La Plácida vigilancia de Brito: los mecanismos de la heteronomía

La Plácida vigilancia de Brito: los mecanismos de la heteronomía

Todas las mejores hipótesis para hacer efectivos los órganos dedicados a vigilar e investigar posibles delitos de corrupción se orientan a procurar la entera separación de los vigilados con los vigilantes. La enorme burocracia de segundo piso, que además cuesta mucho dinero al erario, es inútil si no evita que se fugue el recurso público hacia el bolsillo de particulares. Porque así estamos ante una doble pérdida: la fugada y los costos de burocracias inútiles. La pregunta es, ¿porqué esos objetivos han sido inalcanzables?

La forma de integración de los responsables de los citados órganos de auditoria es a través de la definición del Poder Legislativo, en algunos casos es por inscripción voluntaria y en otros casos por ternas propuestas por el Ejecutivo. El asunto aquí es que la interfaz entre el Ejecutivo y el Legislativo es la previa integración de este último por diputados del partido del gobernante que hipotéticamente debería ser vigilado. Así, la correa de transmisión de los intereses del gobernador es el conjunto de ‘sus’ diputados. Esto es, en la elección de los vigilantes hay un vicio fuerte: un mecanismo de control del gobernante a través de los diputados de su partido. Hay otro dispositivo con el que cuenta el gobernador en turno para afianzar su control sobre la votación en la legislatura: la negociación con los diputados de oposición a través de las respuestas a los procesos de gestión que a éstos les interesa. Si un diputado representa una zona rural y requiere apoyos agropecuarios, entonces se establece una manera de intercambio: el voto por el apoyo. El diputado siempre tendrá prioridad de darle respuesta a la gestión de sus representados por sobre la elección de burócratas vigilantes. Como podemos observar, la forma de elección de los vigilantes está plagada de mecanismos de control a favor del Ejecutivo. Y como lo que puede ocurrir, sin duda terminará ocurriendo, pues no podemos tener esperanza alguna en que dichos organismos funcionen para equilibrar el manejo de la administración pública.

Lo único que podría mejorar las cosas es contar con una forma de elección con posibilidades muy débiles de control. Por ejemplo, la posibilidad de que un cúmulo de personas pasaran un examen elaborado con anterioridad a la integración de los voluntarios, y de los primeros 5 lugares aprobados con escrutinio público, someterlos a sorteo. Un mecanismo de este tipo evita las votaciones de los legisladores, y por tanto, la correa de control desde el Ejecutivo. Los conocimientos demostrados públicamente y el sorteo posterior, baja al mínimo todas las formas de control. Y lo más importante: el elegido no debe nada al gobernante por su puesto. Se lo debe a sus competencias demostradas. Pero el mecanismo de control se reproduce al infinito cuando sabemos que un mecanismo de este tipo debe ser aprobado por las cámaras legislativas, lo cual es muy difícil que ocurra. Lo contrario de la autonomía es la heteronomía de la vigilancia. El origen del vicio. En este contexto y bajo los actuales mecanismos de control, es muy probable que Brito resulte reelecto en su puesto. El contador de El Contador, seguirá siendo un plácido vigilante.

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