Lucia Berlin. Desde la profunda noche oscura del alma

Lucia Berlin. Desde la profunda noche oscura del alma

La Gualdra 379 / Libros / Op. Cit.

 

 

Una noche en el paraíso, el segundo libro de relatos de la norteamericana Lucia Berlin (1936-2004) lo confirma: la autora escribió lo que vivió. Sus breves narraciones, alrededor de un centenar, recogen experiencias, gozosas y traumáticas, de una cotidianidad signada por la normalidad. Nada del otro mundo, aunque el suyo fue sin duda un universo bien marcado por la altísima sensibilidad, y que como sin proponérselo terminó anclada en la narrativa.

Dos años después de que se revelara al lector en español la obra de Berlin, con la publicación de Manual para mujeres de la limpieza, circula ahora Una noche en el paraíso. Textos en verdad menos vibrantes a los previos, “en la profunda noche oscura del alma las licorerías y los bares están cerrados”, no por ello exentos de la humanidad de la misma autora, “ya sabes, limpias el piso, pides prestada una camioneta, colocas las estanterías, tomas cervezas, sacas las cosas de las cajas y te desplomas”.

Narraciones que razonablemente representan a los espacios y los tiempos que Berlin transitó por este país, si bien, adelanta su hijo Mark en el prólogo a la edición, “vivir en México le daba terror”.

“Escorpiones, lombrices intestinales, cocos que caían de las palmeras, policía corrupta y astutos traficantes de droga; pero como recordamos el día antes de su cumpleaños, de algún modo habíamos sobrevivido”, detalla Mark en “La historia es lo que cuenta”, texto de apertura de Manual

De vida errante, cuatro hijos, tres maridos y un alcoholismo que al paso de los años pareciera ensalzarse, Berlin pasaría temporadas en diferentes ciudades de México y en la frontera con Estados Unidos. “Vamos a ver, yo bebo. Jack Daniel es mi amigo. Pero aun así conservo el sentido del humor”.

Conducta que desde la perspectiva de hijo y de actor central de esa realidad, el mismo Mark explica:

“Mucho se han cargado las tintas en su alcoholismo y ella tuvo que luchar contra la vergüenza de ese estigma, pero al final vivió casi dos décadas sobria, en las que produjo lo mejor de su obra, y además inspiró a buena parte de la nueva generación con sus clases. Eso no sorprende, porque desde los veinte años enseñaba intermitentemente”.

“Hubo momentos duros, incluso peligrosos. A veces se preguntaba en voz alta por qué no vino nadie a sacarnos de allí cuando éramos unos críos y ella tocó fondo. No sé, salimos adelante. Todos nos habríamos marchitado en un barrio residencial: éramos la banda de los Berlin […]. Las madres se preocupan, y Lucia era una gran madre. También sabía que yo sobreviviría, que continuaría escribiendo y creando”.

 

En México

Dos de estas recién editadas narraciones despliegan con más detalle el escenario y la trama mexicana en Berlin. “Una noche en el paraíso”, donde se recrean episodios de la filmación, en Puerto Vallarta, de la célebre La noche de la iguana; la de Garden, Burton, Taylor, Huston. “El señor Huston volvió adentro y se sentó en «su» amplio reservado. Llegaron Richard y Liz. Allá donde iban era como si alguien lanzara una granada por la ventana. Estallaban los flashes, la gente gemía y chilaba, gritaba «¡Aaah, aaah!». Las sillas rascaban el suelo y se caían, las copas se hacían añicos. Correteos de aquí para allá”.

Y “Sombra”, en la que Jane, “profesora retirada, divorciada, con hijos ya mayores”, será testigo de un drama por partida doble en la misma Plaza (de toros) México.

Luego de veinte años de haber vivido en Oaxaca en compañía de sus hijos, Jane vuelve al país en calidad de viajante solitaria. “Pero ayer, en Teotihuacán, fue magnífico que hubiera querido decirlo en voz alta, confirmar el color del maguey”.

“Había disfrutado cuando estuvo sola en Francia, poder deambular a su antojo, hablar con la gente. México fue duro. La calidez de los mexicanos acentuaba su soledad, el pasado perdido”.

Es entonces que Jane se acerca a un grupo de turistas, en la recepción del Hotel Majestic, que acudirán esa tarde a una corrida de toros. “La plaza inmensa, la afición y los fanáticos eran demasiado que encarar el solitario. Imagina, cincuenta mil mexicanos que llegan puntualmente, mucho antes de las cuatro de la tarde, cuando las puertas están todavía cerradas. Por respeto a los toros, le dijo el conductor del taxi”.

Avanzada la trama e incorporados los nuevos personajes, que junto a Jane experimentarán el drama, la narración lo dice:

“Es un rito, pensó Jane mientras sonaba la trompeta. No una representación, sino una consagración a la muerte”.

 

 

Lucia Berlin, Una noche en el paraíso, Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino, Alfaguara, España, 2018, 282 pp.

* @mauflos

 

 

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