Reelección y Revocación: caras inversas de la evaluación ciudadana

Reelección y Revocación: caras inversas de la evaluación ciudadana

La oposición a la reelección es parte de los traumas inconscientes de la nación mexicana. Los mexicanos tenemos una memoria traumatizada: Santa Ana y Porfirio Díaz son dos presidentes que se reeligieron y constituyeron brutales tiranías. El primero fue 11 veces presidente y el segundo lo fue una vez, pero por 30 años. Y en ambos casos, fueron caudillos reconocidos al inicio (Porfirio casi un Héroe de la defensa contra la invasión francesa) y con la reelección se convirtieron en tiranos de la historia de México. Es decir, la memoria de los mexicanos asocia reelección con opresión, despotismo y dictadura. Lo cual contrasta con los regímenes democráticos modernos que contemplan la reelección entre sus procedimientos normales de rendición de cuentas, continuidad de gobiernos virtuosos y formas de evaluación social de los representantes populares.

En el caso de México se logró superar el trauma histórico de la reelección-dictadura, en el caso de los municipios y legisladores. Pero la Presidencia de la República es el lugar manchado. No siempre fue así: Juárez se reeligió hasta el momento de su muerte y nadie se traumó por esos eventos. Recordemos que la revuelta de Porfirio contra Juárez fue con el estandarte de “no reelección”. Así como lo oyen: Porfirio Díaz ascendió a la Presidencia con el estandarte de la no-reelección. Paradojas de la historia de México. Pues bien, con lo antes dicho queremos decir que la reelección no es un procedimiento nefasto per-se; sino que la significación histórica de la misma en México ha sido mala.

En estos días hemos visto múltiples manifestaciones contra la propuesta de la revocación del mandato, con el temor de que eso llevará a la reelección presidencial. Estulticia. Es justo su reverso: así como hay la posibilidad de que se reconozca el buen desempeño de un gobernante y se le permita la repetición del cargo para que continué la buena obra, también hay la posibilidad de que se le retire anticipadamente del cargo por mal desempeño. Si se aprobó la reelección para alcaldes, se debe aprobar su revocación. Como podemos observar, son las dos caras de la moneda. En el caso de legisladores y alcaldes tendrán revocación y reelección juntas. Pero en el caso especial de la Presidencia de la República es muy difícil, dado el trauma histórico del que hablamos arriba. Ahí no se puede hablar de reelección: es un tabú. El debate se dio tan álgido que AMLO firmó un compromiso de no reelegirse.

Pero en fin, no vemos que la reelección sea un procedimiento nefasto per-se; puede muy bien ser una forma de evaluación ciudadana de un ejercicio de gobierno. En México debemos superar la asociación ‘reelección-dictadura’. Es cosa de que tengamos transparencia y control ciudadano de los actos de gobierno que den confianza a los ciudadanos del poder que tienen al mandar que un gobernante repita su mandato. Pero ahora mismo, eso aun no ocurre: las elecciones son objeto de sospecha de manipulación desde el poder. En otras palabras: el trauma de la reelección se habrá superado el día que no exista la sospecha de que las decisiones populares son producto de manipulaciones desde el poder. Cuando exista una verdadera cultura de ciudadanía en la población de este país. Por lo pronto es sano detener la reelección y también es un acto de salud no ver ese fantasma en todos lados. Ahora aplaudamos la posibilidad de la revocación de mandato, que en automático no significa la reelección. ¡Salud!

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