El Deschamps, un enemigo de alto riesgo

El Deschamps, un enemigo de alto riesgo

En el día de la iguana
Como en el juego de la bolita: nada por aquí, nada por allá. No hubo cambios ni los habrá, al menos hasta el próximo ciclo de elecciones delegacionales, en el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM).
En los comicios celebrados el pasado 17 de octubre, en 11 de las 36 secciones que conforman este sindicato, la mano negra de Carlos Romero Deschamps, dirigente nacional, reapareció para sostener los triunfos locales que le garanticen repetir un periodo más en la cabeza de su agrupación.
Frente a él se mantiene en movimiento la oposición interna, una capa disminuida de trabajadores petroleros que ha continuado en resistencia, a través de décadas, con poca efectividad, debido a que carga el lastre del sectarismo que les impide unificar los diversos grupos inconformes.

Esta vez, Romero Deschamps mostró una variante que, es seguro, repetirá en las elecciones que deberán efectuarse en otras secciones, donde presenta en la redacción de la convocatoria parámetros diferentes a los que estipulan la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS) y la Ley Federal del Trabajo.
Según los trabajadores disidentes, el descaro mostrado en los recientes comicios demuestra la protección política que otorgan el presidente Enrique Peña Nieto y el secretario del Trabajo y Previsión Social, Roberto Campa Cifrián, a Romero Deschamps, “para dar continuidad al cacicazgo que ha lacerado los derechos de los trabajadores petroleros y propiciando la pérdida de prestaciones en el contrato colectivo de trabajo”.
La sección 22, de Agua Dulce, Ver., aclaró que esta protección incluye salvar el asunto del “Pemexgate”, disfrazado como un préstamo al sindicato y el conflicto de intereses que asumió el dirigente nacional al votar a favor de la Reforma Energética, donde firmó un contrato colectivo de trabajo que anuló derechos y conquistas históricas de los trabajadores.
Las maniobras de un líder charro

Esta versión fue difundida ampliamente por las corrientes opositoras del sindicato, sobre todo la Unión Nacional de Técnicos y Profesionistas Petroleros y el Movimiento Nacional de Transformación Petrolera.
Lo más notable de esas primeras elecciones es la pobre participación de la generalidad de los trabajadores petroleros, más allá de depositar su voto. Se puede decir, la inmensa mayoría de agremiados al STPRM no movió un dedo para alcanzar la deseada transformación de su gremio, ni mostró expresiones sinceras para cambiar la dirigencia nacional.
Con la conciencia de manejar un sindicato de la máxima industria estratégica del país, recién expropiada a los mexicanos por la intervención de los inversionistas trasnacionales, su dirigente inyectó grandes recursos económicos desde hace meses para controlar todas las secciones sindicales de los trabajadores petroleros. Habría que recordar que Carlos Romero Deschamps, además de representar el prototipo del líder charro corrupto, es señalado como el ancla más representativa con que las fuerzas de la derecha política pretenden impedir cambios importantes en el país.
En su trayectoria como dirigente ha sabido asimilar una buena cantidad de conocimientos y experiencia. Mantener el sindicato petrolero por más de veinticinco años no es asunto que se logra sólo por el control férreo o la violencia; ahí también participa la mano de una dirección nacional que es pródiga a la hora de las concesiones materiales.
Después de analizar la puerta abierta que dejó la derrota electoral de los grupos opositores en el pasado mes de julio, comenzaron a vislumbrar un plan general para mantener controladas, a toda costa, a la totalidad de las secciones sindicales.

Romero Deschamps y sus compinches más leales de la dirección nacional decidieron enfrentar el nuevo periodo con un proyecto que alterna las concesiones políticas y las maniobras legales con la técnica de los fraudes electorales.
Este líder recién concluyó su gestión como senador, pero no abandona su deseo de continuar a la cabeza del STPRM. Quienes creen que el viejo lobo se retira sin ofrecer resistencia, están equivocados. Él necesita mantenerse en el puesto para evitar la cárcel y para usurpar la gran cantidad de recursos públicos que pasan por el sindicato y que caen a montones en sus bolsillos.
En ese sentido, los integrantes de la dirección nacional consideran imprescindible ganar en las 36 secciones del sindicato, porque los dirigentes locales electos son los que habrán de proclamar el nombre del dirigente nacional. Evidentemente, votarán por Romero Deschamps. Todo, con algunos ajustes, seguiría igual.
Un caballo de Troya que exige ser considerado con seriedad
La base de sindicalistas no demuestra, en su generalidad, posturas radicales contra el liderazgo de Romero Deschamps. Nunca se pronunciaron contra la Reforma Energética. No protestan por el capital extranjero en la explotación petrolera. Consideran satisfactorio su salario. No objetan el contratismo del personal eventual. Siguen felices con sus bonos de consumo y con muchos de los bienes heredados de “La Quina”. ¿Por dónde podrá penetrar la voluntad transformadora de Andrés López Obrador?
Si consideramos la apatía de los trabajadores petroleros, y su situación salarial cómoda y estable que los define como “aristocracia obrera”, se puede sacar una conclusión nada optimista: el próximo presidente de la República podría encontrar en el STPRM un núcleo opositor muy sólido y decidido, cuya resistencia dañaría el equilibrio político del sector petrolero y del país.
El sindicato de los trabajadores petroleros es de una importancia estructural muy superior al de otros agrupamientos que han entrado en contradicciones con el presidente electo. Un conflicto nacional de los petroleros paralizaría al país. Pararía la economía. Andrés Manuel tendrá que acostumbrarse a lidiar contra un enemigo de verdad, fuerte y con recursos. ■

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