Reír Llorando

Reír Llorando

Muchas veces llegan las valores opuestos y hasta antagónicos a mostrarse de tal forma que ni las Contradicciones del profesor Mao ni las propuestas materio dialécticas del padrecito Marx enderezan los esquemas de la resignación del ciudadano peatón ante las decisiones que tienen que ver con el pensamiento megatérico de aquellos que se dan el lujo cachondo de decidir por los demás, en el caso de que los demás existieran en el universo de las consideraciones de una tarde de invierno, por parte de los ricachones del mundo.

En México existen muchos de esos. En estos tiempos transicionales de la Cuarta Transformación suelen encontrarse fenómenos tan importantes como que, ante el desencanto los fanático maniaco de los adoradores del Ritual del Fútbol Americano se ensalce la potencia defensiva de los equipos y que cuando al horroroso América le ponen una zapatería casi casi ortopédica, resulta que fue por su bien y para mejorar. Gracias León, hacía falta una lección de modestia.

Ante tales eventos pasó casi desapercibido a nivel nacional y universal, que en el ámbito local el gobierno del estado fue beneficiado con una resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para gravar a empresas mineras el impuesto ecológico. No he seguido muy de cerca la relación tormentosa entre los tres niveles de gobierno y los afortunadísimos individuos o consorcios que gozan de dicho privilegio, quienes de acuerdo al tamaño de sus concesiones se comportan como una aristocracia feudal con derechos ilimitados sobre vidas y haciendas de sus vasallos. Y es esa la creencia que cimienta ésta ya muy añeja lucha por superar todas las luchas particulares que se establecen entre los explotadores del subsuelo nacional y aquellos que se revuelven con sus convicciones por el derecho a una vida ambientalmente sana como dice en la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (LEGEEPA pa los cuates).

Esta ley, junto a la Norma Oficial Mexicana (NOM) y los Reglamentos que derivan de las diferentes formas de operación de la infinidad de actividades productivas y en ese tenor, todas las empresas de cualquier tamaño tienen cola que les pisen; para acabar pronto, si se aplicara la Ley y sus reglamentos todos los pobladores saldríamos mal parados, aunque pudiera emplearse como pretexto para aplicar una cruzada inmensa que tenga como objeto un proyecto inicial que enfatice la educación ambiental, nada más para empezar. Por otra parte existen las instancias normativas y jurídicas como la Secretaría del Medio Ambiente (sic) y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la Procuraduría Federal de Protección Ambiental (PROFEPA) y sus equivalentes en las administraciones estatales y municipales, para ya no seguir echándole tierra al inventario institucional.

Es más importante mantener un ambiente sano y sostenible que cobrarles una corta a las empresas mamut por permitirles seguir atentando contra el ambiente. Es preferible exigir que tengan formas de utilización que se apeguen a las normas a tener que utilizar los “impuestos” y el tesoro público para remediar las catástrofes ambientales derivadas de este tipo de explotación de los recursos. A menos que esté equivocado, es muy parecido a alguna ocurrencia como cobrar impuestos a los ladrones de combustible para llevar a cabo tareas de rehabilitación ambiental y darle un fondo legal a los ingresos así obtenidos.

Las compañía mineras jamás se han distinguido por su generosidad, más bien, se puede decir que succionan mucho y no regresan nada a cambio. Lo que queda tras de cualquier historia minera, es desolación. En cualquier época…, en cualquier parte del mundo, los únicos ganones son los dueños y nadie más. Así que ya es tiempo que esta actividad económica retribuya un poco más al estado, de acuerdo a las fortunas que de ahí se obtienen. Y si lo regresan con acciones preventivas de protección ambiental, que maravilla y mejor aún, que cada minera se hiciera cargo de financiar una o más escuelas en sus zonas de influencia. Como para darle un chance al futuro… del mundo.

En fin, si todas las instituciones antes mencionadas, apuntaladas con una bien orientada de sus pares en la Comisión Nacional del Agua y la Secretaría de Educación se pusieran las pilas para aplicar las actividades, las prácticas rutinarias, los fundamentos y las leyes sobre esta materia, no habría necesidad de toda esta mascarada.

Pero la intención es buena, aparentemente. Habrá qué conformarse con estos oximorones político económicos y no perder la compostura. Para concluir, los cuartetos primero y último del poema que inspiró este escrito:

REÍR LLORANDO

Viendo a Garrick -actor de la Inglaterra-
el pueblo al aplaudirlo le decía:
“Eres el más gracioso de la tierra,
y el más feliz…” y el cómico reía.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto,
y también a llorar con carcajadas.
Juan de Dios Peza

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