¡Adiós Enrique!

¡Adiós Enrique!

Una sola cosa nos explica bien la historia
y es en qué consisten los malos gobiernos.
Thomas Jefferson

¡Adiós Enrique! Porque mañana se cumplen 6 años desde que asumiste la presidencia de la República y para alegría de muchos y lamentación de pocos, mañana llegan a su fin. Culmina un sexenio que pulverizó por completo las esperanzas de un país que sigue en la tortuosa búsqueda de mejores tiempos y mejores gobiernos. Mañana que entregues la banda presidencial que representa una lápida de 130 millones de mexicanos, quizá te darás cuenta que fueron más los errores que los aciertos lo que marcaron y distinguieron a tu sexenio; errores que hoy representan poco más del 20% de aprobación como presidente de la nación.

Pareciera que fue ayer cuando en el 2012 todo un país recobraba las esperanzas de tener un gobierno merecedor de esta gran tierra milenaria. Poco más de 19 millones de mexicanos así lo refrendaríamos en aquel proceso electoral que apabulló por completo 12 años del panismo en México. Con tu buena imagen, muchos construimos la figura de un paladín joven y decidido a cambiar por completo el rumbo y la historia de un país masacrado por la impunidad y la violencia. En tu primer año como presidente, vimos con asombro como reuniste a todas las corrientes políticas para ponerse de acuerdo e iniciar el proceso reformista que México necesitaba. Vimos con sorpresa y espasmo; como desarticulaste con decisión un liderato cancerígeno como el que representaba Elba en la educación pública. Fuimos testigos de cómo los poderes de la unión por fin trabajaban en armonía para dar paso a los grandes cambios que sacarían al país de un retraso constitucional de casi 100 años.

Pero el encanto duró poco, tan pronto se diera paso a las grandes reformas, inició una serie de sucesos desafortunados que pondrían a tu gobierno en la línea de salida hacia un debacle inminente que tenía como destino un obscuro abismo. Es cierto; ese abismo no solo fue construido por tu gobierno, fue edificado a lo largo del tiempo y fomentado por generaciones bajo el lema de corrupción e impunidad. Gobernadores, empresarios y funcionarios, fueron la columna vertebral para que tu gobierno perdiera credibilidad de lo que habíamos idealizado de tu gobierno. Una casa blanca de más de 7 millones de dólares como regalo de un acuerdo atroz y ventajoso para la empresa HIGA, daría inicio a lo que hasta hoy, es el peor gobierno calificado por sus ciudadanos. A este nivel de corrupción también corresponden los casos de varios exgobernadores, el robo descarado de Javier Duarte en Veracruz, el de Roberto Borge en Quintana Roo, Tomás Yarrington en Tamaulipas, César Duarte en Chihuahua, Fausto Vallejo de Michoacán, Andrés Granier en Tabasco, Rodrigo Medina por Nuevo León, Guillermo Padrés en Sonora y Luis Armando Reynoso Femat en Aguascalientes. Es tan indignante e imponente pensar que estos casos antes mencionados tan solo son la punta de un iceberg monumental que flota bajo un mar de impunidad.

Pero no solo la corrupción fue motivo de tu tan desaprobado gobierno; la violencia fue un pilar más que dio significado a tu sexenio. Muchos pensamos que a tu llegada recobraríamos la tranquilidad que Calderón y su estrategia fallida nos arrebató. Con él, la cifra tan solo fue de 102 mil 859 delitos; cifra que pensamos sería insuperable para un país que no se encuentra en guerra; pero nos equivocamos; en tu administración alcanzamos la terrorífica cifra de 122 mil 119 homicidios registrados; eso sin contar con los miles y miles en calidad de desaparecidos y el deshonroso caso de los 43 normalistas. Prometiste que habría justicia en el caso, pero a unos días de concluir tu gobierno, no hay una sola sentencia condenatoria contra alguno de los responsables, y no hay certeza para los padres sobre lo que pasó con sus hijos, un hecho que sin duda tendrá en tu vida una resonancia eterna que marcó y sello tu sexenio.

Para finalizar:
¡Adiós Enrique! No me alcanzaría recalcar los grandes errores que tuviste como presidente, tan solo sé, que la historia te recordará como un pasaje triste en la vida democrática de mi país. Mañana entregaras la banda presidencial y con ella la poca dignidad que nos queda como pueblo y como nación. Si la justicia no te juzga, estoy seguro que la historia si lo hará, y cuando esta llegue, estarás postrado en un sillón con los años encima preguntándote porque no lo hice por amor a mi país. Cuando salgas a caminar por las calles de México, la gente te verá como hoy vemos a Díaz Ordaz, Luis Echeverría y Carlos Salinas. Presidentes que fueron para México un pasado doloroso que tienen a toda una nación sumergida en un abismo sin fondo. ■

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