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Despacio que voy de prisa

Despacio que voy de prisa

Despacio que voy de prisa o rápido y con buen modo, estos podrían ser los humildes y marginales consejos de quien esto escribe al presidente López Obrador y su equipo de gobierno.

La frase o dicho atribuido a varios personajes históricos, significa que si queremos cumplir con una meta debemos actuar sin detenernos, con cuidado a la vez que con pasos firmes. Hay que hacer las cosas sin prisa pero sin pausa. Pero sobre todo, bien pensadas.

Tan pronto y ganó las elecciones el tabasqueño se puso a trabajar con su equipo cercano que integraría su gabinete. Emprendieron varias acciones y realizaron foros y consultas que fueron muy cuestionadas por la metodología y el universo de encuestados que participaron. Se observa en el ánimo del nuevo equipo de gobierno las prisas por actuar para cambiar muchas cosas sin pensar en las consecuencias inmediatas y mediatas que acarreen dichos cambios. La sociedad mexicana sigue dividida y polarizada entre los partidarios del presidente y sus adversarios y opositores. Basta con asomarse a las redes sociales y ver los mensajes cruzados para constatarlo.

A la fecha seguimos sin conocer con detalle que comprende en términos de objetivos, herramientas para su implementación y plazos el proyecto de la Cuarta transformación. Acaso consista en el combate a la corrupción e impunidad en todas sus formas y niveles, austeridad republicana y subsidiaridad a los pobres y marginados, según parecieran ser en los hechos las líneas generales del proyecto. Sin embargo un equipo inexperto en algunos de sus miembros, eclipsado por la luz que irradia el sol de Macuspana representa un problema. A esto se suma el riesgo de que los números no cuadren y con toda la austeridad y los recortes que incluyen la rebaja de salaros de altos funcionarios y despidos laborales, no se reúna el dinero suficiente para cumplir con los programas sociales.

Un ejemplo muy fresco de como el actual gobierno está actuando rápido, pero no siempre con el cuidado y buen modo que se necesita, es el caso de las gasolineras desabastecidas. Probablemente se equivocó la estrategia, falto previsión y falló la logística. Se cerraron ductos y esto provocó largas filas de molestos automovilistas por horas esperando la llegada de las pipas con combustible. Como celebramos la ley de los salarios máximos y el aumento a los mínimos, aplaudimos el combate al robo de energéticos que impunemente han estado haciendo los guachicoleros. También esperamos ver que se castigue a los culpables y se recupere lo robado a la nación. En el combate y castigo al hurto de gasolina hay consenso. Pero al cerrar ductos y optar por surtir las gasolinas por medio de pipas ha generado escases, misma que se ha agudizado sobre todo en el centro y occidente del país. El presidente insiste en que no hay desabasto dando a entender quizá que se sigue importando la que hace falta y llama a la calma. En contraste, no se provee con tiempo y cantidades que se necesitan a las estaciones expendedoras y estas no surten los tanques de los autos o lo hacen muy lentamente y racionando el producto a los usuarios, generando enojo, fastidio y malestar, a la vez que paralizando ciertas actividades y generando pérdidas en la economía, pues, ¿que no se mueve en estos tiempos con los derivados del petróleo?

Cuando era niño en las ocasiones en que me ponían mi padre y hermanos mayores a ayudar con alguna de las tareas del hogar y del campo, el consejo imperativo con el que nos ordenaban ponernos a trabajar era el de: “rápido y con buen modo”. Esto significaba poner manos a la obra de inmediato. Ser diligentes a la vez que hacer bien las cosas. Si esto no ocurría así, venia el consecuente regaño con los calificativos de (no seas) “argenudo”, tronchado o “trocho”. Tal cosa ocurría por ejemplo cuando al barrer un corral que resguardaba animales, dejábamos parte de la basura al no barrer bien.

Los problemas y desafíos del gobierno obradorista a los que se está enfrentado como es el caso de combatir y terminar con el delito del huachicol envuelto en el manto de la corrupción y la impunidad prohaijada en los últimos tres gobiernos, son muchos y complejos. Para salir airoso requiere tener un diagnostico real y objetivo de los mismos. Seguidamente debe pensar e implementar la logística como habrá de afrontarlos, buscando resultados rápidos con el menor daño posible a los ciudadanos. Más cuidado hay que tener cuando hay de por medio implicaciones jurídicas que impliquen desembolsos para resarcir daños.

El respaldo ciudadano con el que arribo el nuevo gobierno no es poca cosa en términos de confianza y expectativas ciudadanas por un cambio. Por estas razones se debe cuidar el bono democrático y la confianza que representan 30 millones de mexicanos que confiaron en Obrador, la mayor e histórica votación, para cambiar el estado de cosas.

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