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2018: ¿año de cambio histórico en México?

2018: ¿año de cambio histórico en México?

Se va 2018. A la mitad del año se realizó la votación más esperada. Una elección histórica porque cambió el escenario político nacional completamente. Los municipios, los estados (Ejecutivo y Legislativo) y el Congreso de la Unión. Todo el espectro de la dirigencia cambió de forma brusca: México se cambio de casa. Lo que es incuestionable es que el país cambió de élite dirigente. Pero debemos saber si el cambio de élites políticas se traduce en modificaciones de modelo económico, lógica de reproducción de la desigualdad, cifras de violencia extrema junto con la ansiada cohesión social, y otra realidad educativa. La expectativa de que al cambiar de grupo dirigente el país va a cambiar de estructuras económicas y sociales. Es decir, la esperanza que guía a la población en el tránsito político es nada modesto: el cambio de la realidad. Y es justo lo que prometió AMLO: la cuarta transformación. Es decir, con la llamada “cuarta transformación” está prometiendo un cambio histórico; nada menos. Están poniendo el gobierno de Andrés al nivel de la independencia de México, la Reforma, la Revolución Mexicana y el Cardenismo. En suma, se ha prometido con eso, un sexenio creador de otra realidad nacional.

El periodo de ‘presidente electo’ fue para (en comisión mixta) construir un programa de gobierno. En ese proceso se creó, en conjunto al gobierno saliente, el proyecto de presupuesto. Recordemos que un presupuesto es el instrumento de política pública que sintetiza todas las prioridades reales del gobierno en turno. Y ahora mismo hay problemas con actores claves como las universidades, los sindicatos, las organizaciones sociales y los clubes de migrantes. A las universidades públicas les disminuye (inicialmente) el subsidio federal, a los sindicatos los ignora, a las organizaciones sociales las excluye quitándoles su función de mediación de financiamiento de proyectos, y a los clubes les clausura el programa 3×1. Pero en este primer presupuesto no toca a los grandes poderes fácticos que tienen al fisco atado de manos. Así las cosas, hay un debate intenso a las primeras semanas del gobierno de López Obrador.

Llegamos a final de año con 8 universidades que se irán (probablemente) sin aguinaldo y sin segunda quincena de diciembre. Y con la amenaza de desaparecer los comedores y casas de estudiantes en la UAZ. Días inciertos y días de guardar: la navidad será un paréntesis para el respiro social. Enero será un mes de fuego. La aprobación del presente presupuesto será polémico y conflictivo. En este escenario, la pregunta es, ¿con quién hará la cuarta transformación? Si no es con los universitarios, las organizaciones sociales, los sindicatos, los migrantes o las organizaciones de indígenas, ¿con quién pues? Con la cantidad enorme de becarios, ¿está apostando a una transición generacional como pivote del cambio histórico en México? Tal vez. Llegamos al final de año como un blues azul de noche: no sabemos qué pasará al día siguiente, el año siguiente. Prometer cambiar la historia es osado. Ojalá y el signo histórico que guía a este nuevo gobierno sea Cárdenas y no Madero.

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