La formación política, gran responsabilidad de Morena

La formación política, gran responsabilidad de Morena

La campaña electoral de este año fue un ejercicio muy complicado para el sistema de partidos políticos en su conjunto. Tuvieron que bregar contra la percepción ciudadana más desfavorable de la historia reciente sobre la política y sobre los propios partidos y, por ello, sus resultados han generado un sistema con un partido hegemónico -Morena- que se benefició de que se le percibió como un partido de reciente creación, organizado como un movimiento en torno del pólitico más conocido y percibido como honrado por millones de personas -AMLO-, y frente a ellos, un conjunto de partidos debilitados, divididos y sin un grupo dirigente de prestigio y, para colmo, incapaces de superar la dinámica de campña. Como es evidente, un sistema de partidos así no es útil para la democracia que requiere una sociedad como la mexicana, abrumada por una profunda crisis de representación y esperanzada en el desempeño del gobierno que entrará en funciones el próximo día primero de diciembre. Se requiere un sistema de partidos que representen verdaderamente los distintos intereses y visiones existentes en la plural, diversa y compleja sociedad mexicana, de manera que cualquier ciudadano distinga sin dificultad sus diferencias programáticas e ideológicas y, como un valor añadido, a sus dirigintes y representantes populares. Necesitamos un sistema de partidos que no de lugar a la frase que hoy lo retrata: “todos son iguales”.

Para mi es claro que la responsabilidad principal en la construcción de un nuevo sistema de partidos recae en Morena, por ser la organización con mayores responsabilidades de gobierno, especialmente las legislativas, y porque la tarea de su construcción institucional tuvo que ser dejada de lado ante el reto de constituirse en un fuerte apoyo a sus candidatos, tarea que desempeñó con un éxito sorprendente que, sin embargo, no debe conducir a sus dirigentes a suponer que ya tiene las capacidades para ser un partido En el gobierno, muy distinto al partido del gobierno que hemos conocido por décadas. Recordemos que no sólo el PRI adoptó una naturaleza de partido de Estado, sino que también el PAN y el PRD asumieron esos rasgos en las entidades y municipios donde han sido gobierno. La dirigencia de Morena debe tener claro que tiene la obligación de transformarse en una verdadera entidad pública que haga posible la participación cotidiana de la población en la vida demócratica nacional, y no sólo ser un vehículo para que los ciudadanos accedan a los órganos del poder público. Cuestión que se dice fácil pero que requiere un gran cambio en la cultura política general, especialmente de sus afiliados.

En sus esfuerzos de formación política, Morena no debe hacer distinción alguna entre militantes y ciudadanos, para lo cual debe concebir la organización como un espacio abierto y de fácil acceso, siempre dispuesto al debate y a la participación. Por eso es necesario pensar todas las instancias de organización como una asamblea ciudadana permanente, donde el derecho de participación se adquiere y se garantiza automáticamente. Se deben desarrollar multitud de espacios de participación abiertos a la ciudadanía, con la mirada puesta en los procesos de empoderamiento de la mayoría social de nuestro país. Morena debe asumir, sin duda alguna y con todas sus consecuencias, la participación como garantía organizativa para la deliberación sobre las decisiones políticas. Nunca dudar de que «el pueblo es sabio», de que sabe distinguir con claridad sus propios intereses cuando tiene ocasión de debatir y decidir. Por eso hay que construir los mejores y más amplios mecanismos de comunicación interna, para garantizar que la información fluya de forma constante entre los diversos espacios organizativos. Más y mejor información ayudará a un mayor nivel de compromiso y responsabilidad en la toma de decisiones políticas, y hará posible una democrácia interna cualitativamente superior a las que hemos visto hasta ahora en la historia de México.

Finalmente, pero no menos importante, Morena también debe asumir que el escenario político está fuertemente impregnado por lógicas machistas —en ocasiones demasiado agresivas— que tienden a invisibilizar de los espacios y las prácticas con mayor proyección pública tanto a las mujeres como a las posiciones menos masculinizadas. Morena no es una excepción y, eventualmente, también asume discursos y prácticas patriarcales que vulneran los derechos de participación de las compañeras. Necesitamos que, también en la formación política, Morena sea más feminista, comprometido con dinámicas igualitarias que desplieguen medidas de acción afirmativa tendentes a corregir las inercias machistas de la práctica política. Hay que apostar también por nuevos principios articuladores de las prácticas organizacionales que prioricen la colaboración frente a la competencia y la deliberación frente a la imposición. La formación política es un proceso social de empoderamiento que pone en cuestión los dogmas heredados y plantea un porvenir político donde la gente toma la política en sus manos. Es necesaria e inaplazable una tarea pedagógica de diseño e implementación de planes de formación política teórica y práctica que anime y enseñe a la gente a hacer política para no tener que padecer que la política la hagan otros y contra nosotros. Un pueblo formado e informado es el mejor camino hacia un sujeto político empoderado. Ese es el mayor reto de Morena. ■

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