Salud Mental, de la clínica a la gestión pública: nuevos horizontes

Salud Mental, de la clínica a la gestión pública: nuevos horizontes

El ámbito de la salud se ha centrado en el modelo de la clínica: ubicaba la enfermedad en alguna lesión dentro de la geografía del cuerpo, en un órgano específico. Dicha lesión la conocían a través de un mecanismo fisiológico preciso, de intercambio de sustancias y reducible a un intercambio químico. La enseñanza de la medicina, desde la Francia napoleónica, se restringió a esta visión de la salud y su consecuente forma institucional: el hospital.

Desde la Europa del siglo 18 al siglo 20, se partió de supuestos dualistas del hombre. Las así llamadas ‘pasiones’ eran ubicadas en el ‘alma’. Y como esta realidad era considerada incorpórea, pues no había manera que se estudiara con el modelo de la clínica. Aunque en el siglo 20, la psiquiatría ya vinculaba sustancias químicas con formas de comportamiento, pero no dejaba de ser el ámbito de ‘lo mental’ algo marginal en el terreno de la salud. Su situación de marginalidad se reducía a sistemas de encierro y aislamiento de las personas clasificadas en la locura. Es decir, se asociaba problemas de salud mental sólo a eventos de fugas de la realidad o locura. Con el Psicoanálisis se cayó en la cuenta de síntomas que no se asociaban a lesiones corporales específicos y se elaboró la idea de ‘neurosis’ como un choque o brecha entre el deseo y la cultura. El discurso de la psicología en los últimos años fue dirigido no a la locura sino a la situación de normalidad y vida cotidiana de todos nosotros. Las décadas finales del siglo 20 han sido de ruptura y cuestionamiento del viejo esquema clínico del que hablamos arriba.

Así las cosas, la neurosis inevitable de todas las personas, la ansiedad, la frustración, el estrés, los cientos de complicaciones que ponen en drama el equilibrio emocional, la soledad, la autoestima, alegrías y el complejo tema de la vocación, todo, es producto de la realidad humana que vive en un mundo, no sólo en una lesión corporal.

En suma, la salud, ese complejo equilibrio no sólo de sustancias químicas, sino de la vida de cada uno con su mundo, debe ser cuidado como uno de los mayores intereses de los poderes públicos. El alma no es algo que está dentro o al interior de un cuerpo, sino algo que se desarrolla entre las personas. La salud mental debe ser una prioridad porque funda el objetivo que tenemos en la vida: ser lo más felices que podamos ser. Una política correcta de salud mental es como el diamante que guarda el castillo. No creemos que ya se haya logrado el modelo ideal para hacerlo, sin embargo, el impulso de normatividad que obligue al Estado a atender el tema es un gran avance. Esperamos que en pocos años sea parte de la gestión pública en México.

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