Rinde comunidad unversitaria homenaje póstumo a Vicente Ortega Cisneros

Rinde comunidad unversitaria homenaje póstumo a Vicente Ortega Cisneros
El acto se realizó en la sede del centro de estudios ubicado en el Campus UAZ Siglo 21 ■ fotos: andrés sánchez

■ El ex profesor nació en 1956 y egresó de la carrera de Medicina Humana en 1980

■ Las memorias compartidas lo señalaron como un hombre entregado a la docencia

 

La comunidad universitaria de la Autónoma de Zacatecas rindió homenaje póstumo al hasta este miércoles 20 de marzo, director de la Unidad Académica de Medicina Humana y Ciencias de la Salud, ex responsable de su Programa de Médico General, y docente investigador, Vicente Ortega Cisneros.

El acto se realizó en la sede del centro de estudios ubicado en el Campus UAZ Siglo 21 con la presencia e intervención del Rector Antonio Guzmán Fernández, administrativos y familiares del extinto profesor nacido en 1956, egresado de la carrera de Medicina Humana en 1980, y quien fuera elegido en 2016 como director de la citada institución, responsabilidad que culminaría en el año 2020.

Las memorias compartidas refirieron a Ortega Cisneros como un hombre entregado a la docencia, de gran calidad humana, tenacidad para conseguir sus objetivos, sentido del humor, íntegro y honesto.

“Hoy abrigando una gran pena los universitarios zacatecanos nos hemos reunido para rendir un merecido homenaje póstumo a un hombre destacado sensible y especial, a un médico de genuina vocación y a un apreciado compañero”, dijo Guzmán Fernández dirigiéndose a la viuda del docente, María del Carmen Piña Cabrera, sus hijas Maura y Mary Carmen, y sus hermanos, así como a maestros, alumnos y administrativos.

Lamentó su pérdida y agregó que “porque esperábamos más frutos de su labor académica y administrativa, además de sus características como persona, sin embargo, podemos decir que fue estupendo compartir parte de su vida, de su entrega en la academia, de su habilidad profesional y de sus valores éticos y humanos”.

En su momento Francisco Luna Pacheco, coordinador del área de Ciencias de la Salud, ofreció una semblanza del médico en su calidad de condiscípulo desde que compartieron la instrucción en la Preparatoria 2 de la UAZ, de la que fueron egresados de su segunda generación, y luego compañero en la docencia en la citada institución.

Vicente Ortega Cisneros dijo, nació en 1956, ingresó a la entonces Escuela de Medicina de la UAZ en 1975 para graduarse cinco años después.
El académico cursó maestría en Ciencias de Salud y un doctorado en Educación. Fue Responsable del Programa de Médico General (2012-2016) y Director de la Unidad Académica de Medicina Humana y Ciencias de Salud de la Máxima Casa de Estudios en el estado.

“Estamos seguros de que su existencia no ha terminado ni se ha extinguido con su partida. Es más, estamos seguros de que la llama encendida en el campo de la anatomía y la docencia transcenderá a través de sus alumnos médicos que contribuyó a formar con más de 42 años de vida universitaria”.

“Su presencia, su chispa, su buen humor; lo bromista y lo humano, le mereció el sobrenombre del ‘Pachente´ para sus amigos más cercanos”, dijo.

Luna Pacheco trajo de la añoranza “recuerdos imborrables” de la vida estudiantil que compartieron ambos, “anécdotas, vivencias y convivencias que se quedarán guardadas en nuestros corazones: buen compañero y amigo, profesor y maestro”, de quien dijo, “vivió la vida con entrega, integridad y convicción”.

William Humberto Ortiz Briceño, responsable del Programa Académico de Licenciatura de Médico General de la UAZ, agregó a esta lectura de la vida y obra de Vicente Ortega Cisneros, que fue un guerrero siempre, con características de imaginación, cordura y esperanza, impresas en conseguir todo lo que se proponía.

“Para mí es difícil hablar de un amigo, pero quiero dejarles a todos ustedes un bello recuerdo, y que todas las metas que él había dicho, si acaso una o dos no sean cumplido, pero los pido a todos que como unidad de Medicina llevemos esas metas a un feliz término”.

Por parte de la familia habló su hermano, el también docente investigador en la Unidad Académica de Medicina Humana y Ciencias de la Salud, Miguel Ortega Cisneros, y su hija Maura Luz Ortega Piña.

El primero agradeció a “Vicente” que les diera como familia su fuerza y coraje, y lo describió como alguien que “derrochó su corazón y compartió la victoria con todos, que le regaló su conocimiento medicinal al desprotegido, que inspiró su casta a su esposa e hijas, a sus hermanos y a sus alumnos”.

Con voz contundente dijo que fue “un rebelde con causa, amigo del prójimo y enemigo tenaz de la deshonestidad. Destruyó personalmente la teoría mezquina de la tranza…Vicente no tranzó y avanzó, no fue monedita de oro pero sí resplandor en su camino vital” que será recordado dentro de la Unidad Académica de Medicina, adelantó, “como el profesor convencido de que se puede instrumentar un cambio contundente a la academia”.

Con un breve pero emotivo discurso, que tuvo como prefacio el anuncio de la ruptura del protocolo, “pero es lo que mi papá hacía” (expresión que obtuvo la confirmación con risas de los presentes), Maura Luz Ortega irrumpió con un “no chinguen, en serio, no me imaginaba esto. No sabía que mi papá tenía tanta gente que lo quería, no sabía que él tenía este…esto, la verdad no sabía”.

Con repetidas gracias a “nombre de como decía mi papá, sus viejas”, agregó en respuesta a las muestras de cariño: “Los llevo en mi corazón”.
“Gracias a todo su equipo, no quiero mencionar nombres, gracias porque su último evento fue como él hubiera querido, salió perfecto; él siempre va a estar con ustedes, los va a guiar y los va llevar a que el proyecto que tiene pendiente y que dejó pendiente Vicentito, salga adelante”.

La perfección del evento tuvo como gesto que alcanzó a cimbrar las fibras emocionales de la comunidad de la Universidad Autónoma de Zacatecas, constituida por administrativos, docentes, alumnos, trabajadores y funcionarios del Spauaz, en cuya representación se hicieron sendas guardias de honor al cuerpo del extinto maestro, la intervención de profesores de la Unidad Académica de Artes, quienes interpretaron el Ave María de Giulio Caccini, y de la ópera Nabuco de Verdi, el coro Va pensiero.

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