Es hora de iniciar el análisis de un incremento a los impuestos del sector bancario y financiero en México

Es hora de iniciar el análisis de un incremento a los impuestos del sector bancario y financiero en México

En virtud de la autonomía del Banco de México y su objetivo unico de garantizar el poder de compra de la moneda, el gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no controla la emisión de moneda, por lo que depende solamente de los recursos fiscales para financiar su gasto. Sin embargo, la promesa de campaña de no incrementar impuestos, no establecer nuevos y no recurrir a nueva deuda, puede limitar su capacidad de gasto e inversión. En esa circunstancia, cobran mucha importancia las decisiones de AMLO de combatir la corrupción en el sector público (robo de combustibles, proliferación de facturas falsas y empresas fantasma) y cabildear en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para que eliminen los criterios que han facilitado las recurrentes devoluciones de impuestos de algunos de los grandes contribuyentes del país. Con ello, el nuevo gobierno pretende obtener ingresos suficientes para financiar sus programas sociales y de infraestructura y, en general, para que los contribuyentes (empresas e individuos) puedan vender bienes y servicios al gobierno y adquirir la liquidez necesaria para poder cubrir con sus propias obligaciones tributarias. Si el gobierno no incrementa significativamente sus ingresos no podrá jugar su papel en el fortalecimiento del mercado interno ni el de estimular la inversión privada, ambos factores indispensables para el crecimiento económico de México y la correspondiente y muy necesaria generación de empleos.

Por eso es clave que tenga éxito en el esfuerzo de evitar la evasión de impuestos de los grandes contribuyentes e impedir las operaciones tipo Estafa Maestra. Debe quedarnos claro a todos que si el nuevo gobierno no logra aumentar significativamente sus ingresos, verá limitada su capacidad para obtener bienes y servicios del sector privado, y consecuentemente disminuirán las ventas e ingresos de este; además verá reducida su capacidad para cumplir con los compromisos establecidos con los distintos sectores sociales. También le será difícil alcanzar sus objetivos de superávit primario establecido para 2019 y de no aumento de la deuda pública. El alza de la tasa de interés de EUA y la del país, aumentan el costo de la deuda pública y si no se incrementan sus ingresos tributarios, el gobierno podría evaluar recurrir a nueva deuda a fin de no recortar sus programas sociales, así como las inversiones anunciada en Pemex, la CFE y en infraestructura. Esa decisión sería catastrófica para la cuarta transformación y un regalo para los opositores neoliberales que hacen todo lo posible por torpedear de mil maneras las decisiones de AMLO que comentamos antes.

Como afirma Arturo Huerta y otros economistas, al recurrir a mayor deuda los mercados financieros internacionales incrementarán la tasa de interés, complicando aun más las finanzas públicas. Y si opta por recortar algunos de sus programas sociales y de inversión, para mantener el equilibrio fiscal, menos crecerá la actividad económica, sin que el sector privado y las exportaciones puedan contrarrestar tal situación. Ante las resistencias de la élite del poder, existe un alto riesgo de que el combate a la corrupción y la evasión no genere los recursos necesarios para contrarrestar las presiones sobre las finanzas públicas y para mantener el gasto público. En esa circunstancia, es preferible que el gobierno revise su promesa de no incrementar impuestos, evaluando con mucho cuidado la posibilidad de gravar a los sectores de altos ingresos, como al sector bancario y financiero, que son los que han ganado con las políticas económicas predominantes hasta ahora. El aumento de impuestos al gran capital, reduciría el tamaño y la presencia de éste en la economía, y se potenciaría el gasto e inversión del gobierno para cumplir con los compromisos nacionales. El aumento de impuestos al sector financiero no afectaría el consumo, ni la inversión, ni la actividad económica, debido a que sus recursos circulan en el sector financiero-especulativo, que no irradian hacia lo productivo, además de que los sectores de altos ingresos consumen un porcentaje mínimo de sus ingresos, por lo que los impuestos a dicho sector tampoco afectarían el consumo total. Habría que evitar que el incremento a los impuestos al sector bancario–financiero sean trasladados a los usuarios y/o consumidores a través de mayores cobros de comisiones y servicios de las instituciones financieras, a fin de no afectar el consumo y la inversion del sector no financiero y por ende el crecimiento económico.

De esa manera, de acuerdo con Arturo Huerta: “El gobierno puede expandir el gasto aprovechando la capacidad ociosa y el desempleo existente en la economía, para así impulsar el crecimiento de la producción y el empleo, lo que permitiría compatibilizar objetivos de crecimiento económico, alto empleo con baja inflación, así como mejor bienestar social, sin caer en déficit fiscal y mayores niveles de endeudamiento”. ■

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