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Desayuno en Tiffany’s, mon ku ‘El Georges Pompidou de París dedica una retrospectiva al director de cine Isaki Lacuesta’

Desayuno en Tiffany’s, mon ku ‘El Georges Pompidou de París dedica una retrospectiva al director de cine Isaki Lacuesta’

La Gualdra 366 / Cine

 

El pasado lunes 26 de noviembre tuvo lugar la inauguración de la retrospectiva que el centro de arte contemporáneo Georges Pompidou le dedica al cineasta catalán Isaki Lacuesta hasta el 6 de enero del 2019. Este acontecimiento tiene su origen en la correspondencia filmada del cineasta de Girona con la directora japonesa Naomi Kawase, cuyas películas de ficción y documentales han sido también programadas en paralelo.

En 2008, el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona promovió la realización de este intercambio filmado entre distintos cineastas, entre los cuales se encontraba el mexicano Fernando Eimbcke, y que ha circulado por numerosos centros culturales en el mundo. El Centro Pompidou ha retomado en varias ocasiones una de estas correspondencias, dedicando una retrospectiva a cada uno de los cineastas, junto con la producción de una instalación audiovisual y la realización de un corto enmarcado en una serie llamada Où en êtes vous…

Una retrospectiva integral de sus largometrajes.

El Pompidou ha programado la retrospectiva de todos los largometrajes del director catalán, junto con una buena parte de los más de treinta cortometrajes que ha ido realizado a lo largo de su carrera, casi siempre en colaboración con su partenaire Isa Campo. Esta selección de trabajos representa la cara más conocida de un cineasta inquieto, que también ha participado en la creación de numerosas instalaciones y espectáculos sobre las bellas artes, y en particular la arquitectura, la danza y la pintura. Una práctica artística polifacética que recoge la primera monografía sobre el director, Le cinema d’Isaki Lacuesta, publicada en francés, que salió a la venta durante la retrospectiva.

La retrospectiva permite volver a ver algunas de sus películas esenciales, como el díptico sobre el pintor mallorquín Miquel Barceló rodado en Malí, compuesto por Los pasos dobles, una ficción inspirada por la forma del cuento oral, y que a través de

la figura del escritor francés François Augiéras juega con las identidades múltiples dentro de una composición de relatos engarzados, y por El cuaderno de barro, un documental sobre una performance del pintor y de Josef Nadj basada en los gestos cotidianos de los habitantes del país Dogón.

Entre dos aguas, su última película.

Uno de los principales atractivos de la sesión inaugural fue la proyección de su última película, Entre dos aguas, ganadora de la Concha de Oro en el último festival de San Sebastián, un premio que el director recogió por segunda vez en su carrera. La película supone el regreso a su segundo largometraje, La leyenda del tiempo, rodado en 2006, que contaba dos historias cruzadas, relacionadas con la pérdida de un ser querido. Éstas estaban ubicadas en la isla de San Fernando, en Cádiz, lugar de nacimiento del cantaor flamenco Camarón de la Isla.

La primera historia narraba el viaje a San Fernando de Makiko, una joven japonesa aficionada al flamenco, para aprender a cantar como Camarón y superar el dolor de la muerte de su padre, mientras que en la segunda un joven gitano, Isra, decidía dejar de cantar como forma de luto tras el fallecimiento de su progenitor. Esta película llevaba al ámbito de la ficción una serie de formas propias del documental, género en el que se inscribía su ópera prima, Cravan vs Cravan, un trabajo que investigaba la figura del poeta y boxeador dadaísta Arthur Cravan. Esta aproximación singular a la ficción supuso en su momento una renovación de los códigos cinematográficos imperantes en el cine español.

Hacia un hiperrealismo

En Entre dos aguas, realizada doce años después, Isra ha crecido, y tiene que enfrentarse a las dificultades de la vida adulta y familiar. La primera secuencia, filmada con mucha tensión, cámara al hombro, pero de la que se desprende al mismo tiempo un cierto onirismo febril, nos muestra el parto de la mujer de Isra. Tras el nacimiento, y apenas el personaje acaba de tener a su hijo en brazos, un plano nos muestra cómo lo esposan para llevárselo a la cárcel.

Esta primera secuencia escenifica el conflicto trágico que se cierne sobre el personaje cuando Isra reencuentra su libertad, entre la voluntad de convertirse en un padre de familia honesto y la tentación del dinero fácil, entre la búsqueda de sí mismo y el deseo de venganza del asesinato de su padre. También pesa el determinismo social por sus orígenes humildes, frente a la evolución de una sociedad que ya no

parece ofrecer ninguna oportunidad para personas como él. A pesar de que la isla de San Fernando, con sus paisajes marítimos, permita ilusoriamente reanudar con la inocencia perdida de la infancia, en una bella secuencia en la que se baña con su hermano, el medio se ha vuelto definitivamente hostil.

El propio director calificó Entre dos aguas como una película “hiperrealista”. No solo rodó con actores no profesionales, sino que su guion se inspiró de las experiencias de algunos de ellos para imaginar las vivencias de los personajes, con una trama que se iba reescribiendo cada noche después del rodaje, según lo que hubiera ocurrido en este. Probablemente estos elementos participen de la tensión y del sentimiento trágico que se desprende de ella, y que demuestran que Lacuesta ha alcanzado la plena madurez de su arte.

La retrospectiva sobre Lacuesta, que se desplazará en 2019 hasta Girona y Barcelona, y que ha sido también reprogramada en paralelo en la Filmoteca Española de Madrid, certifica el reconocimiento de una voz única en el cine español.

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