El tema de las guarderías: ¿patrón sexenal o noviciado de gobierno?

El tema de las guarderías: ¿patrón sexenal o noviciado de gobierno?

“¿Quién y cómo se toman las decisiones en el gobierno?” Esta pregunta es básica para tener la idea de qué tipo de gobierno se ejerce. La clasificación de un gobierno depende de la respuesta a esta pregunta. Si las decisiones las toma en forma colegiada, deliberada y participativa, afirmamos que estamos ante un gobierno democrático; y si se deciden los programas sin información, con acuerdos político-electorales y buscando la sola reproducción del poder, lo clasificamos como autista. Y si se deciden los presupuestos sin evidencias y sin planeación, entonces colocamos a dicho gobierno entre los improvisados. Y no sólo, los criterios valorales son importantes: si las decisiones afectan a banqueros o a campesinos pobres, a niños de la calle o a Carlos Slim. Esto último permite observar el tipo de gobierno no según sus capacidades técnicas, sino su posición en la geometría política.

Pues bien, si analizamos la decisión sobre la suspensión de apoyo presupuestal al sistema de Estancias Infantiles, debemos estar preocupados: tiene una de las peores clasificaciones que podamos hacer. Veamos. Se decide cortar el apoyo a un tema esencial del desarrollo social del país porque se encontraron irregularidades en algunas de ellas, como el caso de guarderías que en lugar de tener 30 niños atendían a 15, y porque la subrogación de algunas otras se hizo con criterios de afinidad política. La función del gobierno es contar primero con un diagnóstico con criterios públicos, deliberados y participativos (o al menos claramente legitimados); después, sobre la base de dicho diagnóstico, proponer los cambios y construir un proceso vigilado de implementación. De lo contrario, se genera un gobierno bárbaro: la combinación de despotismo e ignorancia. Si hay corrupción en el sistema de Estancias, deben saber, ¿en cuáles? Si no sé en cuales, entonces puedo afectar a guarderías que hacen bien su trabajo y son inocentes. Pues bien, la decisión que tomó el gobierno federal es pésima: sin diagnóstico y sin estrategia para no afectar a los inocentes de aquello que arguyen como el móvil de la decisión. Si hacemos un análisis elemental de la lógica de su decisión y la universalizamos, resulta que… ¡se tendrían que cerrar todos los programas de gobierno! La lógica dice: “cerré todo el programa porque percibí algunos casos de corrupción”. Pues como seguramente podemos encontrar algunos casos de corrupción en todos los programas de gobierno, luego entonces, se deben cerrar todos esos programas. ¡Absurdo! Lo medianamente prudente es no sólo contar con el diagnóstico al que nos referimos, sino una o dos estrategias posibles, para lograr alcanzar el objetivo social que esos programas tienen.

Al bote-pronto se propone la vieja idea neoliberal de los ‘váucher’: darle el dinero al cliente para que escoja el ‘mejor’ tendero. En algunos casos de venta de servicios públicos puede no ser mala idea, ¿pero es la mejor idea para el caso de Estancias y Educación infantil? Hay un serio debate sobre el particular. Pero nunca se abrió la cuestión al debate público. Y eso ocurrió en todos los aspectos del problema: no se debatió nada antes de tomar la decisión.

Las guarderías tienen dos objetivos que son muy sensibles: (1) es una medida para la equidad de género, porque es a través de estos programas como las mujeres disminuyen la brutal pobreza de tiempo en la que están hundidas. Pobreza de tiempo que tiene efectos multiplicadores de primer orden: oportunidades laborales, de estudio y de movilidad social. Es decir, el tema no es menor. Y (2) la educación con los infantes: en una Estancia Infantil no sólo se guarda o cuida un niño, sino que se educa. Se les da estimulación temprana y socialización. Así, cuando el señor de Hacienda dijo que a los niños “los cuiden los abuelos”, muestra la idea de la que parte. Cree que es un asunto de cuidar a los niños, no de educarlos. Lo cual se enlaza con todo el campo (como me señaló una compañera de trabajo) de políticas transversales con enfoques de infancia. No podemos querer tanto, si estos dirigentes de gobierno no alcanzan a ver que una guardería no es un mero establecimiento para cuidar a los bebos, menos tendrán la mirada de “políticas transversales con enfoque de infancia”. Lo cual, efectivamente, debería tener un plan de gobierno.

Ahora, desde la perspectiva valoral, se perjudica a las 300 mil madres que son beneficiarias de esos programas, a los 8 mil niños que ahora parecen maleta entre parientes, a las 1,150 empleadas y a todos los ciudadanos que ya traemos el Jesús mío en la boca, ¿qué seguirá? En suma, se está afectando al pueblo bueno.

La pregunta es, ¿se trata de un patrón en la toma de decisiones? Hay elementos para pensar que hay algo de eso. Por ejemplo, el recorte a las universidades públicas se realizó con el mismo argumento, que había corrupción en las mismas, ya que se tenia noticia de una cosa llamada Estafa Maestra. El desplazamiento de organizaciones como sujetos de programas sociales se ejecutó con el argumento de que había algunas organizaciones que eran clientelares. En los dos casos se contra-argumentó pero a una decisión ya tomada. No ha habido debates ex-ante, sino que todos han sido ex-post. Mal presagio. Esperemos que se trate sólo de tropiezos de noviciado y no de un patrón sexenal. Y así lo espero, porque no deseo otro sexenio de Sísifo.

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