El apocalipis que quedó en las cúpulas

El apocalipis que quedó en las cúpulas

Pronosticaron el diluvio y cayó una lluvia otoñal. Amenazaron con que el mundo financiero se estremecería con la cancelación del aeropuerto de Texcoco y apenas hubo una sacudida que no sacó de su cotidianidad a la inmensa mayoría.

Llamaron a la consulta el “error de octubre” evocando con ello el “error de diciembre” de tan trágica memoria. Primero lo hizo Citibanamex, después repitieron la frase analistas políticos y económicos, empresarios como Claudio X González y así derivó en mantra hasta llegar a los muros de quienes apuestan con toda su fe “que lo peor está por venir”.

El título le quedó grande. De ese “error de diciembre” de 1994 que devaluó la moneda en 60% poco se vio, con un alza en el tipo de cambio que nunca se modificó en más de 5 por ciento, rondando los 20 pesos, y muy lejos todavía del récord histórico de 22 pesos que llegó a costar hace menos de dos años.

La bolsa de valores tuvo pérdidas moderadas lunes y martes pero los dos días siguientes presentó ganancias, generando que el jueves, se registrara la mayor alza de los últimos cinco años.

No obstante se hicieron oír las alarmas que anunciaban el desastre financiero. Empresarios en solitario y agrupados advertían el caos, pero quedaban solo como voces solitarias mientras los mercados respondían con ecuanimidad, y coincidían en tachar dichos alaridos como exageraciones tanto el secretario de Economía del gobierno de Enrique Peña Nieto, Ildefonso Guajardo, como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).  

La sensación de estar en el túnel oscuro de la crisis económica solo estaba en el pequeño círculo rojo que nunca ha simpatizado con el presidente electo y a quien toleraron en los últimos meses más con resignación que con voluntad. Con la consulta pues, se perdió la confianza de los que nunca han confiado.

Sin dar la batalla por perdida, los inconformes manifestaron su enojo por los medios posibles: unos solicitaron se les permitiera terminar el aeropuerto aunque sea a través de inversión privada, otros llamaron al presidente electo a reconsiderar su decisión, y los más temerarios invocaron a “San Slim” y a otros empresarios para que “pusieran orden” en el golpismo más abierto del que haya memoria en el país.

La respuesta más sonada es la que se espera sea la Mega Marcha NAICM convocada para el 11 de noviembre a las 11 de l mañana, también conocida como “Marcha fifí” por sus detractores.

Esta protesta que se hace en nombre de la lucha contra la ococlasia (gobierno de la muchedumbre) -se recomienda apuntar la palabrita, promete sonar mucho durante el sexenio- tiene por convocantes a personas desconocidas sin activismo ni militancia conocida y a cuentas en redes sociales con el nombre genérico de “Sociedad civil México”.

La respuesta en redes sociales para dicha movilización no se hizo esperar, y con el hastag #ConsignasParaLaMarchaFifi se ironizó al respecto y se dejó ver cómo se asume el ejercicio ciudadano que veremos el próximo domingo.

Entre las frases más destacadas pudieron leerse “por el bien de todos primero los Forbes”; “esos son esos son los que arruinan mi   Inversión”; o “fifí marchando también se está bronceando”.

La burla en redes sociales a la protesta más grande (en términos de participación ciudadana) se suma a la tranquilidad con la que el país tomó los vaivenes financieros de inicio de semana y con la serenidad quizá hasta indiferente con la que se tomó la cancelación del aeropuerto en Texcoco.

Esto solo fue posible porque el proyecto en cuestión nunca se asumió como algo de interés general o público que afectara a la ciudadanía, sino cómo un negocio para unos cuantos quienes ahora se están viendo afectados por ello.

Sea o no sea realidad esta percepción que se antoja generalizada, lo cierto es que con la airada pero solitaria respuesta a la cancelación que  unos cuantos empresarios soltaron, reforzaron esa percepción logrando justamente que la opinión pública asumiera la cancelación como el fin del negocio de unos cuantos y no como el freno al progreso del país.

Con ello, Lopez Obrador no estaba desilusionando a sus electores, sino por el contrario, desde la óptica de ellos, cumpliendo con las expectativas.

La cúpula empresarial aún no parece entenderlo. Probablemente están embelesados aún con esa idea tan difundida por ellos mismos de que para que les vaya bien a los de abajo tiene que irles bien a los de arriba y no al revés.

Si no comprenden esos cuantos (qué no llegan ni a 50) afectados por la cancelación del aeropuerto, que la gente distingue entre el interés particular de los poderosos con el interés común de las mayorías, entonces no podrán encontrar la ruta que les permita defender sus negocios de las temibles mayorías que asumen ignorantes y enardecidas.

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