Actualidad: repensar la relación ente Ejército y Seguridad Nacional

Actualidad: repensar la relación ente Ejército y Seguridad Nacional

Es muy difícil pensar un Estado sin ejército. Sin embargo, hay algunos países (como Costa Rica) que no lo tienen. Un Estado (para serlo) debe contar con una serie de monopolios que, además, debe sostener con ayuda de la fuerza: la hacienda pública, la emisión de dinero y decretar leyes vinculantes dentro de un territorio perfectamente delimitado. Siempre habrá posibilidades de que el territorio sea invadido por otras naciones o fuerzas privadas, que poderes internos pongan en duda la continuidad de los monopolios de un Estado determinado. Por ejemplo, Panamá que declaró no tener ejército, mantiene fuerzas castrenses en las fronteras con Colombia. Y este último país, con guerra interna, es impensable sin ejército.

La historia de México del siglo 19 fue de una enorme densidad bélica. No es gratuito el contenido del Himno Nacional Mexicano: es un canto al valor guerrero de los mexicanos y al amor de su patria. Pero ya en la segunda mitad del siglo 20 los conflictos bélicos no se presentaron. Muchos pensaríamos que la historia va superando etapas. Sin embargo, los movimientos fascistas agresivos y belicosos de los últimos años, nos hace pensar que eso de ‘etapa superada’ es un supuesto con el cual no podemos contar. El mal siempre puede regresar. Los ejércitos pueden servir para defender un Estado de Derecho como para destruirlo. Pero en esos momentos siempre está presente una fuerza militar profesional que defiende al Estado. En este contexto es que se hizo la diferencia de las tareas de seguridad nacional de las de seguridad pública.

Los riesgos de la seguridad nacional no sólo residen en fuerzas extranjeras, sino internas al país. En esos casos la fuerza que debe contener dichas amenazas debe ser lo suficientemente sólida para enfrenarse a capacidades de fuego de alto impacto. La comisión de delitos del fuero común o del fuero federal, que requieren investigación específica y el seguimiento de protocolos que protejan los derechos humanos de los imputados, debe ser objeto de cuerpos de seguridad que tengan como objetivo una actuación de acuerdo a estos marcos.

Lo que sí es claramente posible es reducir al máximo las fuerzas castrenses responsables de la seguridad nacional y reconducir la enorme cantidad de recursos que estas reciben por año a fuerzas civiles con mandos controlados democráticamente que den garantías de seguridad pública a la nación y otras tareas de apoyo, como la atención de desastres o la prevención de riesgos. Un ejército, por definición, no puede tener control democrático. Tiene necesidad de una estructura de mando no sólo completamente vertical y asimétrica, sino paralela a las instituciones democráticas del Estado. Sabemos de espacios del Derecho que son exclusivos para fuerzas castrenses. En suma, una vez creada la Guardia Nacional, puede repensarse el papel del ejército y reducirse al máximo. Y prevenir sobre todo que pueda tener acceso a poder político. Esto es, debemos repensar la relación que hay entre el ejército y las tareas del cuidado de la seguridad nacional.

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