como destino. Y exigir a nuestros senadores que presenten a la brevedad una iniciativa en relación al trato migratorio que tiene México con los siete países centroamericanos. Todos somos caminantes y de alguna manera migrantes: hagamos esta jungla respirable. ¿Hay alguna iniciativa de los senadores en torno al cambio de leyes migratorias con Centroamérica?

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