La nueva campaña de Andrés Manuel

La nueva campaña de Andrés Manuel

El presidente electo continúa en campaña. Su lógica de contrarios, que deriva en polarización, no concluirá una vez que asuma la titularidad del poder nacional. Por el contrario, desde el Ejecutivo Federal emprenderá la segunda parte de su cruzada, ahora para hacer realidad la Cuarta Transformación.

Una vez que porte la banda presidencial Andrés Manuel López Obrador no mostrará mayor prudencia, como esperan los mercados y una parte de la ciudadanía que no votó por él o que ha sentido desencanto con el juego drástico de llevar la política a los extremos.

El resultado: desconfianza. El presidente electo ha perdido 9 puntos porcentuales de aprobación entre los mexicanos, de acuerdo con los números del más reciente sondeo realizado por el diario El Universal. En paralelo, la economía del país registró pérdidas por alrededor de 1.8 billones de pesos.

El desencantamiento es tal que a comparación del 64% de ciudadanos que en agosto afirmaron que López Obrador cumpliría sus promesas de campaña, hoy apenas un 49% cree que el tabasqueño efectivamente haga realidad una Cuarta Transformación que ya no se parece al proyecto de nación de antes de la jornada electoral del 1 de julio.

Es poco tiempo para que el hartazgo, que abrió las puertas de par en par a la alternancia, se convierta en escepticismo. Y cómo no lo sería si la población mira la retórica de López Obrador convertirse en todo lo que antes criticó sin piedad.

Después de 18 años de recorrer el país para marcar una agenda opositora, hoy Andrés Manuel pasa al perdón de la corrupción (para evitar “inestabilidad”), la militarización efectiva del mando policial civil, la cercanía con los poderes fácticos (las televisoras), la designación de un fiscal a modo, consultas populares fuera de toda legalidad, colocación de obra pública sin licitación (Santa Lucía), y uso de la ley a conveniencia con el control implícito del Congreso de la Unión.

Sus primeras decisiones como presidente electo han sido, en los hechos, la antítesis de su discurso permanente de “antagonismo al régimen”. La sociedad debe darse por notificada: a partir del 1 de diciembre todo aquel sector que no comulgue con su visión de gobierno será un enemigo de la Cuarta Transformación en acción.

Los indicios son claros. Aquellos que critican las consultas “a modo” necesitan “un baño de pueblo”, dice el tabasqueño. Todos quienes votan en contra de los proyectos de la nueva nación son “retrógrados a los que les pagan”, según la óptica de la presidenta del Comité Ejecutivo Nacional, Citlali Ibáñez Camacho, alias Yeidckol Polevnsky.

El brevísimo espacio que duró la “Reconciliación Nacional” ayudó a limar asperezas entre el gobierno entrante y la administración de Enrique Peña Nieto, y no a unir a la sociedad, su meta original. Como resultado, la hipótesis del pacto entre ambos grupos políticos en la cesión del poder presidencial tomó fuerza y hoy vive más bien como una certeza en el imaginario social.

La resignación y el perdón a quienes infligieron un grave daño a la nación le da carne y piel al esqueleto de aquella hipótesis. Y quienes votaron por un cambio profundo en el sistema político mexicano están obligados a asentir con el objetivo de “resguardar” la “estabilidad” del país. Así se justifica la indulgencia a la corrupción que antes le sirvió a López de motor electoral.

O se comulga con los postulados discordantes de la Cuarta Transformación, o quienes exijan congruencia serán los mismos que no permitirán el avance de la “Regeneración Nacional”. Pero será en las urnas donde los contrasentidos verán reflejado el verdadero sentir ciudadano.

Así sucedió el pasado 1 de julio cuando ninguno de los partidos en contienda, incluido Morena, daba credibilidad a los resultados que el Instituto Nacional Electoral proyectó a temprana hora. La desensibilizada toma de decisiones en el gobierno del “nuevo PRI” (que aceptan los mismos priistas) tuvo como respuesta social una apabullante paliza electoral.

El desánimo produjo el cambio de gobierno. La ciudadanía festejó una victoria que fue suya, no de Andrés Manuel. Empujados por esa misma premisa, el pueblo sabio que pone y quita refrendará la confianza o modificará la composición política del país en 2021. El segundo escenario parece más factible ahora que los mexicanos perciben un gobierno entrante inmerso en francas incertidumbres y giros amargos.

Si el perdón a la corrupción pasada es la piedra angular de la estabilidad política en el sexenio del tabasqueño, las maniobras circenses en su retórica fomentan la inestabilidad en el ánimo de quienes votaron por una transformación que abanderó luchas nada ambiguas: castigo a los corruptos, gasolinas más baratas, seguridad sin militarización y hacer “respetar la ley” (juarismo puro).

La Cuarta República del presidente electo no es la que los mexicanos le escucharon al candidato. Empieza la otra campaña: poner en marcha el gobierno que el tabasqueño imagina, confiesa y quiere para sí mismo. ■

Twitter: @GabrielConV

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