El abandono de La Quemada se realizó gradualmente y no fue súbito: Torreblanca

El abandono de La Quemada se realizó gradualmente y no fue súbito: Torreblanca
Carlos Alberto Torreblanca Padilla, arqueólogo del INAH dio a conocer los hallazgos del sitio en conferencia sobre el declive y abandono de la frontera norte de Mesoamérica ■ foto: alma ríos

■ Estudios arrojan dos fechas diferentes de ocurrencia de incendios

 

Hoy en día La Quemada sigue asombrando con los hallazgos acerca de la cultura que le dio origen, y hay mucho aún por descubrir de la mano de nuevas metodologías y técnicas “para acercarnos al pasado”. El avance en el conocimiento del sitio ha ido de la especulación a los datos duros obtenidos con el respaldo de una ciencia cada vez más avanzada.

“En esta ocasión tenemos la oportunidad de trabajar con el Instituto de Geofísica de la UNAM a través de un estudio que se llama arqueomagnetismo u orientación magnética de los materiales ferrosos”.

A través de esta técnica ha podido determinarse la datación del abandono de la ciudad ya en fechas absolutas, después del año 900 al 1000 después de Cristo (DC), pero más relevante aún señaló Carlos Alberto Torreblanca Padilla, arqueólogo del INAH encargado del sitio, es que los estudios arrojaron que hubo dos fechas diferentes de ocurrencia de incendios que hablan de un abandono paulatino del lugar y no de un desplazamiento súbito de sus habitantes como antes se pensaba.

“Hacia la parte superior del cerro, en la cima, tenemos una fecha. Entre el año 900 al parecer, se incendió ese sector y se abandonó, pero siguió ocupándose la parte de abajo. El sitio no fue abandonado inmediatamente”.

La zona del salón de las columnas exhibe que el segundo desplazamientos habría ocurrido después del año mil 100, “cuando deciden cancelar la ciudad y terminan consumiendo –con el fuego- el último sector. Entonces hay un abandono gradual”.

Estos hallazgos derivan de las acciones de mantenimiento de La Quemada iniciadas en 2015 en el sitio arqueológico perteneciente a la Cultura del Valle de Malpaso que está ubicado en lo que actualmente es el municipio zacatecano de Villanueva, a unos 56 kilómetros al sur de la capital del estado.

En el año 2017 los trabajos realizados en el pórtico del salón de las columnas exhibieron mediante excavaciones indicios que podían contestar a una de las inquietudes que han prevalecido desde antes de su descubrimiento por los españoles que data del año 1542, su abandono.

“Mucho tiempo se ha especulado que la zona arqueológica fue abandonada después del 900 mil (DC) y por hallazgos ya de periodos anteriores de pisos y muros quemados se señalaba que un gran incendio había consumido la ciudad y la gente se había ido”.

La aparición de un piso “completamente quemado” que incluían vestigios de las vigas de madera que se consumieron por el fuego y algunos enseres domésticos de sus antiguos pobladores llamaron la atención de el arqueólogo por lo que acudieron con Avto Gogichaishvili, responsable en el Instituto de Geofísica de la UNAM Unidad Michoacán ubicado en Morelia, del Laboratorio Interinstitucional de Magnetismo Natural.

“Ellos a través de sus técnicas nos permitieron estudiar estos incendios. El arqueomagnetismo realiza estudios en pisos y suelos que estuvieron expuestos al fuego, cuyas partículas sobre todo ferrosas, se orientan hacia ciertos rumbos”.

Esta metodología permite establecer la antigüedad, “y más concretamente la fecha, en que se ocasionó un incendio”.

Los pisos en este caso, pudieron haber estado expuestos al fuego en diferentes momentos, pero lo que registran estos estudios es el último incendio. Con este conocimiento los arqueólogos del INAH supieron que la técnica era viable para conocer la información que buscaban.

“El doctor vino a La Quemada, hicimos un recorrido por el sitio atendiendo primero a las excavaciones, después subimos a la parte superior del cerro, de ahí se tomaron otras muestras. Luego se recuperó una muestra más amplia se llevaron los materiales a su laboratorio en Morelia”.

Carlos Alberto Torreblanca explicó que si antes la arqueología se auxiliaba del Carbono 14 para determinar la antigüedad de vestigios materiales, hoy las técnicas han variado y no solamente se utilizan como en ese caso aquellos de origen orgánico, “sino que ahora tenemos minerales, sobre todo ferrosos, que nos permiten hacer fechamientos y tener precisiones más exactas”.

“Si con el carbono 14 teníamos un rango de error de entre 100 o 50 años, estos van reduciéndose cada vez más”.

En este momento entre otras técnicas, la arqueología se apoya en el arqueomagnetismo pero también en la tecnología de drones y la fotogrametría. “Ya la ciencia está participando en la investigación del pasado y nos ha ayudado cada vez más a acercarnos y comprender estas culturas”.

Al lugar en estudio se le han dado diferentes nombres a través de los años, todos, sustentados en especulaciones, expuso.

Entre 1542 a 1545 la ciudad monumental que domina el Valle de Malpaso le fue mostrada por los indígenas al capitán Pedro Almíndez Chirinos. Y a raíz de que en la parte baja existía un asentamiento de indios zacatecos denominado Tuitlán, se le llamó de la misma forma. La respuesta que obtuvo del porqué de su abandono fue que había sucedido por falta de lluvia para la agricultura.

Más tarde ya en el siglo 17, Juan de Torquemada y Francisco Javier Clavijero, la referirían como el antiguo Chicomóstoc, el mítico lugar de las siete cuevas de donde se dice partieron las siete tribus nahuatlacas para fundar Tecnochtitlan.

La gente que empezó a asentarse en su entorno, asombrada por las grandes construcciones sobre una cima, la nombró asimismo El cerro de los edificios, agregó.

En ese momento que también fue utilizada como banco de materiales para construir casas, cercas y la hacienda, se dieron cuenta al extraer las lajas, de la existencia de vestigios de un incendio por lo que se le dio el nombre de La Quemada.

Para el primer tercio del siglo 19, un explorador alemán recorre el sitio y señala que ninguno de los nombres anteriores es el correcto sino Coalcámatl, el Cerro de las serpientes.

Ya en el siglo 20 los primeros arqueólogos y sus sucesores, que han trabajado en el sitio empezaron a establecer su distinción con respecto a Chicomóstoc, definiendo su ocupación en un periodo ocurrido entre el 600 al 900 DC.

“Lo que vemos de La Quemada corresponde a ese periodo y para quitarnos de especulaciones respecto de la cultura a la que pertenecía el asentamiento se le decidió llamar a toda esta tradición cultural como la Cultura del Valle de Malpaso”.

En torno a este centro rector se han encontrado 220 sitios con diferentes funciones que denotan la diversidad de sus actividades.

Con las investigaciones sustentadas en el arqueomagnestismo empieza a perfilarse de manera más clara su final, que pudo haber ocurrido quizá por conflictos internos en la población o cambios climáticos, dijo Torreblanca.

Ahora se sabe que esta emigración “no fue repentina como en un momento dado pensábamos, sino que fue gradual. Es decir, en el 900 (DC) se empiezan a ir quizás los sacerdotes, un grupo, y otros siguen allí y la siguen conservando como una ciudad sagrada, pero en el año 900 se van”.

Se han encontrado en La Quemada elementos arquitectónicos como los muros de serpientes y manifestaciones rituales como los tzompantlis que se verían más tarde en el centro de México con grupos como son los toltecas. Pero también el desplazamiento de sus pobladores dejó huella hacia el norte, en Durango, “es lo que conocemos como la Tradición Guadiana de la Cultura Chalchihuites”.

El estudio de las ciencias sociales en concreto, la arqueología, permite conocer cómo las culturas han resuelto a través del tiempo su problemáticas de sobrevivencia, “y qué hemos aprendido en toda esta larga historia no sólo para entender cómo fueron sino para mejorar nuestra sociedades en un futuro”, dijo el investigador.

Carlos Alberto Torreblanca Padilla ha trabajado en la zona de La Quemada durante 23 años. Ayer junto con Peter Jiménez, también connotado investigador del Centro INAH Zacatecas, y Avto Gogichaishvili del Instituto de Geofísica de la UNAM, ofrecieron la ponencia “El declive y abandono de la frontera norte de Mesoamérica: Nuevos hallazgos y revelaciones de la Zona de Monumentos Aqueológicos La Quemada”, con que dio inicio la Cátedra Federico Sescosse, que conmemora localmente el 80 aniversario del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

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