“Me encanta volverme un problema”: Eufrosina Cruz, activista zapoteca

“Me encanta volverme un problema”: Eufrosina Cruz, activista zapoteca
La oaxaqueña visitó la Feria Internacional de Guadalajara 2018 para conversar con niños y jóvenes y transmitirles la pasión y la importancia del defender los sueños ■ FOTO: CORTESÍA FIL

■ Su lucha por la igualdad de género y derechos de los indígenas le ha ocasionado algunos

■ En 2010 fue diputada local y la primera presidenta del Colegio del Estado de Oaxaca

 

GUADALAJARA, JAL. Eufrosina Cruz no es cualquier mujer. Es quizá una de las más fuertes que tenga este país, entre tantas, porque sea lo que haga, se pare donde se pare, siempre estará en desventaja, pero no cesa. Si ser mujer en este país, donde se mata a veces hasta 9 por día, es de por sí peligroso, ser mujer, indígena y dedicarse a la política es como beber la cicuta por voluntad propia. Sin embargo, si no lo intenta, las luchas se seguirían perdiendo y eso Eufrosina lo sabe.

Cruz Mendoza nació en Santa María, Quiegolani, Oaxaca, en 1979. Su lengua es la zapoteca y su pasión la política y el activismo. Ha destacado por su lucha en busca de la igualdad de género y los derechos de las mujeres indígenas y de las comunidades, mismos que le fueron vejados cuando en 2007 triunfó en la elección que le daría el cargo de presidenta municipal de Santa María y se le anuló el triunfo debido a las leyes tradicionales que decían que las mujeres no podían tener un cargo político. Eufrosina cobró notoriedad y fuerza, y en 2010 fue diputada local y la primera mujer indígena Presidenta del Colegio del Estado de Oaxaca.

La oaxaqueña visitó la Feria Internacional de Guadalajara 2018 para conversar con niños y jóvenes y transmitirles la pasión y la importancia del defender los sueños. La política recordó que en Santa María cuando inició sus aspiraciones políticas era vista como alguien extraño en el lugar. “Me convertí en la loca del pueblo”, dijo. Y es que abandonó la localidad a la edad de 11 años para buscar su derecho a soñar, mismo que consistía, también, en aprender el idioma español.

Acompañada por el escritor Benito Taibo, en una conversación que funcionó, no sólo para que los jóvenes conocieran a Eufrosina, sino también para precisar las causas que defiende la oaxaqueña, ésta dijo no sentirse víctima de las circunstancias pues el descubrimiento del español la condujo a querer conocer y descubrir más, no como un intento de olvidar sus raíces, aclaró, sino para demostrar que podía cumplir sus sueños.

Sin embargo, con los sueños cumplidos, en México que parece que se empecina en prohibir que las mujeres los cumplan, vinieron las condenas para la zapoteca, aunque reconoció, con una mueca de sonrisa amable, “me encanta volverme un problema”, pues defender los derechos más elementales, como la no discriminación y la defensa de los que menos tienen le ha arrastrado más de uno.

Eufrosina además es la fundadora de QUIEGO (Queremos Unir, Integrando por la Equidad y Género a Oaxaca), una asociación que brinda apoyo a las mujeres indígenas porque consideró que si bien los usos y costumbre no se contraponen al desarrollo, lo que se necesita es tener acceso a más oportunidades.

Fue con la creación de una radio “pirata” que Eufrosina comenzó a difundir sus inquietudes, lo que le causó un sinfín de problemas en su comunidad que terminaron costándole la expulsión de su pueblo, aunque, dijo, nunca ha dejado de volver.

Un factor importante que detonó su interés por la igualdad, fue al interior de su casa, y aunque habló con orgullo de sus padres, lo que le marcó fue ser siempre testigo de la desigualdad que sufría su madre: “no entendía por qué mi mamá era la primera en levantarse y la última en dormirse”.

Eufrosina Cruz, a quien le dedican un relato en el libro Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de Elena Favilli y Francesca Cavallo, destacó que ha entendido la importancia de convertir el miedo en su mejor fortaleza, porque, puntualizó, sólo de esta manera es posible conocerse para no dejar contagiarse por la adversidad. Además, les dijo a los reunidos que de igual manera ha asumido sus responsabilidades y las consecuencias de sus acciones, en este último plano Cruz mencionó que la división de su pueblo fue un costo que tuvo que afrontar.

Frente a un grupo de niños wixarikas, Eufrosina Cruz les pidió, para concluir, que nunca se sientan menos que otro, y reconoció que a pesar de los avances, está consciente que aún falta mucho camino por recorrer “como el de la carretera de mi pueblo, que sólo lleva diez kilómetros construidos de un total de 65”, finalizó entre risas.

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