La hacienda pública justa: diferentes impuestos y gastos a pobres y ricos

La hacienda pública justa: diferentes impuestos y gastos a pobres y ricos

Hay quienes clasifican a los tipos de Estado según su régimen hacendario. Así de importante es la definición de los esquemas con los cuales el Estado se hace de los recursos para cumplir sus obligaciones de gestor del desarrollo de sus pueblos. De entrada, podemos tipificar haciendas regresivas o progresivas. El criterio que tenemos muy claro en esta casa editorial es que así como la virtud de una teoría científica es ser verdadera, y la manera de conservarla o desecharla es qué tanto es verdadera o no; para el caso de las instituciones públicas, su virtud central es que sean justas. Es decir, el criterio para evaluar y juzgar a una administración pública de buena o mala, es qué tanto sea justa o no. Una institución injusta es equivalente a una teoría falsa: no sirve y debe cambiarse.

Un criterio de justicia tiene una dimensión absolutamente práctica: nos da los criterios para captar los impuestos y distribuir los recursos reunidos. Los ciudadanos que tienen pocas oportunidades deben tener preferencia en la capación y distribución de impuestos, pues se deberá cuidar que dichos ciudadanos aporten menos y reciban más; y aquellos que tienen mejores condiciones aporten más y reciban menos. Así las cosas, se logra la equidad o igualdad proporcional en que consiste la justicia. Lo cual se traduce en la pregunta: ¿cómo hacer para que los pobres no se vean afectados en el cobro de impuestos y sí se vean beneficiados en la apertura de oportunidades de su desarrollo?

Los impuestos al consumo pueden ser progresivos, pero hay un problema: el porcentaje de los ingresos que los pobres utilizan para comprar sus alimentos es muy alto, puede llegar al 70 por ciento; y el porcentaje que usan los ricos puede están por debajo del 2 por ciento. Así, gravar los alimentos es problemático por ese motivo, aun cuando el gasto total que hacen los ricos en alimentos sea mayor. Los alimentos es mejor que sigan sin impuesto. Igual las medicinas. Pero donde se debe poner la energía es en gravar al capital, las herencias y las utilidades de industrias extractivas. Por eso era correcto el cobro del conocido ‘impuesto ecológico’. El problema es el esquema del Acuerdo de Coordinación Fiscal, donde es gobierno federal el responsable de cobrar los impuestos más relevantes, y deja a los gobiernos estatales y municipales con pocas responsabilidades hacendarias; y con ello, con diminutas posibilidades de decisión sobre esos temas. Los municipios tienen el impuesto predial, el cual actualmente capta 0.2 de los ingresos nacionales. Si se hace una política para cobrar de forma progresiva hay manera de que los pobres no paguen y los ricos lo hagan de manera jugosa. Las clases se distribuyen geográficamente. Un estudio de formas de cobro puede traer beneficios a los gobiernos locales para realizar una justicia distributiva en sus territorios. La justicia tiene un vehículo preferente: la hacienda pública.

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