El giro al reloj de arena

El giro al reloj de arena

Para muchos un día soñado, para otros un día temido; este próximo sábado 1 de diciembre, Andrés Manuel López Obrador se convertirá en presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos,

Comenzará un giro significativo en la vida política del país que convertirá en disidencia a muchos que hasta ahora no conocen más que las mieles del poder, y al contrario, algunos de los que antes eran acusados de criticar todo, serán señalados por no criticar nada.

Se gira también el reloj de arena; quienes antes pedían paciencia ya urgen resultados, y quienes clamaban hartazgo pedirán tiempo.

López Obrador llega a la presidencia después de 12 años de buscarla, que algunos les parecen 18 porque su protagonismo en la política nacional tiene ya casi dos décadas.

Mucho ha cambiado en esos 12 años. Él mismo ha envejecido, algunos de sus aliados hoy juegan en la cancha contraria, y también muchos que antes parecían enemigos declarados hoy son asesores sin salario.

Los cambios en el país no han sido menores. La confianza en la democracia y las instituciones electorales que dejó la victoria de Fox se fue a la basura en 2006, y el poder mediático vivió su momento de máximo esplendor en la elección donde ganó Enrique Peña Nieto, pero se le vio marchitarse antes de que terminara el sexenio.

La economía nacional va de mal en peor. De los 11 pesos que costaba un dólar hace dos sexenios, ya ha llegado a costar el doble, y actualmente ronda los 20 pesos. El poder adquisitivo sigue en caída libre como desde hace más de tres décadas y la deuda del país se ha incrementado diez veces.

Lo que antes nos sonaba a lejana noticia setentera de dictaduras latinoamericanas hoy es una realidad para México: 30 mil desaparecidos, 200 mil muertos, balaceras lo mismo en ciudades turísticas que en pueblos recónditos son hoy noticias de páginas interiores en los diarios del país.

Mucho ha cambiado y necesariamente mucho tendrán que reajustarse las promesas y propuestas elaboradas hace 12 años.

Regresar a militares y marinos a los cuarteles hoy resulta impensable para muchos que antes lo hubieran exigido. Los niveles de violencia que vivimos, el déficit de policías y la cantidad de armas que circulan en el país, han convencido de que esta indeseable política no tenía fácil regreso cuando Felipe Calderón soltó el cañonazo al avispero.

La sentida demanda de disminuir el costo de los combustibles, hoy parece imposible gracias a la reforma energética que dejó los precios en manos del mercado con el voto mayoritario de muchos de quienes nos prometían que la competencia garantizaría beneficios para los consumidores que hasta ahora no hemos visto.

A eso habrá que sumar el desmantelamiento de la educación pública, del sistema de salud, y por si todo esto fuera poco, los momentos de fuerte tensión con Estados Unidos.

Ese es el país que llega a gobernar López Obrador después de tres intentos.

A su favor corre la legitimidad que le hizo sacarle más de 30 puntos a su más cercano contendiente, y la lealtad de sus simpatizantes ya vacunados contra cualquier guerra sucia.

También su propia autoconfianza: acostumbrado a las tempestades, Andrés Manuel sabe lidiar con la crítica más severa. Lo vivió cuando gobernando la Ciudad de México propuso las becas a estudiantes, las pensiones a adultos mayores, dar útiles y uniformes en escuelas públicas, las ciclovías y el metrobús. Todo en su momento se criticó con la advertencia de que eso quebraría las finanzas públicas, y con el paso del tiempo se convirtieron en políticas gubernamentales de todos los colores.

Pero como toda virtud es defecto, y viceversa, no puede perderse de vista que lo que hoy es confianza, también es expectativa que buscará satisfacerse a cada grano de arena que baje de ese reloj.

La ventaja que significa por ejemplo tener mayoría en los congresos, es también cargar el costo político de las pifias que se cometen ahí (como la iniciativa contra las comisiones bancarias por lo evidentemente inoportuna).

El reto es gigante, pero López Obrador parece consciente de ello; el notorio juego equilibrista en el que está trepado así lo evidencia. El sábado le quitan la red. Al tiempo..

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