Violencia, género y asimetrías sociales: la tarea por la paz

Violencia, género y asimetrías sociales: la tarea por la paz

La discriminación positiva sirve para aminorar asimetrías. Y como las mujeres aun padecen de una serie de tratos desiguales, desventajosos e injustos, los cuales son factores que provocan diversos tipos de violencias, entonces se justifican programas públicos con prioridad a las mujeres. La violencia es una consecuencia de estados de desigualdad y asimetría. Por ejemplo, si en el hogar la visión del varón y los hijos suponen que la responsable de la limpieza de la casa es la mamá, pues esta última será objeto de agresiones o presiones hostiles si deja de realizar esas tareas. Se percibirá que incumple una tarea que el es esencial, como cuando los hijos faltan con las tareas escolares, son objeto de regaños y hasta de golpes. Lograr revertir esas visiones causantes de violencias es muy difícil.

Recordamos un programa en el Cozcyt que está dirigido a la competencia en gusto y habilidades en software de programación dirigido a niñas. Alguien podrá preguntarse por qué destinado a niñas, y la respuesta es que esas áreas son dominadas por varones y para equilibrar esa situación se requiere darle más al que tiene menos. Como el caso de las áreas académicas de las ingenierías que, aunque ahora un poco menos, son espacios ‘de Tobi’.

Pero la tarea es mucho más ardua que este tipo de medidas que arriba platicamos. Otro de los factores de violencias contra las mujeres es la constatación de que son más débiles físicamente y por ello les será difícil defenderse de agresiones directas de los varones. Esta ‘constatación’ es una perversidad que haría imposible vivir toda forma social: si se tomara como motivo de agresión la diferencia de fuerza, no podríamos vivir nunca en paz porque siempre hay alguien más fuerte que otro, respecto a ancianos, niños, y aun entre hombres. Por ello, es muy importante educar a los niños en la convivencia de paz y no-violencia. La educación para la convivencia pacífica es ahora esencial que se programe en las escuelas. Pero parece que deberemos re-discutir todo el currículum de la educación básica, que está concebido desde una academia que se ha olvidado de la vida. La escuela se ha olvidado del saber vivir: saber alimentarse, estar sano, cuidar a los hijos y convivir con el prójimo. Saberes vitales es lo que ahora necesitamos, no una academia gris, abstracta y teórica. Ya lo decía Fausto: verde es la vida y gris es la teoría.

Como podemos observar, la tarea para erradicar la violencia producto de las asimetrías sociales, entre la que está la brutal violencia de género, implica justamente erradicar esas asimetrías. Todo lo que podamos hacer en el hogar, la escuela y todas las instituciones sociales para disminuir las desigualdades injustas e injustificables, estaremos contribuyendo en mucho en bajar la intensa agresión a niñas y adultas. En suma: la paz es un efecto de la justicia y el saber vivir.

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