Las pensiones (y la deuda): bomba que ya empezó a explotar

Las pensiones (y la deuda): bomba que ya empezó a explotar

Entre el gasto en pensiones y el servicio de la deuda tienen al país en el límite de la quiebra. Con cifras muy parecidas: en los últimos 5 años han (casi) doblado las aportaciones que el presupuesto público tiene que destinar a esos conceptos. El gasto en pensiones pasó de 420 mil millones a 790 mil millones; y el caso del servicio de la deuda en cifras muy similares. Así las cosas, se destina mucho más a estos conceptos que al conjunto de educación o al costo del combate al hambre. Si no se tuviera que hacer ese sangrado a la hacienda pública hubiera dinero suficiente para financiar el desarrollo nacional. Juntas rebasan los 6 puntos porcentuales equivalentes al PIB. A ciencia y tecnología apenas se destina el equivalente al 0.65 por ciento del PIB. Es una locura. Estamos en una enorme trampa financiera que impide el desarrollo social de México.

Teóricamente el Estado no debería destinar un solo peso de origen fiscal al pago de los fondos de pensiones, porque son recursos que deben salir de los ahorros directos y las utilidades de las inversiones de los fondos de ahorro, tanto de las instituciones del Estado, como de las Afores privadas. Cuando se cambió el régimen de pensión del sistema solidario al de cuentas individuales con administradoras privadas, ya había déficit en el pago de las mismas. Lo cual significa que el manejo no era adecuado. La corrupción lo corroe todo. Ahora que se evalúa el nuevo régimen jubilatorio, resulta que está reprobado: los ahorros alcanzan sólo para darle a los trabajadores un 30 por ciento de su último ingreso. ¡Reduce a una tercera parte los ingresos de los jubilados! Lo cual es inaceptable.

En suma, por el lado de las finanzas públicas está mal, y por el lado de los beneficiarios también está mal. Con el agravante que tienen derecho a pensión sólo el 40 por ciento de los trabajadores. Se sacrifica el desarrollo social por el sangrado a la hacienda pública, los beneficiarios siguen en la miseria y la mayoría de los trabajadores están sin alguna garantía de retiro. Estamos en el peor de los mundos posibles. Sin mencionar la desigualdad en los diferentes esquemas de pensión. Para que los beneficiarios suban su porcentaje de percepción al momento de jubilarse deben triplicar su aportación, lo cual impacta negativamente su capacidad actual de gasto. Cualquier movimiento es malo y peor: todas las medidas que tienen por objetivo parchar el sistema.

Es importante repensar el sistema de seguridad social de los trabajadores mexicanos. Las propuestas parciales todas han sido mal evaluadas. Es mejor atreverse a emprender un camino donde todo el sistema se modifique y atender los dos motivos de desfondamiento: revisión del sistema de pensiones y de pago de la deuda pública. Refundar un nuevo modelo de seguridad social que no implique bloquear el desarrollo social, los trabajadores tengan mejores expectativas y sea más justo e incluyente. Y por el lado de la deuda, revisar las deudas ilegítimas y dejar de pagar costos, que en realidad, ya se pagaron. Se va a requerir osadía y cuantiosa creatividad para ambos temas. Pero el tiempo ya nos alcanzó, la opción de seguir por la misma senda es una bomba que ya empezó a explotar. Es como haber llegado a un desfiladero: o saltamos o saltamos. Lo mejor es hacerlo con osadía pero orientada con un claro criterio de justicia.

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