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Las drogas: un tema de salud pública, no de seguridad

Las drogas: un tema de salud pública, no de seguridad

Es claro que el rechazo a la adicción a cualquiera de las drogas hace consenso: nadie promueve o aplaude el consumo dependiente de alguna sustancia que altera la conciencia. Sin embargo, a la pregunta de cómo evitar el consumo existen diversas opiniones. Hay quien piensa que se puede abordar el tema como una discusión de mercado y resolver el acertijo en un dilema de oferta y demanda. Pero pensar que eliminando la legalización de la oferta se acabará la demanda es una ingenuidad. Enfocar el tema de drogas como de aplicación del derecho penal (prohibiendo) sobre su proceso económico (la oferta), ha provocado que se vea el problema de la circulación y consumo de drogas como un asunto de seguridad pública. Pero en realidad, lo que ha ocurrido es que al penalizar la droga el Estado ha creado un problema de seguridad pública que no existía. Ya la criminología crítica ha desmenuzado el tema y ha concluido con bastante solvencia que estamos ante un problema público provocado por la torpe aplicación del derecho penal. No ante un problema que haya existido con antelación a la construcción de la penalidad.

Pensar que el consumo de drogas tiene su solución en aplicaciones penales de su proceso económico, es estar fuera de la realidad. Cualquier psicólogo puede decirnos que el consumo de sustancias que alteran de alguna manera la conciencia, no se debe a su oferta o demanda, sino a causas psicosociales. ¿Por qué los individuos quieren alterar su conciencia? ¿Por qué quieren ponerse en estado contemplativo o en formas de excitación eufórica? No lo es por una condición del mercado. Veamos un caso paralelo: hay una serie de sustancias que dañan la salud, como el exceso de sal, harinas blancas y azucares refinadas. O Toda la comida chatarra. ¿La solución es penalizar la venta de harinas o amenazar con cárcel a quien venda churros de maíz industrializados? ¡Sería absurdo! Pues igual deberíamos enfocar el caso de la mariguana o el peyote o los hongos. Así como debemos tener estrategias para mejorar la salud de las personas evitando que coman chatarra, de la misma manera debemos crear programas en las escuelas y las familias para inhibir el consumo de todo tipo de drogas, incluyendo el alcohol.

Si se toma conciencia de que el consumo dependiente de drogas es un tema de salud y no de seguridad, muchas cosas pueden cambiar. La despenalización de las drogas puede ayudar a mejorar sustancialmente al manejo correcto del fenómeno. Es importante tener recursos para educar y evitar que los chicos se aficionen a fumar mariguana o inhalar cocaína o tomar alcohol. Programas del cuidado de sí mismos: de la misma manera que aprenden a ejercitar su cuerpo, nutrirse con calidad y disminuir la vida de estrés, también aprendan a evitar las drogas. Para hacerlo no se requiere la intervención de derecho penal, ni la fuerza policial del Estado para obligar al cuidado de sí. La salud es el valor más importante que tenemos, pero no puede ser objeto del derecho penal; como sí lo es de las políticas de desarrollo social y las prioridades presupuestales. Lo cual, deja mucho que desear. La salud es un derecho, pero no una obligación que deba pagarse con cárcel.

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