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Papel y reto de zacatecanos en la realidad nacional

Papel y reto de zacatecanos en la realidad nacional

Ante la nueva realidad en el país, podemos preguntar qué papel desempeñarán en ella los zacatecanos. A dónde vamos, qué personajes de esta entidad pueden “dar la nota” y, lo más importante, qué beneficios puede traer para el estado su participación social o política o artística en el plano federal. Debemos preguntar cuál es nuestro reto.
El valor de tales preguntas radica en la consideración de que, al revisar la historia del estado de Zacatecas, apreciamos cómo los nacidos en estas tierras podemos ser razonablemente rebeldes e incluso puntales en el avance de la nación.

En efecto, los habitantes de esta entidad, desde Jiménez del Teul, Sombrerete y Valparaíso hasta Nochistlán y Pinos, desde El Salvador y Melchor Ocampo hasta Jalpa, Mezquital del Oro y Florencia, hemos demostrado al país que el pueblo zacatecano es pionero, muy consciente y comprometido.
Hemos demostrado que en la cotidianidad los zacatecanos volvemos a hacer nuestro el verso de las Geórgicas de Virgilio “Labor omnia vincit improbus et duris urgens in rebus egestas”: “Todo se venció a fuerza de un tenaz trabajo y de la necesidad, que nos obliga a las cosas más duras”.

En Nochistlán, el indómito Tenamaxtle fue el primer gran defensor de los derechos de quienes residen en un territorio y sólo buscan gozar la cotidiana paz. Con igual valentía, el caudillo enfrentó a los españoles Miguel de Ibarra, Nuño de Guzmán o el muy temido Pedro de Alvarado.
En esta ciudad Zacatecas nació Víctor Rosales, quien estudió Leyes en la Ciudad de México y en la misma academia destacó por sus aportaciones polémicas y sus posturas críticas frente a profesores. Después regresó como empresario panadero y se incorporó a la lucha de Independencia. Fue tan feroz que, para intentar aplacar su ánimo y genio, le torturaron y mataron a su hijo de once años de edad.

Como cura de la Villa de San Cosme, José María Cos aportó ideología a la Independencia y después legisló en torno al nuevo México que surgía para el mundo. Su valentía y genio que simpatizaron con la causa insurgente impidieron derramamiento de sangre en el estado de Zacatecas.
Años después, el federalista Francisco García Salinas se atrevió a desafiar al entonces presidente Antonio López de Santa Anna para defender los derechos de la entidad zacatecana. Ello derivó en una represión que incluyó, para quebrar el poderío económico zacatecano, la separación de Aguascalientes. Además García Salinas creó para la entidad la Escuela Normal, el Instituto Literario (hoy Universidad Autónoma) y la primera biblioteca pública.

La teulense Beatriz González Ortega, por su parte, tuvo los arrestos para impedir al propio Francisco Villa que rematara a soldados rivales heridos que ella atendía tras la toma de Zacatecas. Por esto, Villa ordenó el fusilamiento de la profesora y el doctor Guillermo López de Lara. Afortunadamente El Centauro del Norte fue disuadido minutos antes de que en el panteón del pueblo se acatara su mandato.
Abundan ejemplos de zacatecanos intrépidos: el genio asceta fresnillense Francisco Goitia, quien no sólo pintó sino que también supo vivir la pintura al grado de revolucionarla. El metódico sombreretense Joaquín Amaro, quien reformó la educación militar mexicana y la enriqueció con actividades deportivas y culturales. La magistral pinense Amparo Dávila, quien supo destacar en el masculino medio literario del siglo pasado, desafiando las leyes no escritas de la actividad cultural de la capital del país.

Pascual Antonio Aguilar Barraza trascendió de egresado de canto clásico a emprendedor, guionista y productor cinematográfico, detonando esa industria en municipios zacatecanos a los que utilizaba como locaciones. Además ideó un espectáculo familiar ecuestre que proyectó en muchos países la identidad mexicana.
Recientemente conocimos al gran celoso y firme Federico Sescosse, quien en el corazón de esta ciudad barroca nunca vaciló en enfrentarse a sacerdotes soberbios o empresarios caprichosos con tal de preservar la belleza arquitectónica de esta ciudad capital.
Todos ellos constituyen ejemplos que nosotros como zacatecanos debemos replicar.

Si criticando a los afanes monárquicos en los actuales gobiernos hemos esgrimido que una sola persona no puede cambiar el entorno, coincidamos también en que los resultados de los gobiernos son los de los equipos que lo conforman, y que los valores de la sociedad son las prácticas reafirmadas en las familias de esa sociedad.
El reto ahora de morenistas, panistas, priistas, perredistas, verdes, emecistas y demás militantes y no militantes zacatecanos es forjar una mejor nación, donde se promueva el Estado de Derecho; donde la equidad, la justicia, la inclusión y el respeto sean las bases para una mejor convivencia en la nación.

Nuestro papel es el de constructores y garantes de esta democracia. Nuestro reto, el de dedicar notablemente pasión, energía, inteligencia, talento, capacidad para el trabajo en equipo y para trabajo bajo presión, solidaridad y un alma común que sepa comulgar con los grandes cambios que necesita este país, los grandes cambios que están formados por los cambios cotidianos, esforzados, que buscan el modo mejor en que podemos enaltecer al entorno en que se desarrollan nuestras familias.

En el inicio de este sexenio todos los que habitamos en la entidad debemos asumir que tampoco hoy Zacatecas puede quedar a la zaga de los grandes cambios nacionales. Ése es el mejor reto. Ahí está el mejor papel que podemos desempeñar. De nosotros depende. ■

*[email protected]
Director del Instituto de Selección y Capacitación del Estado de Zacatecas

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