La protesta

La protesta

En el artículo de hace una semana me referí a las críticas sobre el ejercicio de consulta que realizó el gobierno entrante para legitimar la decisión de cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Hacia el final de mi participación editorial hice una referencia mínima, a la oposición y su triste papel, que ahora quiero ampliar.

Sí algo cambió el primero de julio no solo fue la clasificación de nuestras fuerzas políticas (de oficialismo a oposición), sino la correlación de las mismas, y aún más trascendente: la forma de ser oposición. Los argumentos liberales que habían venido dominando la agenda resultaron no solo insuficientes, sino a todas luces lejanos a una comunidad nacional que dejó de creerlos y compartirlos. Una sociedad que dejó de acudir a los llamados de construir sólidos edificios institucionales, porque éstos no pudieron nunca abandonar el adorno principal de su funcionamiento, que fue el pacto de impunidad, apenas manchado por episodios electorales sin consecuencias.

E impávida nuestra hoy oposición. Ni el Partido Revolucionario Institucional entendió que abandonar a su militancia nacionalista y liberal, por los rapaces usureros del poder le llevaría no solo a la ruina, sino a la anemia electoral, como tampoco Acción Nacional fue capaz de mantener su esencia de cambio, a partir de la oposición al abuso, perdiéndose en la tarea del poder y mantenerse en él. Del resto, ni el PRD, ni el Verde me han merecido comentario reciente. El primero logró convertirse en lo que sus militancias convertidas en burocracias siempre desearon: una sala de juntas. El otro no es partido, sino franquicia electoral, muy exitosa, por cierto, pues logra colocar su marca en toda victoria. Es Movimiento Ciudadano, con todas sus contradicciones, quien parece mantener vivo el discurso liberal y lograr colocarlo en el ánimo de un número (no muy amplio, por cierto) de mexicanos.

Sin embargo, lo que ha quedado como oposición es insuficiente, carente y, sobre todo: anclada a una realidad pre-Morena, y sin entender a este nuevo ente del entorno político será imposible que lo combatan. No entienden que ha llegado ese momento del que huyeron por capitalizar la despolitización: hacer pedagogía política, más allá de rasgarse vestiduras por indignaciones que la gente no entiende y por tanto no comprende. Llegó el momento de retornar a la batalla en las trincheas, pero también en la red. Hay que “pueblear”, pero también hay que aprender a usar Facebook, Twitter, Instagram y demás. Hay que volver a hacer política más allá de los centros de poder.

Y eso es justo lo que ni unos ni otros parecen entender. Mientras definen un nuevo reacomodo (imposible en el caso del PRI hasta no pasar el primero de diciembre, incapaces en el PAN), López Obrador y su movimiento continúan en expansión: la hegemonía es el objetivo, sin opositores ahora, no habrá quién se les oponga después.

Barack Obama, en una conversación contenida en su libro La audacia de la esperanza, sobre los nombramientos de los jueces de la era Bush: conservadores (ni de cerca de los infames nombramientos de Trump) que a la larga harían un gran daño a las libertades de sus compatriotas, responde un poco a esta situación, le comenta a una demócrata: “las elecciones, después de todo, significan algo, le dije a mi amiga. En lugar de confiar en los procedimientos del Senado había otra forma de asegurarnos de que los jueces escogidos reflejaran nuestros valores, y esa forma era ganando en las urnas”. Todo ello en referencia a que la práctica del obstruccionismo no bastaba para lograr inclinar la balanza. El propio Obama parece haberlo entendido en el proceso electoral intermedio que acaba de llevarse a cabo en Estados Unidos: ha dejado su ostracismo post-presidencial y ha salido de nueva cuenta a la lucha política.

Hay algo que Morena entendió y lo entendió muy bien: no basta obstruir (algunas veces más que obstruccionistas fueron facilitadores), hay que ganar elecciones ¿Cuánto más hay que pasar para entenderlo acá enfrente? ■

@CarlosETorres_

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