Mademoiselle de Joncquières, de Emmanuel Mouret: de Diderot para el placer de las mujeres

Mademoiselle de Joncquières, de Emmanuel Mouret:  de Diderot para el placer de las mujeres

La Gualdra 361 / Desayuno en Tiffany’s, mon ku / Cine

 

El director y actor francés Emmanuel Mouret, con 13 películas es su haber, a recordar Un baiser s’il vous plaît (Un beso por favor, 2007), Fais-moi plaisir! (Dame placer, 2009), L’art d’aimer (El arte de amar, 2011), y su reciente Mademoiselle de Joncquières (Señorita de Joncquières, 2018), mantiene su línea de creación en los temas del amor, el sexo, el deseo y el placer.

En esta ocasión sus actores son gente que de cierta manera se ha ido identificando con películas virulentas contra los morales de la “normalidad” y por supuesto el catolicismo, se trata de Cécile de France, Edouard Baer y Alice Isaaz.

Mouret se basó en un relato de Denis Diderot que aparece en la novela Jacques le fataliste y cuya publicación estuvo censurada por casi 30 años desde su terminación en 1765 hasta su publicación en 1795.

La obra de Diderot fue una reacción contra la imposición de normas morales y políticas regidas por los reyes francesas, sus escritos se convirtieron de cierta manera en los predecesores inmediato de la revolución francesa.

Mouret mantuvo ese tono subversivo sobre el arte de amar, de desear, de engañar, de ser un libertino y de volver a desear; y luego en el amor, el aburrimiento del amor: “La felicidad nunca es corta, sino se llama tan solo placer” (traducción libre) parece ser la reflexión puesta en la pantalla por Mouret en la boca de la señora Pommeraye (Cédile de France).

La historia trata sobre los esfuerzos del Marqués de Arcis para conquistar a Pommeraye, tras una larga seducción en el castillo la consigue pero pronto se aburre, la desencanta y se va. Entonces Pommeraye montará una estrategia para vengarse del libertinaje.

La películas de época tienen un trazado muy evidente, sobre todo las remitidas al periodo del rey Sol: grandes castillos, jardines, cortesanas y cortesías, baldaquines y salones fríos. Mouret no se complica el día y respeta estas convenciones.

Quizás lo que más puede interesar, por el contexto actual en la reivindicación de la igualdad de género, en este caso sexual y de placer, es que Mouret acentúa las réplicas en su actriz estelar, Cécile de France, y somete, sin perder protagonismo, el accionar del hombre. Las escenas de unión entre las mujeres, los cruces de miradas y roces de cuerpos evidencian la complicidad.

Ésta es una cinta que para disfrutar se tiene que ver en versión original subtitulada, de otra manera el ritmo de las réplicas y las inflexiones del verbo de Diderot pierden su fuerza.

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